ENTREVISTA

ENTREVISTA Conversación con Iván Cruz Osorio, a propósito del Archivo Negro de la Poesía Mexicana | Ignacio Ballester Pardo

POESÍA

El cadaver exquisito de un pez (Fragmento) | Raúl Renán

CUENTO

La estatua viviente | Bernabé Alatorre Ríos (Sección Sutilezas)

POESÍA

Donde bailan las vírgenes infinitas | Ignacio Tellez

POESÍA

Pájaro de bruma | Juan Carlos Morales (Sección Sutilezas)

RESEÑA Javier Cercas y El monarca de las sombras | Ramón Ventura Esqueda


Me enteré de la existencia del escritor Javier Cercas por Soldados de Salamina, allá por el 2006. Curiosamente no fue por el libro Editado por Tusquest en  2001 que me enteré; sino por la película de David Trueba del 2003 que lleva ese nombre. En ese entonces vivía solo, regularmente utilizaba los fines de semanas para realizar mis compras de casa y siempre regresaba con un DVD para el fin de semana. Uno de esos sábados descubrí un carrito del supermercado atarrajado de DVDs, con un letrero que decía “botadero”. Comencé a hurgar entre el montón de películas que ahí se encontraban y me saltó a la vista Soldados de Salamina. Tuve la corazonada de que era buena, pues por el título y la portada supuse que podía ser cine de arte. Además, descubrí dos cosas más cuando la leí al detalle: decía “selección Española para el Oscar” y había dos nombres de actores conocidos para mí: Ariadna Gil y Diego Luna, sin dudarlo ya, me llevé la el DVD por módicos veinte pesos. Un año o dos después, no lo recuerdo, encontré el libro. 
        Esos fueron mis primeros encuentros con Javier Cercas. La película me dejó muy buena impresión, pero nunca imaginé que el personaje de la escritora en la película, era escritor en la vida real y se llamaba Javier Cercas. Eso lo descubrí en la lectura del libro. Una de las cosas fascinantes es que el escritor era el personaje central de la novela y no el personaje del cual indagaba su aventura en un fusilamiento. Y sobre todo porque el autor había decidido no escribir más y al final lo estaba haciendo. No volví a tocar el tema hasta 2010 en que viajaba de Atlanta a Roma y vi a una señora de cierta edad que durante el vuelo de 10 horas, leía Soldados de Salamina; me volví a acordar de Javier Cercas como un escritor interesante y distante que había escrito un libro extraño fascinante y de lectura muy rápida; confieso que lo leí dos veces.
        Hace unos tres meses fui a Toluca a visitar a mis hijas y me di tiempo de deambular por el centro y ver museos y librerías, mi vicio congénito desde adolescente. Caminando por los portales, entre a una de las librerías que por ahí se ubican, la cual se encontraba como siempre, sin un alma salvo la cajera y su ayudante. Di un recorrido rápido y para salir sin nada en las manos tomé un libro: El monarca de las sombras (2017) editado por Literatura Random House. 
        De manera automática lo  tome y leí la sinopsis de la contraportada y lo compré; seguro que si este libro estaba escrito como Soldados de Salamina sería muy bueno. Mi sorpresa fue que este estaba mucho mejor y lo devoré pero sin llegar a la parte final que prometía mucho. La leería después de mi cirugía de hernía hiatal; visualicé una recuperación más optimista si lo terminaba entonces. No me equivoque, resulto que Cercas es un escritor de libros "vampiro", libros que lo devoran a uno, como el bien dice.
        El narrador-autor, da salto mortal al final de la novela en la que trata de encontrar la manera en que murió un pariente lejano; pariente por parte de la madre. Él se descubre rescatando su individualidad como escritor:  “asumir la historia de Manuel Mena” (personaje central de su novela), era contar y asumir la historia de todos sus antepasados. De esta manera “desvela el secreto que acababa de descubrir en el reino de las sombras…” en el que “…aunque sea verdad que la historia la escriben los vencedores y la gente cuenta leyenda y los literatos fantasean, ni siquiera la muerte es segura". 
        Sin duda Javier Cercas me ha ganado con estos dos libros, habrá que ver qué nuevos asombros guardan sus libros: El punto ciego, El vientre de la Ballena, El impostor, La velocidad de la luz  y Las leyes de la frontera; habrá que leerlos sin duda.


RAMÓN VENTURA ESQUEDA (Colima 1955). Arquitecto de formación por la Universidad Autónoma del Estado de México. Miembro de los talleres literarios de la Casa de la Cultura coordinados por Víctor Manuel Cárdenas 1981/82. Museógrafo diplomado en Arte Mexicano, con un master en Diseño Bioclimático. Ha publicado en los periódicos colimenses Diario de Colima, Ecos de la Costa, El Comentario y la revista Palapa en su primera época. Coautor en el libro Carlos Mijares Bracho Maestro Universitario distinguido, en los volúmenes I, II, III y IV de la colección Puntal. Ha participado con crónica en los volúmenes II, III, IV y VI de los coloquios regionales de Crónica, historia y narrativa. Actualmente publica en el suplemento “El Comentario Semanal” del periódico el Comentario de la Universidad de Colima, la columna “De ocio y arquitectura”.

Imagen | Todoliteratura 

CUENTO El doctor | Servando Clemens


El señor Jiménez era un doctor jubilado que muy temprano tomaba café parado en la ventana de su cocina. Una mañana llegó hasta su puerta un joven vestido de traje a pesar del calor. Tocó el timbre y el señor Jiménez inmediatamente abrió la puerta.
        —Bueno días —dijo el muchacho.
        —¿Qué se le ofrece?
        —Vengo a platicarle sobre la palabra del Señor y acerca de la importancia del perdón, si usted lo desea.
        «Deberías arder en el infierno, cabrón», pensó el anciano.
        — Antes que nada jovencito… dime de qué religión eres.
        —Soy de la iglesia de los últimos días.
        El viejo carraspeó y se acomodó el cuello de la camisa.
        —Sólo vengo a hablar de Dios, pero si lo desea me retiro.
        —Sabias que Jesús nuestro único Dios fue traicionado por los judíos.
        —Señor, no soy judío y pienso que Dios es amor y es el mismo para todos.
        —Te han lavado el cerebro, muchachito.
        El joven retrocedió unos pasos.
        —Espera —dijo el viejo.
        —Será mejor que me vaya.
        —Disculpa mi intolerancia, el mundo es tan diferente hoy en día.
        —No se preocupe.
        —Pasa, hablemos un rato, quizás me sirva platicar.
        Hizo pasar al joven a la cocina y le arrimó una silla.
        —Hermosa casa, señor.
        —Mi esposa que en paz descanse la decoró a su gusto.
        —Lo siento
        —No hay nada que sentir, además ella está con Dios.
        —Cierto.
        El señor Jiménez calentó agua y sirvió en una taza.
        —¿Cuántas de azúcar? —preguntó el anciano.
        —No se hubiera molestado, además no tomo café.
        —Vamos, es una ocasión especial.
        —Bueno, gracias.
        —¿Cuántas?
        —Una por favor.
        El anciano le acercó la taza y se colocó unas gafas para leer.
        —¿Sobre qué vamos a debatir? —preguntó el viejo.
        —En realidad no es un debate, únicamente vengo a leerle unos fragmentos de la Biblia para reflexionar.
        —Yo uso la Biblia católica, ¿algún problema?
        —Ninguno.
        El señor Jiménez sacó una Biblia del cajón de la alacena y la abrió.
        —Hermosa Biblia.
        —Esta es la buena, jovencito. En la católica encontrarás la verdad.
        El muchacho sorbió café mostrando incomodidad por las palabras de su interlocutor.
        —¿Sabes qué pienso? —preguntó el anciano.
        —Dígame
        —El mundo está jodido… se pudre por el Internet, la sobrepoblación, las drogas, la pornografía, la televisión y las sectas religiosas que nos están llevando a la mierda.
        El muchacho empezó a sudar.
        —Señor, ¿podría darme agua?
        —Personas como tú son las culpables… traen sus ideas estúpidas…
        El joven tembló sin control y cayó al piso.
        — ¿Te sientes bien? —preguntó el anciano.
        —Me siento muy mal —masculló el muchacho mientras se quitaba el saco—, por favor llame a un médico.
        —Estarás bien, soy doctor.
        Una hora más tarde el joven despertó amarrado de pies y manos en una camilla metálica.
        —¿Dónde estoy?
        —Este cuarto era de mi hijo.
        —¿Qué ocurre, señor?, ¿Por qué estoy atado?
        —No te preocupes, hijo.
        —¡Suélteme!
        —Te voy a exonerar de tus pecados, es por tu bien.
        Desabotonó la camisa del muchacho y le mostró un bisturí.
        —¡No! —gritó el joven.
        El señor Jiménez cortó a su victima desde el pecho hasta el ombligo.
        —Que Dios te perdone —dijo el anciano y se santiguó.
        El señor Jiménez se retiró de la habitación y dejó al religioso desangrándose. Minutos después el anciano estaba parado mirando por su ventana.
        —Buenos días, doctor —saludó una vecina que pasaba.
        —Buenos días, Lupita… nos vemos en misa.
        —Dios lo bendiga.
        El señor Jiménez siguió observando por su ventana mientras sorbía de su taza.


SERVANDO CLEMENS (México, 9 de febrero de 1981). Estudió la cerrera de administración de empresas. En sus ratos libres lee cuentos y novelas. Sus géneros favoritos son: el fantástico y policíaco. Ha escrito varios cuentos breves.

RESEÑA Muerte súbita de Álvaro Enrigue: tenis, semen y sangre disueltos en la Historia | Mauro Barea


Antes de pasar a la reseña, quiero contar una pequeña anécdota que tuve con el señor Enrigue al respecto. Cuando la escribí, tuve la idea (ingenua) de localizar al ganador del Herralde en Twitter, seguirlo y mostrarle mi opinión, ya que su novela me había gustado. Así lo hice, y para mi asombro, también empezó a seguirme y además prometió leerla. Aluciné. Donde la publicaron primero (Revista Buriñón de Uruguay) había una semblanza mía de la que ni me acordaba y que acompañaba al texto. La semblanza iba, más o menos, de que mi primer trabajo literario fue publicado en la sección infantil del periódico local de Cancún. ¿En qué momento se me ocurrió poner tal cosa? Me lo sigo preguntando. 
          Aquí viene lo bueno: resultó que Enrigue no solo leyó la reseña, le hizo la mar de gracia mi semblanza y se la tomó a cachondeo: me tuiteó que hasta había derramado el café de la risa. Al principio me apené de verdad, entre enfadado y avergonzado conmigo mismo, y solicité con buen modo a la revista que se retirara esa semblanza, pero conforme pasaron los días, no tuve más que reírme y agradecer a Álvaro Enrigue el puntazo. Por cierto, si le gustó o no la semblanza, ya no supe (ni quise preguntar); aunque siempre fue muy amable, y dejamos pendiente un desayuno para reparar ese café derramado. Hasta ahora que escribo esta entrada, sigue pendiente el desayuno, y me sigo riendo de todo esto.

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Premiada con el Herralde 2013, Muerte súbita nos narra de una forma rica  y  diversa las situaciones que llevaron a conformar lo que sería la Nueva España contra una Europa que no podía encontrarse a sí misma; también nos mete en un partido de tenis imposible donde se juegan dos visiones de un mundo que empezaba a reconstruirse a trompicones. Estamos en 1599.
         Álvaro nos habla directamente y refleja su sentir en momentos álgidos de la narración mezclada inteligentemente con los datos históricos crudos y nos sacude un poco la lectura con sus pensamientos, analogías y metáforas que dan siempre en el clavo; y es que el escritor nunca nos deja en la travesía: su narración siempre está ahí mientras avanzamos en el partido, y su magia radica en podernos transportar. Cada párrafo une los hechos y muestra a las personas desnudas, sin victorias, sin derrotas, nos define como seres humanos: entes de fluidos, de hedores y errores que pintan obras maestras o escriben palabras que les dicta Dios, no somos idealizaciones ni auras en un fresco, somos de cabellos, sudores y sangre, y podemos coger y xingar; nos emborrachamos hasta perder la razón y dejamos de ser lo que comúnmente somos y permitimos con toda parsimonia que nuestros múltiples demonios tomen el control.
         Leyendas como Caravaggio, Quevedo y Cortés tienen la calidad de  hombres y en Muerte súbita nos  encontramos con los choques constantes de visiones decadentes y   utópicas, de hombres —no personajes— escupidos del mundo y descalificados de permanecer en el futuro.
         Esta novela se convierte en tratados, en ensayo y manual, en historias que conviven y jadean acercándose hasta abrazarse en el acto final que las confluye a todas, una novela redonda que se define en una partida, y que corre paralela a las culturas que participan, sin saberlo, en el juego. Sin diálogos, nos dejamos envolver y llegar al final, hasta el último golpe de raqueta, con una grandiosa culminación de una novela con una base investigativa de excelencia. Muchos, sin saberlo, nos  jugamos una  muerte súbita en un  presente constante.


MAURO BAREA (Cancún, 1981). Estudió la Maestría en Creación y Apreciación Literaria en el IEU Puebla. Finalista en el I Premio Hispania de Novela Histórica de Madrid y consultor del documental sobre Gonzalo Guerrero Entre dos mundos; publicado en la antología infantil Mi mejor amigo (Editorial Verbum, Madrid, 2015). Fue articulista para la Revista Pioneros, publicación historiográfica de Quintana Roo (2011-2015). Estuvo a cargo de la columna Desde Ninguna Parte para el periódico Quintana Roo Hoy, con temas culturales y sociopolíticos (2015-2016). Finalista y antologado en el Certamen Relats d' amor del Adjuntament de Constantí (Tarragona, 2017) y finalista del V Concurso de Microrrelatos del Ateneo de Mairena (Sevilla, 2017).

CRÓNICA El incendio de la memoria | Marco Antonio Cervantes González


Como las cosas que merecen la pena, para mí el descubrimiento del futbol fue algo místico, y –por su puesto– accidental: vi en televisión, un domingo cualquiera, un partido (que me enteraría mucho después), no fue cualquier juego. Era el 22 de mayo de 1983 y los equipos que se enfrentaban eran América contra Guadalajara. Para un niño la didáctica de dividir entre buenos y malos es la manera más  razonable de ordenar su mundo; la  jugada que me convertiría en aficionado tuvo la cualidad de resolver ese dilema a patadas.
         Aún recuerdo la escena: dos jugadores corrían en el extremo izquierdo de la cancha. Uno de ellos, con ventaja y velocidad, entraría al área final. El contrario, rojiblanco, al verse rebasado, alzó alevosamente la pierna derecha para cruzarla por debajo y zancadillear de manera infame. Él que llevaba el balón fue derribado.
         Para mí todo fue claro, en ese instante aprendí que en el futbol había tramposos que metían el pie por detrás. Por televisión me quedaba clara la diferencia entre buenos y malos. El final del partido de aquel mayo de 1983 es apoteósico: después de la falta de Eduardo Cisneros a Norberto Outes el Estadio Azteca se convirtió en el escenario de una de las broncas más largas transmitidas por la televisión: veinte minutos ininterrumpidos de patadas, balonazos y empujones. Tal vez para mí eso fue lo menos importante. Esa tarde adquirí una mirada ética propia, y lo mejor de todo, sabría de por vida, quién sería mi equipo. Suscribo la idea que leía en algún momento: endosarse los colores de un equipo es adquirir una mirada definitiva ante la vida.
         Quiero señalar en este momento del texto que me aburre catequizar. No quiero demostrar quién es el mejor equipo de futbol del mundo. Las pasiones, se comprueba a diario, son susceptibles de contagio. Pero en estos tiempos, hablar de Dios y del Club América pueden provocar reacciones insólitas. Así que me conformo con compartir algunas escenas que me han marcado como aficionado:

Primera escena: Para la mayoría el recuerdo más importante de la vida se encuentra en la infancia. Las novelas de García Márquez y Proust comprueban tal hipótesis. Para mí hay una noche importante: subimos tres –dos niños y un adulto– por infinitas rampas de un enorme escarabajo de cemento. Es de noche, ¡el partido ya comenzó! Todos corremos. Entramos a un túnel y después… un espacio inabarcable, recortado por una luminiscencia nunca antes vista. Un eco portentoso; un alarido hueco. Y abajo, muy abajo, el verde del pasto es perfecto; un rectángulo estupendo: una cancha real ¡El futbol a colores es algo que existe!
         En esos años dentro de los estadios era común un “juego” extremo: las banderas de los aficionados contrincantes se arrebatan para luego quemarse. Así, el Estadio Azteca era un mechero gigantesco. Un espectáculo, pues. ¿Cómo medir la emoción o la trascendencia de un recuerdo? Esas fogatas, el gol de Carlos Hermosillo, y las luces de ese estadio, aún iluminan algún rincón de mi memoria.

Segunda escena: En junio de 1986 la gente de esta ciudad fue feliz por un ratito. Para mi familia y yo asistir a los partidos del Mundial de 1986 era como viajar a la Luna. Pero no fue tan difícil salir a la calle, al igual que miles de personas que vivieron la alegría genuina de simplemente “saludar” a los aficionados que regresaban del Azteca después de ver los partidos de El Tri. No nos importaba haber visto en televisión los partidos; no nos interesaba la mercadotecnia impuesta: nos sentíamos parte del triunfo de la selección nacional. Tlalpan, División del Norte, Universidad, Insurgentes, Periférico eran una fiesta de banderas, porras y brincos.
         Ese domingo de junio el futbol sirvió para sentirnos parte de algo que aún me parece indefinible determinar. No comparto ningún tipo nacionalismo ramplón, ni quiero abordar sociológicamente nada. Pero pocas veces he visto tanto entusiasmo reunido en tantas esquinas. Aún estaba presente en la memoria el terremoto de un año antes; la ciudad seguía cercenada por muchas heridas todavía visibles. Después de una tragedia de tal magnitud bien valía la pena –sobre el cascajo– ganarle a la vida, aunque fuera un poquito, aunque fuera nada. No olvido un grito de ese domingo de junio que escuché con mi hermano sobre Miguel Ángel de Quevedo: “¡El día del padre, les dimos en la madre!”.

Tercera escena: Mi texto predilecto sobre futbol se llama “El gran toque”. El texto no pertenece a la moda de intelectualizar argumentativamente sobre “la trascendencia” del juego. Un crítico escribía acerca del cuento: “toca todos los enigmas de la vida”. Alguna de las virtudes del relato de Luis Miguel Aguilar es mostrar al otro como cómplice necesario del juego: lo que vale la pena de jugar es estar al lado de la gente que uno aprecia. El juego siempre necesita a los demás. Cito a Luis Miguel Aguilar: “La memoria es nuestra única escuela, ¿qué aprendemos en ella? Que el tiempo es el fuego en el que ardemos”. 
El futbol, como la vida, arden en esa hoguera: combustionan lo mejor de nuestra memoria. 

MARCO ANTONIO CERVANTES GONZÁLEZ. A veces escribe y a veces da clases. También, en muchas ocasiones, lee a Juan Luis Guerra y escucha a Julio Ramón Ribeyro. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM; le va al América, por cierto.

RESEÑA Luz y Saber en Éxodo a las siete estaciones, de Bethoven Medina Sánchez | Ana Delia Álvarez

Bethoven Medina nos lleva al origen mismo del Cosmos y nos trae por universos paralelos a esta otra realidad que aparentemente, solo es un sueño.
Ya mucho se ha dicho sobre la estructura magistral de este libro Éxodo a las siete estaciones. Ser detallistas o descriptivos sería caer en lo rutinario del análisis que otros colegas han realizado de manera justa y con merecedora pluma. A modo de síntesis revelaré que el poemario está construido por siete partes o capítulos, los cuales se titulan: Siete días de la creación del universo, Siete notas musicales, Siete días de la semana, Siete cuerpos del hombre, Siete palabras de Jesucristo, Siete colores del arco iris y Siete ensayos de la realidad; y cada una de esas partes, a su vez contiene siete poemas.
Hasta aquí, la estructura mágica lograda por el poeta Bethoven Medina Sánchez en su Éxodo a las siete estaciones, pero si vamos un poco más allá, correremos el velo del deslumbramiento y nos encontraremos con la esencia misma del Creador, ese que con sus pensamientos profundos y su constante búsqueda del perfeccionamiento intelectual y espiritual, continua eternamente el magno arte de la creación. Es necesario abrir un paréntesis y hablar del rol del número “siete” en nuestro bendito Universo, ya que es una manera sutil identificarnos con lo que en el Tarot llamamos “El Carro de la vida”, arcano que representa el umbral iniciático que permite el acceso a una realidad superior, realidad que Medina logra traspasar, quizá en la búsqueda de sí mismo, o en la capacidad inminente de avanzar por los siete cielos de la evolución espiritual[1].
En esta búsqueda el poeta nos habla de la capacidad de conectarnos con nuestro yo superior, de vivir en la reflexión interior y en la toma de conciencia constante. Bethoven Medina nos lleva al origen mismo del Cosmos y nos trae por universos paralelos a esta otra realidad que aparentemente, solo es un sueño[2]. Hablar de Éxodo a las siete estaciones, es hacer Luz en la frecuencia de la palabra[3].
Es insinuarnos en lo oculto, sabiendo que cada poema nos lleva a ese sitio único, a esa unión entre lo sagrado y lo divino, que a su vez es la copula entre el cielo y la tierra, donde todo, absolutamente todo es atravesado por la esencia misma de la creación.
El poeta, investigador, filósofo, sociólogo y hacedor, Bethoven Medina, ha logrado por medio de sus hebras sagradas, bordar espejos de luz hasta hacerlos destellar en los filamentos del alma:

Ha poblado los silencios, los días, los cuerpos y la realidad.
Ha fertilizado la tierra y la ha hecho brotar.
Se ha desdoblado en la sucesión de tiempos y se ha vuelto cuántico.

Y de pronto, como el mismo escribió, “superó la geografía de la Luz…”[4], y la hizo palpable. Entonces descubrió, que todo es creación de su palabra, qué es él el Dios primero, el gran hacedor[5].
Por todo lo mencionado, es un libro insular con la originalidad de los libros que transmiten grandes mensajes. Sin duda, esta obra irá despertando mayor interés por su contenido y los aciertos poéticos que se ha reconocido en otros países por colegas escritores.
Estamos ante un libro que significa cambio en la poética de nuestra América del Sur, y que a su vez es un espejo del nuevo mensaje a la humanidad, mensaje del Saber y de la Luz[6], que indica el camino correcto del arte en la Nueva Era.



[1] Siete colores del arco iris. Naranja “La piedra se torne suave masa, para construir hombres con servicio devocional”, pág. 90
[2] “Éxodo a las siete estaciones”, Siete cuerpos del hombre. Cuerpo del íntimo. “Estoy de acuerdo profetas: la muerte no existe, es viejo puente que espera nuestros pasos cada amanecer; el corazón como niño corriendo”, pág 67
[3] “Éxodo a las siete estaciones”, “Do quiera la Vida se instala vibrando tambores, pág. 33
[4] “Éxodo a las siete estaciones”, Siete días de la Creación del Universo. Sea hecha la luz y hubo luz. Día primero, pág. 19
[5] “Pienso, hasta que el alma alumbra un árbol, 13 y me ilumino ante la Buena Nueva. ¡Vuelve, aún falta crear, vuelve con tus 7 espíritus de Dios! ahora mismo voy a pensarme centímetro a centímetro”, pág. 25
[6] Siete cuerpos del Hombre. Cuerpo menta. “Abraham, nuestra evolución de luminoso rayo sorprende al véspero, a los árboles y a la masa gris. La felicidad consiste en abandonar egoísmos, e impulsar veleros bajo tempestad; con seguridad mental, asir el alma entre aguas, al entonar salmos e himnos, celebrando el gozo de vivir a plenitud", pág. 64
Siete colores del arco iris. Naranja “La piedra se torne suave masa, para construir hombres con servicio devocional”, pág. 90

RESEÑA La gracia del verano en la poesía de Jonatán Reyes | Pedro Arturo Estrada


Quizá sólo desde un conocimiento fervoroso de la lengua y, por ende, de la poesía de su propio país, de su tierra de origen, puede un poeta construir luego una palabra auténtica y libre.
Jonatán Reyes vive hace varios años en Nueva York, pero nunca ha dejado de leer y escribir como puertorriqueño, pese a que la pluralidad expresiva de la Gran Manzana ejerce sobre él una poderosa influencia. A la fecha, con cuatro libros publicados, Jonatán Reyes es una figura reconocida en el ámbito de la poesía hispana en los Estados Unidos, sobre todo en la vertiginosa Nueva York de estos tiempos. En Reyes, la poesía es y ha sido desde hace varios años, la mejor manera de estar presente en el mundo y de afrontarlo, asumiendo incluso el exilio como una forma de ver con mayor objetividad la realidad de su país y de verse a sí mismo adentro y fuera de esa realidad.
Sus primeros dos libros, Hologramas Exiliados (2012), y Actias Luna (2013), mostraron ya desde el comienzo una palabra arriesgada, juguetona, abierta a la experimentación, a la libre asociación, recursos que más adelante, en Aduana (2014) y sobre todo en Filmina (2016), fue haciendo todavía más propios y eficaces. En ellos se afianzó una voz que finalmente ha sido reconocida como una de las más innovadoras de su generación.
En el libro, motivo de esta reseña, Perdíamos la gracia y el verano, esa voz, esos rasgos, no sólo se mantienen, sino que incluso, se adensan, y por momentos se hacen más precisos y trascendentes, sin perder la frescura, la libertad expresiva original.
En la primera parte: “Signos nada más”, en efecto, nos encontramos con poemas muy bien logrados, plenos de imágenes que, al mismo tiempo, encierran y sugieren estados de conciencia al límite, propios de una madurez evidente, tanto vital como filosófica en el poeta. Ese viraje progresivo, indetenible de la primera luz hacia un ámbito de melancolía adulta que se extiende a lo largo de todo el libro, ese descaecimiento irremediable de la gracia, la expulsión inexorable del paraíso original que todos experimentamos a medida que pasa el tiempo, van “signando” sutilmente el ánimo:
Perdíamos la gracia y el verano / con la casa tibia de espantos / manchada de polen

La casa de la vida vista a contraluz, albergando sombras, “espantos” como las llama el poeta, pese a la presencia aún tibia del polen vital, es decir, la posibilidad del amor, la luz que se resiste a morir, a abandonarnos.
Conciencia de lo efímero, de la fugacidad de la vida, de lo transitorio de la belleza y el propio ser es, en el fondo, el trasunto de una poética hoy por hoy inobjetable, característica de una época donde sólo el instante vital, la asunción del presente como absoluto, parece salvar y englobarlo todo, donde el arte como experiencia de lo inmediato, la literatura como correlato de lo “real” tangible, pareciera importar. En Jonatán Reyes, sin embargo, también cuenta, y mucho, la sustancia de las cosas que se nombran, porque se están yendo, la visión neta de aquello que los sentidos alcanzan a percibir aunada a esa conciencia de fugacidad:
Así de violento se va el sol y no somos nada (…) El bochorno, grasiento y agridulce, se filtra en las frutas y se adhiere a las especias, altera el sabor del cilantro cuando roza el paladar, aviva el jengibre cuando toca el alma. (…) Así de rudo cae el sol (…) cuando quieren chupar de nosotros lo poco que queda del verano

El verano constituye aquí un símbolo áureo, una imagen recurrente que evoca no sólo la visión del paraíso mítico perdido, la juventud, el goce, la perfección y la belleza huidiza del cuerpo sino también, la gracia, la armonía del ser mismo antes que la muerte nos pudra, ya no en el final, sino en el día a día inexorable. Pero es igualmente el trópico, su aliento marino natal donde la fuerza de los elementos, las albas lechosas que se derraman sobre la piel, el calor y el color de la tierra asimismo nos abrazan, nos abaten:
el alba nos humedece / con su leche casi ceniza / y nos sacude / con ese glamour que tienen / las cosas que se pudren

“Leche negra del alba” (según decía Celan) otra vez, con la que nos “signa” de nuevo la estación primordial aquí nombrada, “esperma del alba (que) mancha / las paredes con su fulgor veraniego” mientras “cruje un sosiego enmohecido y astral / que nos esculpe.”
La segunda parte, “Ficción otra vida, traslada a un ámbito autorreferencial las imágenes primordiales de la primera parte, en un tono de intimidad que el lector puede o no reconocer, pero donde el famoso “Yo lírico” se disuelve también en gracia de la sola intención poética, la misma “ficción” que trasciende el dato biográfico y entonces:
Queda la levedad de la memoria // para hacer de ella ese racimo / que siempre florece desquiciado / como un animal devorado por la luz

En las dos últimas partes del poemario, “El último día en la tierra” y “En ese lugar fértil” encontramos de nuevo un viraje, esta vez de vuelta a las nociones esenciales que el origen, la tierra misma, el paisaje natal, así como la visión del final, la incertidumbre de estos tiempos, pero también, la evocación de raíces hondas como asidero último, se suscitan, en poemas como el siguiente, de profunda y conmovida belleza:

BAJO RAÍZ

Hay una escalera en la cocina que da al sótano
allí es donde enterramos a nuestros muertos
para que siempre eclosionen en el verano
el calor los revive de una oleada
los adultera, edita sus cenizas y sus dolores
allí, en el sigilo del bajo mundo entre la polvareda
como halos encendidos danzan a hueso roto
olfateando la cena y la tiniebla
falsifican la especia intrínseca de la noche
chupan y desgarran el esmalte del seno
por si nuestra dimensión lo permite, veamos
el grosor de su estirpe, la huella en el tiempo
parpadeando

allí, se revuelven, beben del licor del moho
mastican al insecto como al pan una vez
reverdecen en el sosiego estival
se intercambian los cuerpos
alteran su linaje de manera momentánea
como ritual reviven el vigor pasado
se meten unos a los otros en una misma figura
pierden el pudor que trae lo mortecino
tienen ese sexo parecido al de las flores
se polinizan en cada ráfaga de viento
de la migaja hacen esa ceremonia de vida
donde sólo el valiente se atrevió a sangrarlo todo

ellos, nuestros muertos saludables
han hecho un desorden con el alba
trafican la nada para calmar el bullicio
de la amargura añeja
como matorrales trepan por las paredes
con sutileza y precisión de ultratumba
palpan la superficie con lo etéreo de sus manos
se hacen mantillo espontáneo sobre la memoria
de una fiesta de estío y hace espanto

Texto que por sí mismo justificaría el libro entero por el poder de evocación, la magia conjetural que contiene. La multiplicidad de interpretaciones, de lecturas, quedan por fortuna siempre abiertas, son inagotables, además, como pasa en toda buena poesía, y sobrepasan por ahora los límites de una simple semblanza como la presente.

Junio, 2017

ENTREVISTA Conversación con Iván Cruz Osorio, a propósito del "Archivo Negro de la Poesía Mexicana" | Ignacio Ballester Pardo


Iván Cruz Osorio (1980) es un poeta y editor mexicano. Acaba de reeditar su poemario Tiempo de Guernica, considerado por muchos un parteaguas en cuanto a la poesía social se refiere. Forma parte de MalpaísEdiciones, junto a Gabriela Astorga, Benjamín Morales, Santiago Solís y Santiago Robles. La semana pasada recibieron el primer premio Caballo Verde a la Edición de Poesía 2017. A continuación recogemos una entrevista que amablemente nos facilitó Iván Cruz, a propósito sobre todo del Archivo Negro de la Poesía Mexicana, que ya prepara su segunda serie.

IGNACIO BALLESTER PARDO (IBP): ¿Cómo surge la idea del Archivo Negro de la Poesía Mexicana?

IVÁN CRUZ OSORIO (ICO): Fue un largo proceso, el cual inició en 2005, cuando era estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Los autores que leía en antologías como Poesía en movimiento, desde mi punto de vista, eran una parte de la historia, pero no la historia completa de nuestra poesía. De tal forma, fui ubicando, en bibliotecas y librerías de segunda mano, a autores como Aurora Reyes, Miguel Guardia, Ramón Martínez Ocaranza, Carlos Isla, Jaime Reyes, Carlos Gutiérrez Cruz. Descubrí en ellos voces poderosísimas, que de manera arbitraría se suprimían de antologías, y no entendía por qué no se reeditaban sus libros. Ante esto, en la revista Viento en vela, que entre 2005 y 2010 elaborábamos casi el mismo equipo que ahora hace posible Malpaís ediciones, publique poemas de estos autores. Desde luego, sentía que no era suficiente, los años pasaban y nadie retomaba estas voces. En 2011, ya con la fundación de Malpaís ediciones, pensé en realizar un volumen que se titulara: El libro negro de la poesía mexicana, una antología de poemas de estos poetas poco conocidos u olvidados. Peloteando ideas sobre este plan junto al resto de los editores de Malpaís: Gabriela Astorga, Benjamín Morales, Santiago Solís y Santiago Robles, resolvimos no publicar una antología, sino un libro de cada uno de estos poetas. De tal forma, concluimos en bautizar este proyecto como la colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana. Para este proyecto era imprescindible contar con la ayuda del Doctor Israel Ramírez Cruz y el recién formado Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea. En diversas reuniones con Israel pudimos conformar una lista de más de cuarenta nombres de poetas que tenían al menos un libro relevante, notable por su tono, experimentación o rigor estético. De estas reuniones se desprendió la cooperativa de trabajo que realizaríamos, el seminario, por su parte, escribiría los prólogos de cada uno de estos libros.
         Con el proyecto definido, el siguiente paso era conseguir el permiso de los herederos o autores de la obra para publicarlos, así como los fondos para concretarlo. Los permisos tras largas semanas de investigación, a la manera de cierto Sherlock Holmes, los pudimos conseguir. Entonces aplicamos a la convocatoria del Programa de Fomento y Coinversiones Culturales 2013, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, apoyo que nos fue otorgado para publicar diez títulos. El arduo trabajo inició desde la captura de los textos originales y se extendió durante un año, hasta que a principios de 2015 salieron a la luz.

-IBP: ¿Qué problemas se han encontrado a la hora de editar obras marginales, desubicadas o de difícil distribución en su día?

-ICO: Las dificultades se pueden resumir en dos. La primera consiste en que basamos la reedición de estas obras en su primera (y, casi en todos los casos, única) edición, pero desconocemos si existen erratas u omisiones en ésta, dado que es la única edición existente y no hay forma de cotejar. La segunda involucra a la crítica “especializada”, hablo de ciertos académicos de edad avanzada y aquellos que desde la palestra de publicaciones periódicas de prestigio, creen cerrado el canon poético mexicano y lo piensan como un castillo de naipes que a toda costa hay que defender con el mutismo y el ninguneo. Afortunadamente existe una crítica joven desde la academia, y desde autores y estudiantes emergentes, quienes al menos dudan que exista el canon como ese ente cerrado y exclusivo.

-IBP: No le voy a preguntar por el canon o por qué las obras que conforman el ANPM fueron precisamente eso, negras, por su peculiaridad, complejidad y malas prácticas críticas y editoriales (malas prácticas, por cierto, muy bien resueltas ahora), sino qué independencia existe en lo que se edita y cómo se publica. ¿Cuáles son las ventajas de trabajar el margen o al margen?

-IOC: La ventaja consiste en que es un terreno inexplorado tanto para la crítica como para la nueva forma de editar, en este caso la forma de Malpaís ediciones que se ocupa en igual medida del aspecto visual como del cuidado de los textos. Tomamos a este grupo de autores que admiramos y respetamos, hicimos ediciones con ilustradores que ciñéndose a la intención del texto elaboraron un eje visual atractivo al lector contemporáneo. Cada obra tiene un eje visual propio y por ende una personalidad propia. Asimismo la perspectiva crítica del Seminario, que sirve de prólogo a los libros, dio a cada volumen luz sobre el contexto en que los autores concibieron su escritura, así como el ambiente social y artístico.
         Y, en efecto, no creemos que Malpaís trabaje “al margen”, concebimos nuestra labor como una labor independiente de líneas editoriales ajenas o líneas de política cultural o de mafias literarias que buscan un beneficio al publicar a tal o cual autor que a su vez los publicara en otros lares u otorgará otro tipo de dádivas.
         Todos los libros que hemos publicado nos gustan, nos seducen y como editores nos creímos capaces de cooperar con nuestra creatividad para engendrar ese ser llamado libro. Creemos fervientemente en nuestra forma de hacer libros y en eso el equipo conformado actualmente por Gabriela Astorga, Benjamín Morales, Santiago Solís y yo, tenemos claro el tipo de trabajo artístico editorial que hacemos, porque concebimos este oficio como una extensión o complemento del trabajo artístico de los escritores. Editar es crear un ente llamado libro, un ser vivo que será capaz de significarle algo al lector a partir de su aspecto, su color, su volumen, su textura, su eje visual y sus palabras. En este sentido sentimos una total independencia y no hacemos concesiones. Seguimos una máxima de Ulises Carrión: “El libro no es un estuche de palabras, un saco de palabras, un soporte de palabras”. Para nosotros, el libro es un ente vivo conformado de distintas visiones: la del escritor, el artista visual, el diseñador, el editor e incluso el impresor. Es una obra hecha en conjunto y de manera horizontal.

-IBP: Siempre se habla del compromiso en la poesía, aludiendo a poetas, pero ¿qué papel tiene la editorial para trabajar lo social?

-ICO: Creo que toda empresa cultural independiente tiene la obligación de asumir una postura, sobre todo en el contexto de violencia e impunidad generalizada que vive nuestro país. No hacerlo implica una gran ingenuidad o una gran indolencia, lo que sólo le hace el juego al poder, ese poder corrompido. Desde nuestro nombre asumimos una postura. Malpaís quiere apuntar todo el tiempo que no estamos en un buen país. Que se vive una crisis de derechos humanos, de impunidad, de corrupción, de violencia, y que todos los niveles de gobierno son coparticipes de esto junto al crimen organizado.
         En Malpaís hemos publicado volúmenes de poesía política y social como el caso de Sangre Roja de Carlos Gutiérrez Cruz, La oración del ogro de Jaime Reyes, Morada del colibrí de Roberto López Moreno, El retorno y otros poemas de Miguel Guardia, los cuales forman parte del Archivo Negro. Asimismo un libro insigne de nuestro sello que se titula: De precisos, espurios y parias: 200 años del presidencialismo en México, un volumen de gráfica y sátira, donde reunimos ilustraciones satíricas de todos los presidentes de México que se acompañan con textos realizados por historiadores. Queríamos hacer un libro que reflejara quiénes son los precisos: los presidentes; los espurios: aquellos que arrebatan el poder; y los parias, ¿quiénes son los parias?, los pobres del mundo, como diría la Internacional, el pueblo, quien también ha funcionado como comparsa del poder. En este sentido era emblemático sacar este libro. Con la editorial buscamos dejar de ser ciudadanos pasivos y convertirnos en ciudadanos activos. Para esto, convocamos a ilustradores e historiadores, en total lo hicimos 15 personas, por eso la tapa no tiene autor. Lo realizó un colectivo harto de los vicios de la política vertical en México. Apostamos a crear en cada libro una trinchera emotiva, reflexiva, autocrítica de lo que somos como ciudadanos, como individuos.
         También hemos publicado ensayo político como en el caso de México, país dividido del economista y académico de la UNAM, Eliezer Morales Aragón, quien hace una puntual disección de los vicios en el poder que han desencadenado la crisis de gobernabilidad, corrupción y violencia que experimenta México.
         La editorial hace donaciones a pequeñas bibliotecas en lugares lejanos, marginados, a municipios autónomos y también se realizan talleres para fomentar la lectura, talleres de edición y poesía. También hemos articulado una red con asociaciones civiles en busca de cooperar con grupos vulnerables y la brigada de búsqueda de desaparecidos. Existe una labor social y una sensibilidad sobre lo que ocurre en nuestro país en cada miembro de esta editorial, todos hacemos labores de crítica desde la pluma hasta la ilustración en medios impresos, portales en internet, radio, marchas y comunidades.
         Nuestro nombre: Malpaís-ediciones, también es un juego de palabras. Hacemos sediciones.

-IBP: Ya preparan la Segunda serie del Archivo Negro, con poetas como Alaíde Foppa o Jesús Arellano. ¿Qué nos puede contar del trabajo que justo ahora está en proceso? ¿Por qué han decidido continuar con este proyecto?

-IOC: En este momento todavía estamos en proceso de la captura de los libros, nuevamente se trata de 10 títulos, la relación de autores es la siguiente:

1. Salvador Gallardo Dávalos (1893-1981) — El pentagrama eléctrico
2. Aurora Reyes (1908-1985) — Espiral en retorno
3. Concha Urquiza (1910-1945) — El corazón preso
4. Alaíde Foppa (1914-¿1980?) — Las palabras y el tiempo
5. Margarita Paz Paredes (1922-1980) — Memorias de hospital
6. Jesús Arellano (1923-1979) — El canto del gallo. Poelectrones
7. Juan Bautista Villaseca (1932-1969) — Variaciones de invierno
8. Juan Martínez (1933-2007) — En el valle sagrado
9. Carlos Eduardo Turón (1935-1992) — La libertad tiene otro nombre
10. Kalu Tatyisavi (1960) — Huellas del nagual

La continuidad del proyecto radica en que existe una lista de cuarenta autores que consideramos valiosos y que han influenciado a diversos poetas de varias generaciones y que continúan sin ser reeditados. En esta segunda serie hay un poeta Ñuu Savi (Mixteco), Kalu Tyisavi, y sus poemas aparecerán en los dos idiomas, tanto la lengua mixteca como el castellano. Es un maravillo escritor, que no es leído y se encuentra a la altura de cualquier autor relevante nacido en la segunda mitad del siglo XX. Todo esto en la idea de manifestar que no hay poesía mexicana sin lenguas originarias.
         Evidentemente esta es una labor que no pensamos realizar para siempre, es una encomienda que quizá podamos continuar en una tercera serie y ahí concluir. Al menos en este formato, en esta colección. Creo que ya hemos dejado una marca con el Archivo Negro y un interés de investigación, y una puntilla de descredito a lo que se denomina “canon” de la poesía mexicana y su verticalidad, asimismo hemos dejado la espinita de que la literatura debe leerse de manera horizontal, de otra manera leemos de forma arbitraria y bajo los ojos siempre sesgados de los antologadores y críticos.


IGNACIO BALLESTER PARDO (Villena, Alicante, 1990) cursa el Doctorado en Filosofía y Letras con la tesis «La dimensión cívica en la poesía mexicana desde 1960. Herencia, tradición y renovación en la obra de Vicente Quirarte», dirigida por la catedrática de Literatura Hispanoamericana Carmen Alemany Bay, gracias a un contrato predoctoral de la Universidad de Alicante. En Facebook (https://www.facebook.com/ballpaEstrdo), Twitter (https://twitter.com/ballpa) y Blogger (http://poesiamexicanacontemporanea.blogspot.mx/) comparte su trabajo.

POESÍA El hombre primitivo | Ihovan Pineda



PÉRATE Y VAS VER 

Para Enrique Lepe García

Pérate que me llegue el olvido,
pérate
y vas a ver,
que por cada dos recuerdos

ninguno es tuyo


TEORÍA DE CUERDAS

Dixit El Puma que
como las cuerdas
del Boson de Higgs
contigo vibro


HAY RAZONES

No pienso
veo
porque si pienso
me equivoco
cuando te veo


ASTRONOMÍA

El hombre primitivo entendió
que la tierra es redonda,
tras ver caer una estrella,
apuntar con la mano hacia el cielo
y trazar con el dedo un arco imaginativo
en tu ombligo


IHOVAN PINEDA. Poeta, ensayista y profesor de materias relacionadas con la teoría de la lectura y la redacción. Licenciado en Letras y Periodismo, y egresado de la Maestría en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Colima. Autor de los poemarios Estarnos queriendo y pasado mañana (2008), De cómo las cosas han cambiado (2011), Principios de Incertidumbre (2015) para el cual fue distinguido por el CONACULTA con la beca FECA 2013-2014 en la categoría de Jóvenes Escritores y Bitácora de recupreación (2016, en prensa). Ha publicado a nivel nacional e internacional en revistas impresas y electrónicas: Tragaluz, Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana, Revista de Poesía La Otra de la UNAM, Revista de Lenguas Modernas de la South Carolina University de Estados Unidos, Crítica Revista Cultural de la Universidad Autónoma de Puebla, Círculo de Poesía, Revista Cronopios de Colombia, COFIBUK Literatura y arte, Bitácora de vuelos, Rojo Siena Editorial, Interpretextos, Caracol Azul, Vía Literaria-Proyecto Ululayu, y en Horizontum, finanzas y cultura. Su obra ha sido antologada en los libros En Memoria del Terremoto publicado por la Universidad de Colima; Anuario de Poesía Mexicana 2004 del Fondo de Cultura Económica; Apuntes de literatura colimense de la Universidad de Colima; antología poética Locos de los 70´s de Fides Ediciones; y en Toda la mar, la presencia del mar en la poesía colimense publicado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Colima. Asimismo, en 2016 fue incluido en la Enciclopedia de la Literatura en México de la Fundación para las Letras Mexicanas y está incluido en la antología virtual Poetas del Siglo XXI: Antología de Poesía + 10.000 Poetas de 177 Países, del poeta español Fernando Sabido Sánchez.

POESÍA El cadáver exquisito de un pez (Fragmento) | Raúl Renán


I

En la playa la noche
      en la noche la playa
voces de hombres suaves procaces
                        vaan y vieenen.
También el hedor pútrido de un pez arrojado
muy cerca de la quilla que habla de plash en plash.

II

La pestilente llamarada del pez muerto
me atrapa las narices y me precipita
a mi condición lunar disuelta en la arena.
Con cuánta prudencia el mar acerca su olfato
al límite de la putrefacción.
Espumas adelante adornan su orilla
invasora con joyas perentorias.
Juegan a burlar a la muerte con mentirijillas de coral:
la falda de una ola, pára la oreja al mal olor
de una carroña de plata y cristal.
Se desgrana el túmulo extendido
que multiplica la ofensa del olvido al pez
en su rango de cadáver exquisito.

VI

Hiede, apesta…
una joya de plata se pudre en la arena.
¿La arrojó el mar?
¿Puede despreciar con tanto fervor un gigante?
Él presume estas joyas vivas de sal y yodo
colmando una rama bíblica de espinas.
Fueron versos ágiles
y ahora uno está pudriendo su horror en la playa.
Conversan hombres vacuidades
como si nada apestara.
Suelen dar la espalda indiferente
a lo que trasmina la verdad.
La otra atenta espalda
con los omóplatos desplegados
huye con la verdad.

VII

Pasos adentro en el cobertizo de los certámenes
los versos saltan como peces vivos;
nadan en el viento y regresan al mar
que abraza la bahía,
como lame otras playas allende la vida.
También hay versos que se pudren
y arenas que revuelven sus letras
contagiadas con la descomposición.
Aquí las barcas de dos hombres,
ahí las grandes naves rompen volando
las ráfagas de las pestilencias de una joya muerta.

X

La multiplicación de las especies
sucede en el valle de la sal.
Se procrean las burbujas del oxígeno
y las plantaciones de peces
que tienen en los ojos los abismos.
La procesión hace el cardumen
donde cada quien continúa al otro
y todos siguen lo que hace la mano.
Surcando el laberinto,
hundiendo lo oscuro será el fin.
La danza submarina, las figuras
en formación a + b + c = dios
se dan en corredera persiguiendo su hedor…
el de atrás se quedará
podrida su belleza en la playa.

XII

Puedo decir que en esta última cansada lengua reposa la tempestad. Y en esta arenilla que me pide ocupar mi ojo derecho estuvo su poder. En esta ala quebrada del barco fantasma voló la tempestad. El viento envuelto con el capote de una voluntad furiosa, arrojó las pestilencias del templo. Desde los confines de abajo, la casa de las tempestades envió a su mensajero con un tridente clavado en la Atlántida lista para ser engullida. Enloquecidas las palmeras dieron el adiós de bienvenida a ese mal carácter y emergió la ballena de piedra con sus ruinas y las semillas de las futuras ruinas. Los vientos de cuatro pies descolgaron su ira de los tendederos y apareció en escena despejado lo que no se puede tapar con un dedo. Un bledo le importa a la humedad que el portador del horno que trata como un caramelo al oro, trabaje las 24 horas del día, sábados y domingos. Dormidos los niños traviesos pesadillan horrores “bajo la tibia incubación de la tormenta”.

(2006)

Poemas tomados de Como fue el presagio. Antología personal de Raúl Renán. 
México : FCE,. 2012. 205 p. 


RAÚL RENÁN (Mérida, Yucatán, 1928 - Ciudad de México, 14 de junio de 2017). Poeta, narrador, editor y catedrático. Estudió Letras Hispánicas y Arte Dramático en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado libros de poesía, cuento, novela y ensayo: Lámparas oscuras (1976), Catulinarias y Sáficas (1981), Gramática fantástica (1983), Pan de tribulaciones (1984), Viajero en sí mismo  (1991), Los silencios de Homero (1998), La sagrada familia Sabines (1999), El río de los años (2005), Rostros de ese reino (2007), entre otros. Fue fundador y director de la editorial La Máquina Eléctrica, además de que un reconocimiento en su ciudad natal, Mérida, lleva su nombre: Premio Nacional de Poesía Experimental “Raúl Renán”.

Imagen | Diario de Yucatán

ESCAFANDRA ¿Por qué escribir? | Blanca Vázquez

Necesitamos desesperadamente que nos cuenten historias. Tanto como el comer, porque nos ayudan a organizar la realidad e iluminan el caos de nuestras vidas.
Paul Auster
Los seres humanos nos encontramos inmersos del mundo; éste, tan lleno de colores, ruidos, emociones, luces, gestos, objetos, olores, fríos, calores, asperezas y hasta rugosidades. Podemos sentir todo ese cúmulo de sensaciones gracias a nuestros sentidos, por ellos vivimos y por qué no sobrevivimos. A veces, la mano toma un lápiz o un teclado y ¡zas!, escribe. Cuando se escribe lo que se ve, palpa, huele, gusta, escucha, tratamos de ser claros, describir aquellos materiales que nuestro ojo está devorando, objetividad pura sin intervenir ningún elemento sentimental o afectivo. “Un camino angosto, lleno de lodo en tiempos de lluvia, polvoriento en tiempo de secas”. Describir.
         El artista crea una realidad nueva a través de su experiencia para con el mundo y cuando sale a la luz su obra se convierte en un artefacto social porque se da a otros, se desprende del creador para que aquellos que la leen vuelvan inteligible el texto y lo aprecien en sus más escondidas emociones: competencia lingüística y emocional.
         De ello desprendemos la necesidad seria y comprometida del escritor o escritora. Sí, se crea lo que uno aprecia pero también de manera consciente se compromete con ese que llamamos lector.  ¿Qué es lo que les ofrecemos? Kafka lo decía así a Oskar Pollack en Sobre el arte de escribir:
No puedo escribir; no he producido ni una sola línea que reconozca como mía, pero por el contrario he borrado todo cuanto he escrito después de París, que no era mucho. Mi cuerpo entero me advierte ante cada palabra; cada palabra, antes de que permita que yo la escriba, mira primero en torno suyo.
Las frases se me parten prácticamente, veo su interior y entonces tengo que acabar en seguida.
Ricardo Piglia en su texto Crítica y Ficción menciona que debe existir una convicción para poder leer “no me parece que se pueda leer si uno no cree que hay una verdad a partir de la cual se lee…”[1]  En nuestro país editar es una tarea ardua. Editar libros, plaquettes o folletines, o editar en los medios electrónicos no es una labor sencilla, por ello debe hacerse con la misma responsabilidad con la que se toma el proceso de escribir. Una editorial independiente busca crecer con el deseo de tener nuevas letras y no fomentar una homogenización de la lectura. Se sabe que la subsistencia de una editorial es un acto complicado, pero con ahínco y persistencia se va conformando el público meta al que se pretende llegar. La literatura mencionaba Paul Valéry:
Está dominada por las condiciones del público al cual se dirige. Cada libro busca un lector que corresponda, en el espíritu del escritor, a la idea que éste se hace de sus contemporáneos. Hay, en suma, en la materia literaria y artística, una especie de ley de la oferta y la demanda. Los lectores de una época dada obtienen siempre la clase de literatura que desean y que se halla en conformidad con su cultura y su capacidad de atención. Ahora bien, el hombre moderno es, en general, un lector detestable.[2] 
Escribir es mostrarse ante otros, tal vez de primera instancia no se piensa en un lector objetivo, pero sí se debe ser consciente de que toda forma artística –en este caso la literatura– no debe estar basada en posturas ideologizantes, sí bajo una postura hacia la realidad que se habita. El Estado sin duda debería brindar todas las oportunidades a la ciudadanía para fomentar la creación; pero si esto no sucediera entonces queda la palabra y la tinta para posicionarse ante aquello que atraviesa nuestra mirada.

___________
[1] Ricardo Piglia . Crítica y Ficción. España: ESPA PDF, s/a.
[2] Revista Crítica. Texto de consulta.