El escorpión, cuento de Paul Bowles



El escorpión | Paul Bowles

Una vieja vivía en una cueva que sus hijos habían abierto junto a un manantial en un despeñadero de barro antes de irse al pueblo donde vive mucha gente. No era feliz ni infeliz allí, porque sabía que el final de su vida estaba cerca y que probablemente sus hijos no volverían en ninguna de las estaciones del año. En el pueblo siempre hay muchas cosas que hacer y ellos estarían haciéndolas, sin molestarse en recordar el tiempo en que vivían en las colinas y cuidaban a la vieja.

En ciertas épocas del año, en la boca de la cueva caía una cortina de gotas de agua que la vieja tenía que atravesar para pasar al interior. El agua se escurría de las plantas despeñadero abajo y caía gota a gota sobre el suelo de barro. De modo que la vieja se había acostumbrado a pasar mucho tiempo acuclillada en la cueva para mojarse lo menos posible. Fuera, a través de las gotas de agua, veía la tierra desnuda alumbrada por el cielo gris, y a veces grandes hojas secas pasaban ante sus ojos impulsadas por el viento que bajaba desde las zonas más altas del país. En el interior, donde ella estaba, la luz era agradable, de un color rosado por el barro que la rodeaba.

Continuar leyendo en Primeras páginas de Cuentos escogidos (2010)

Foto tomada de Paul Bowles

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Ya estás aquí | Ethel Krauze


Biografía: 

Nació en 1954 en la Ciudad de México. A lo largo de su carrera literaria ha publicado más de veinte títulos que abarcan todos los géneros: novela, cuento, poesía, crónica, ensayo, teatro y literatura infantil. Su libro Cómo acercarse a la poesía se emplea en los cursos de educación media superior, y parte de su obra narrativa es leída en universidades de Estados Unidos. Sus textos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, checo y hebreo, y publicados en antologías en varios países. En Alfaguara ha publicado el volumen de cuentos El secreto de la infidelidad (2000) y El instante supremo (2002).

~~~

Ya estás aquí,
            arrojado a la espiral que gira.
Nadie te preguntó si querías,
nadie te detendrá
            cuando partas.
Las cosas pasan por tus dedos
            y se quedan tatuadas al recuerdo.
Las cosas pasan.
Las cosas sólo se recuerdan.
Ya estás aquí,
            y no te quedas.
En el vértigo, exhalas
el grito del comienzo,
y en el vértigo expira en un suspiro
            tu tiempo.
Es sólo vértigo
y un trozo de recuerdo
            bajo el brazo.
Bajo el brazo
            un recuerdo
            evaporado en sueño.
Bajo el brazo
            tu sueño que se aleja,
se va de ti.
Y no te quedas.
No queda
            más que levedad,
destello que alguna vez
fue cuerpo.
Cuerpo que anduvo
            cerros y laderas
y alguna vez
trepó la enredadera para saltar un muro
y una piedra.
Alguna vez fue sombra tras la puerta.
Sombra perdida
            en el correr del día.
Y tú no quedas.
No queda sed
ni hambre
ni materia;
queda el agua y la tierra,
queda rodando el mismo laberinto
y el rubicundo rostro del fruto
            que alguna vez trajiste al mundo. 


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ANTOLOGÍA Cuentos para leer en navidad | Nadia Contreras


I
Tragedia navideña | Agatha Christie
El cuento de navidad de Auggie Wren (descarga directa) | Paul Auster
Un recuerdo navideño | Truman Capote
El Gigante Egoísta | Oscar Wilde
Una cena de Nochebuena | Guy de Maupassant
Las tres misas rezadas | Alphonse Daudet
Cuento de Navidad | Charles Dickens
La máscara robada | Wilkie Collins
Cuento de Navidad | Ray Bradbury

II
Navidad entre escépticos | Guadalupe Nettel
Navidades en rojo | Yoani Sánchez
Lo rojo | Élmer Mendoza
Algunas condiciones indispensables para que nazca un dios | Álvaro Enrigue
Fábula de Navidad | Francisco Hinojosa

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Mujeres contra la violencia | Nadia Contreras

Este 25 de noviembre se celebró el “Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres”. Las cifras, sin embargo, no son alentadoras:
1. Al menos dos millones de mujeres y niñas son traficadas en el mundo cada año con el fin de someterlas a la prostitución, la esclavitud o a la servidumbre.
2. Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 60% de las mujeres sufre en algún momento de su vida alguna forma de abuso físico o sexual.
3. En el mundo, aún hay países, en los que la violación marital no es un delito; actualmente 603 millones de mujeres viven en naciones en donde la violencia doméstica no es un crimen.
4. La discriminación de género sigue siendo la causa individual más extendida de las desigualdades en el mundo contemporáneo.
5. Entre 2007 y 2013 la tasa de feminicidio en México se disparó a 14 mil 955 víctimas, un promedio de 1.9 a 4.4 casos por cada 100 mil mujeres; seis víctimas cada día.
6. Guerrero, Chihuahua y el Estado de México concentran la mayor parte de las víctimas (35%), la mitad adolescentes, y una de cada cuatro murió asesinada en la vía pública por arma de fuego.
7. Los municipios que concentraron la mayor cantidad de homicidios de mujeres en el país en los últimos siete años son: Juárez (mil 42), Tijuana (405), Acapulco (404), Chihuahua (360), Ecatepec (310), Monterrey (293), Torreón (230), Culiacán (204), Nezahualcóyotl (166) y la delegación Iztapalapa (161).

En este contexto, cabe recordar el libro ¡Basta! + de 100 mujeres contra la violencia de género (Editorial Asterión, 2012). Se convocó a las escritoras a través de e-mail, redes sociales, voz a voz, para que escribieran relatos sobre esta temática.

¡Basta! es un libro que denuncia, muestra, hace conciencia. En palabras de Pía Barros, escritora chilena, quien lideró el proyecto, “aquí poetas y narradoras se dan la mano, porque la literatura cambia el entorno que toca, ya sea por reflexión, efecto espejo, o simplemente belleza. Verbalizar, nombrar, es en sí una nueva creación de mundo, de ese mundo al que aspiramos, un universo no sexista, donde nadie sobre y donde todas y todos seamos imprescindibles”. A continuación, una breve selección de textos.

Opciones
Gabriela Aguilera

Se dijo que tal vez hubiese sido mejor el divorcio. Pensó en eso un minuto nada más, porque tenía poco tiempo para deshacerse del cuerpo.

Desayuno
Romina Campos

Creí que lo querías tostado, le dijo mientras ella forzaba por retirar su brazo de la cocina a leña.

Detalles
Carmen Gloria Berríos

Los pies de Juan son perfectos, salvo por los zapatos que los cubren y que usa habitualmente para golpear a su mujer. Fuera de ese pequeño detalle, me siguen pareciendo absolutamente perfectos.

Basura
Nona Fernández

Alrededor de las seis de la mañana de hoy, en un vertedero del sector del ex Fundo Santa Eugenia, ubicado en el acceso sur de la Autopista del Maipo, comuna de Paine, fueron encontrados los cadáveres de dos mujeres con signos claros de haber sido abusadas sexualmente y luego atropelladas. Hasta el momento se desconoce la identidad de las víctimas, pero según antecedentes preliminares, se determinó que las edades de ambas fluctuarían entre los veintiocho y los cuarenta años.
En el momento del hallazgo los cuerpos se encontraban desnudos y sus ropas desperdigadas por la zona. La mujer más joven habría tenido un calcetín empuñado en su mano derecha, y se determinó que estaría embarazada de unos seis meses. Ambas víctimas presentan lesiones traumáticas en el tórax y cráneo, lo que refuerza la teoría de que habrían sido atropelladas y luego arrastradas por sus victimarios hasta el vertedero del sector.

¿Henry Gauthier-Villars?
Claudia Apablaza

Henry Gauthier-Villars, crítico, artista, músico, escritor importante, según la Wikipedia. Que usó otros seudónimos desconocidos y maravillosos como Henry Maugis, Robert Parville, l’Ex ouvreuse du Cirque d’été, L’Ouvreuse, L’Ouvreuse du Cirque d’été, Jim Smiley, Henry Willy; pero que además, y por sobre todo, y tal vez solamente, es conocido y aparece en la Wikipedia, porque le robó a su mujer, la gran Colette, sus primeros libros, la serie Claudine, y los firmó con su nombre.

¿Te acostaste con César Vallejo?
Andrea Jeftanovich
Ella anota en su agenda Rhein a las 11 horas, un nombre: César Vallejo. Para él es un nombre cualquiera; para ella, el autor de los versos que lee descubriendo otra forma de nombrar las cosas. Si define “deseo”, ahora dirá “…fue una tarde de septiembre/ cuando sembré en tus brasas, desde un auto/ los charcos de esta noche de diciembre”. Él la cela desde siempre, por eso husmea sus cosas y le intriga esa cita a media mañana. Hace días que él no le habla, llega a casa dando un portazo. –¿Qué pasa? –Nada. –Pero cómo que nada.
–Me tenís que explicar algo. Tira la agenda abierta y pregunta –¿Te acostaste con César Vallejo? Ella ríe fuerte. –Lee –dice. –Ignorante. Él vuelve los ojos locos, el rostro fiero, abre zanjas oscuras en su alma. Ella repite: “Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé…”

Mujer bien parada
Andrea Maturana

Como ella era una mujer bien parada, que sabía defender sus derechos y no daba su brazo a torcer, un día él se lo torció con tal fuerza que, antes de rendirse, la articulación de su codo cedió con un violento crujido.
En el hospital ella dijo que se había tropezado. Caído contra unos escalones.
Después él le regaló flores, la atendió, la consoló, le hizo el amor como si hubiera sido la primera vez.
Ahora ya no pelean tanto, ni es necesario confrontarla para que dé su brazo a torcer porque nunca más volvió a ser el mismo.
Le quedó así el brazo, torcido.

Como en las películas
María José Navia

En la pantalla del televisor, los golpes suenan en perfecta coreografía con los gritos. La heroína sangra por la nariz pero su cabello sigue cayendo sobre sus hombros, perfecto. Los moretones parecen combinar con su blusa. La música de fondo acompaña con precisión los impecables movimientos del hombre.
La niña observa hipnotizada, sin poder cambiar de canal.
Su padre, en la cocina, se sirve un trago, quebrando un par de vasos en el intento. Su madre, en el baño, con la puerta entreabierta, emite débiles gemidos.
Tiene el pelo desordenado. Sus moretones no combinan.
(Tampoco hay música).
Fuera de eso, todo es igualito a las películas.

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Cerdo, poema del libro inédito Los estómagos | Luna Miguel


Me pregunto cómo ha llegado esta cabeza de conejo hasta mis manos.

Cómo ha rodado, escalera arriba, hasta el corazón del Raval,
arrastrándose, escalera arriba,
girando, escalera arriba hasta mis manos.

Me pregunto quién mutiló al animal. Me pregunto cuántos estómagos
hacen falta para vencer el hambre.
Me pregunto: hay cuartos oscuros
y humedades en venta,
hay insectos de alquiler y trasteros que huelen a ceniza.

Todos los días una mariposa muere encerrada entre los calefactores.
Pero no hay peligro porque el invierno ya se acaba,
y con él los poetas que hablan del frío
y con él los suicidios y las mariposas
y con él los conejos domésticos,
comestibles.

Me pregunto cómo ha llegado mi lengua hasta el techo de los muertos.
Con la ciudad encendida.
Con su cabeza bien sujeta entre los dedos.


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Pensamiento visual | César Horacio Espinosa Vera


Todos estos esfuerzos por conformar un pensamiento visual maduro, hablan de la posibilidad de concretar y apuntalar un sistema complejo por medio del cual podremos enfrentar el mundo en el próximo milenio, lleno de cambios y de imponderables. Estamos hablando de una inteligencia visual, alternativa a la tradicional, sin la cual ya vimos que sería muy difícil enfrentar nuevas condiciones de vida. Ahora y viendo hacia el frente tenemos la tarea de ser más creativos que nunca.

Palabras de Maris Bustamante, forjadora de imágenes y precursora del arte del performance en México, para el periódico-catálogo de la IV Bienal Internacional de Poesía Visual/Experimental (Ciudad de México, octubre de 1993); relatan la preocupación y los esfuerzos de un sector de artistas mexicanos por la institucionalización y amplia popularización de unos géneros artísticos, de nuevas especialidades, que escasamente 15 años atrás casi nadie conocía en este país.


Esfuerzos, además, señala la expositora, que “hemos venido realizando sobre todo los mismos artistas, que no hemos querido perder el tiempo convenciendo a los críticos y teóricos que no se han interesado en estas nuevas propuestas”. 1 Sirvan, pues, estos juicios como introducción a la siguiente historia.

El caso de México: choque de vanguardias

Los códices indígenas pre y poscolombinos registran versiones y descripciones poéticas que deben formar parte del acervo de la poesía iconográfica mexicana. Asimismo, en el virreinato hubo un cierto número de ejemplos de búsquedas lúdicas y experimentales que configuraron imágenes y figuras en el espacio de la página, pero que permanecen aún sin investigar. Está pendiente todavía explorar y ordenar en las fuentes de la poesía barroca novohispana los ejemplos existentes de poesía visual -emblemas, laberintos, caligramas, etc.-, émulos locales de la rica veta que a la sazón se explotaba en España, Italia, Portugal o Brasil, con nombres como Juan del Vado, Ramón Llul, Caramuel y Battista della Porta. 2

Como también sucede en nuestro siglo, el periodo renacentista-barroco destaca en el mundo occidental como uno de los grandes momentos de la escritura visual, de lo ideográfico y del despliegue de índices e iconos en la comunicación laica y religiosa; ello obedecía en gran medida al cambio de episteme que afectaba a todos los ámbitos de la vida y del universo conocido, revolución copernicana que a su vez impregnó a los intelectuales y artistas de la Nueva España. Sin embargo, hasta la fecha la investigación poética autóctona ha pasado por alto la innegable existencia de esas bodas entre el sentido y lo sensible.

Continuar leyendo en Signos corrosivos, correspondiente al mes de Enero-Febrero de 2004.
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La poesía de Gerald Stern | Nadia Contreras

Encontrar la poesía de Gerald Stern (Pittsburgh, Pennsylvania, United States, 1925), traducida al español y reunida en el libro Esta vez (Vaso Roto, 2014), es como descubrir la luz; en el fondo del abismo una luz que es esperanza para el hombre derrotado. Su autor, ahonda en la ciudad, la memoria personal y colectiva, en lo social y político. Llama a las cosas por su nombre y por ello, se aleja de los estereotipos, las máscaras, la frivolidad que vivimos hoy en día. Gerald Stern es un poeta de palabras claras; su sinceridad trasciende las cosas pequeñas, los detalles, las anécdotas. Y es esta su complejidad: una poesía del alma y por ello, universal. A continuación les comparto un puñado de sus poemas. 


El mordisco 

No empecé a tomarme en serio como poeta
hasta que el pelo blanco empezó a asomar en la barbilla.
Antes todo era diversión y afecto;
ahora, como una liebre, una liebre, una liebre
veo a la tortuga alzar su horrenda pata
sobre el último escalón por subir antes de 
volver a casa, henchida de ventaja. 
    De pronto, todo parece venir de arriba, de la mente, 
    la belleza de la carrera ha desaparecido. 
    y mi vida es apenas una alegoría. 

La fuerza de los arces

Si quieres vivir en el campo tienes que entender la fuerza de los arces. 
Tienes que verlos hundir sus dientes en las raíces de las viejas acacias. 
Tienes que verlos ahogan a los sicomoros hasta dejarlos sin aliento. 
Tienes que verlos llevar su gruesa cabellera hasta el sótano. 
     Y cuando cortes tu fabulosa vara verde para pescar 
tienes que estar listo para verla brotar entre tus manos; 
tienes que clavarla en la tierra como un trozo de sauce; 
tienes que plantar tu mesa bajo sus hojas y empezar a comer. 

Recuerdo a Galileo

Recuerdo a Galileo describir la mente
como un trozo de papel que el viento arrastra, 
y me encantó la imagen de este pegándose a un árbol
o saltando al asiento trasero de un coche, 
y durante años he visto papeles volar a través de mis ciudades;
pero ayer vi que la mente era una ardilla  atrapada al cruzar
la Ruta 80 entre las ruedas de un camión gigante, 
bailando de un lado a otro como una delgada hoja, 
o un hilo asustado, apenas dos segundos de vida
sobre el hormigón blanco antes de escapar, 
la vida acortada por todo aquel terror, su cabeza
que tiembla, los dientes amarillos pulverizados. 

Fue la velocidad de la ardilla y su cercanía al suelo, 
su enorme resolución y la agilidad de su danza
lo que me enseñó la diferencia entre ella y el papel. 
El papel será útil en teoría, cuando haya tiempo
de sentarse en una silla de metal a estudiar sombras;
pero para esta vida yo necesito una ardilla,
sus patas acabadas en garras extendidas, su alma trémula, 
el viento cálido que corre por su pelo, 
el fuerte ruido que la hace temblar de la cabeza a la cola. 
     Oh mente filosófica, oh mente de papel, necesito una ardilla
que con su salvaje carrera consiga cruzar la autopista, 
que suba a toda prisa la verde ladera desgobernada. 

St. Mark's

Aún como niño, ¿no?
Trepar por una escalera de hierro, 
discutir con algún Igor
sobre la cerradura rota, 
dejar que la cabeza cuelgue sobre el fregadero, 
enjuagar el cuello con agua fría. 

Como un lobo, ¿no fue así?
o una paloma que nunca morirá. 
Leer a Propercio, pisotear 
las estrellas más altas, 
obligar a mis manos a unirse, 
tocar la fila de cubos de basura cubiertos de nieve. 

Con el lomo hundido, ¿no fue así?
Arrastrar mis pies mojados
de un parque a otro. 
"Atenuado por el salpicar consumado del tiempo", 
¿no?
Tulipán de la selva rosa. 
Rojo y amarillo tulipán henchido y lavado por la lluvia. 

Lavanda

A Karl Stirner

Sólo por experimentar estoy quemando la lavanda
y olfateando el aire porque si sólo la desmenuzara 
el aroma, aunque embriagador, no llegaría 
más allá de treinta o cuarenta centímetros y es más los 
tallos apenas soltarían olor mientras que las 
llamas hacen que todo aflore aun cuando 
acaban con los demás aromas, en este caso a menta y 
a las penurias arqueadas bajo tu ventanal francés donde
yo voy de un lado a otro llorando por la culpa del humo
y gimiendo por la bolsita de aroma que nunca tuve
y por la caja llena de seda, por ser yo tan enemigo. 

Twitter: @contreras_nadia


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ACERCAMIENTOS Esta forma de transformación o de cómo la literatura se acercó a mí | Nadia Contreras


La mayor dificultad que uno tiene es la de responder sobre la vida y la literatura. La cuestión se presenta y vuelvo sobre el pasado. Escribo rápido, casi sin pensar, porque si lo hago, tendría que suprimir mucho de esa memoria que es como una ciudad o un país, llena de referencias, nombres, plazas, pero también libros, historias, detalles. Hay diversas maneras de responder, en este momento ocurrió así: En 1999 publiqué mi primer libro. El título era Retratos de mujeres y vio la luz bajo el sello de la Secretaría de Cultura de Colima, en su colección Costa Nativa. Nunca imaginé los libros posteriores, los lugares conocidos, la ciudad en que vivo y es tan distinta, en cuanto a vegetación se refiere, a mi terruño natal. Comencé a escribir poesía y después, cuento, entrevista, ensayo literario, reflexiones que no sé en qué género colocarlas.

Puedo decir que la poesía, o mejor dicho, la literatura, me encontró a mí. No hubo una familia que me guiara en los libros. En casa existían sólo dos: La biblia y Mi ángel de la guarda. Más adelante mi mamá me prestó un libro titulado Frente a un escaparate. No recuerdo exactamente de qué trataba; es la sensación del primer libro en las manos, las vidas ocultas en él, lo íntimo, lo misterioso. La poesía llegó con Amado Nervo, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Ramón López Velarde y estos me llevaron a otros en cadena infinita.

La literatura comenzó a salvarme. Es decir, la literatura salva. Para entonces yo era muy extraña, una especie de Gregorio Samsa, en mujer, con veintitantos años encima y el amor por los suelos. A eso hay qué agregarle una autoestima muy débil, las dudas, los odios, los rencores. La literatura, la poesía, comenzaron a sanar. Las expresiones artísticas, llámense literatura, pintura, música, danza, teatro, son una especie de catarsis. Les digo a mis alumnos que no acudan al psicólogo. La solución: “escribe”. Y agrego: “escriban todo cuando ven, sienten, sueñan, anhelan, dudan... El chiste es vaciar lo acumulado, darle forma a lo inexplicable, entender el dolor, la soledad, la ausencia.”

Ha cambiado la manera de escribir. Me tocó usar aquellas máquinas Olivetti. Escribir sin equivocarse era un martirio, corregir los libros por ello, otro más grande. Luego, las computadoras y de pronto, esta ventana ilimitada que es el internet y los teléfonos inteligentes, las tabletas... Las editoriales, las librerías o el autor mismo se encargaban de la circulación de los libros. Nunca imaginé comprar libros a través de Internet, compartir de aquí para allá con el resto del mundo. “Esta revolución de los medios abrió la puerta para una nueva forma de escribir en comunidad”, dice Cristina Rivera Garza. En face o twitter, lo escrito ya es otra cosa y su idea apunta en mil direcciones. La sentencia es también de Rivera Garza: “Si queremos construir textos relevantes para hoy, más vale que utilicemos las plataformas, la imaginación.”

Este año tuve el privilegio de ver publicados tres libros. Caleidoscopio (se publicó el año pasado pero se ha acomodado plácidamente en éste); Visiones de la patria muerta y Cumplimiento de la voluntad (en próximos meses lo presentaremos aquí en Torreón). Este último es una antología personal que abarca mis libros de poesía publicados desde 1999 hasta el 2014. Recibí la invitación por parte del poeta Miguel Gaona y mi libro se incluyó en la colección Arena de poesía de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Coahuila. El libro, con sus errores o sus aciertos, ya está. Es demasiado tarde para el arrepentimiento.

Los libros (impresos o digitales), abren puentes de comunicación entre el escritor y el lector. Esto es lo que me interesa. Las estructuras narrativas y poéticas cambian aceleradamente. Escribimos en comunidad y esa comunidad se ha trasladado a todas las manifestaciones posibles. La poesía, hoy en día, se consolida en la experimentación. Hay “poesía multimedia” y poesía “sonorovisualgestual”, por mencionar dos ejemplos.

Actualmente escribo muchas cosas a la vez, entre una clase y otra porque también soy maestra en un colegio y la universidad. Me gusta la docencia tanto como la escritura y no me concibo sin ellas, como tampoco me concibo sin libros y sin el lenguaje sea oral o escrito. Necesito sentarme y trabajar los papeles impresos para formar un nuevo libro, pero no sé cuándo.

Coordino un proyecto que se llama “Poesía contra la violencia: ¡Ya basta de sangre!”. El interesado puede seguirla desde la mi página personal http://www.nadiacontreras.com/. Es una antología virtual (español-inglés) integrada por poemas que corresponden a esta temática. Poetas del país y del extranjero han aportado sus textos y la antología ha comenzado a crecer. Están las voces de Alan Mills, Óscar Luviano, Mijail Lamas, Solmaz Sharif, Manuel Iris, Jeffrey Brown, Dolores Dorantes, María Rivera, Willy Gómez Migliaro, Sergio Briceño, Eileen D. Moeller, Claudia Luna Fuentes, Lina Zerón y recientemente he subido un poema de Romina Cazón. Es una antología polifónica que tiene una sola intención: hacer un llamado: ¡Gobiernos ¡exigimos la vida, no la muerte! Criminales ¡exigimos la vida, no la muerte! Corruptos, apáticos... ¡exigimos la vida, no la muerte!.” Palabras más, palabras menos, esta es mi vida, mi transformación.

También pueden leer este texto en la revista electrónica Razones de Ser (México-Argentina), correspondiente al 3 de noviembre de 2014. Un fragmento de este texto, a manera de entrevista, fue publicado en diario Milenio Laguna, correspondiente al 4 de noviembre de 2014.
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Habitación 413 | Rocío Cerón


Biografía

Nació en la ciudad de México, el 19 de junio de 1972. Poeta, ensayista y editora. Estudió historia del arte en la Extensión Universitaria de la Universidad Anáhuac. Cursó parte del diplomado de escritura en la SOGEM. Ha sido coordinadora editorial de Trilce Ediciones, Cubo Editorial y desde 2004 es editora en jefe de Ediciones El Billar de Lucrecia. Es fundadora de Motín Poeta, colectivo de proyectos artísticos interdisciplinarios. En 2004, coordinó y produjo, junto con Carla Faesler, el CD de poesía y música electrónica Urbe Probeta. Becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA en la emisión 1998-1999. Colaboradora —con poemas y ensayos sobre literatura y artes visuales— de Biblioteca de México, Casa del Tiempo, Complot, Crítica, Crónica Dominical, El Ángel, Etcétera, Generación, La Gaceta del FCE, Letras Libres, Origina, Ovaciones en la Cultura, Pauta, Periódico de Poesía; y las revistas chilenas Cyber humanitats de la Universidad de Chile y Matadero. Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000, en el género de poesía, por Basalto. Ha sido antologada en diversas publicaciones, entre ellas El decir y el ve´rtigo: panorama de la poesi´a hispanoamericana reciente, 1965-1979, Filodecaballos, 2005.

~~~

Que nadie contradiga cuan abierto es el deseo
de estar así, bajo las sábanas de otoño,
mirando destejer del día a las sombras.

Que nadie ose (no mientan, no sean púdicos) decir
que en este lecho de herido no hay gozo,
lascivia, encantamiento.

Que nada irrumpa tan excelso instante, que nada evite
el contacto de la gasa sobre el cuerpo.

Que nadie venga
(¡cómo no odiar a las visitas y sus lánguidos consuelos
y su encendido morbo por la muerte!) a escuchar
la respiración atrofiada, el quejido
—una y otra vez, una y otra vez—
de dolor profundo, oculto.

Que nadie mire este despojo de hombre
—ya flor, ya hierba, ya esqueleto–
agitándose en la arista del recuerdo,
intentando guardar las mieses, el sudor,
la breve valentía de ser presa.

Que nadie roce sus labios, manos,
que nadie toque nada.

No recorran esta habitación, esta ciudad cercada,
huelan sólo la fragancia del espino.


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POESÍA Tlatelolco: la llaga es memoria | Nadia Contreras

 
¿Quién ordenó (la matanza), el presidente Díaz Ordaz? 
Carlos Monsiváis, “Echeverría, el inocente profesional”, El universal, 5 abril, 2009

A partir de una relectura del libro La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska 

Dentro del espejo la imagen se quiebra. Los ejecutores son lobos sin juramento, hunden sus colmillos en la piel blanca, limpia, agazapada. El espejo se centra en la fiebre, esa ponzoña. El espejo es pasado: la plaza, luego las tumbas negando la visión del tiempo. Y ellos, los mentirosos, los perdidos, los incautos, los descorazonados, los imbéciles, asistirán a los juegos de la costumbre. Gritarán, reirán, ondearán el corazón de una patria reducida, pisoteada.

*
“Pocos minutos después de las seis de la tarde del 2 de octubre la Plaza de Las Tres Culturas se iluminó con dos bengalas, una verde y otra roja. La multitud volvió sus ojos al cielo y, casi en el mismo instante, comenzaron a oírse los primeros disparos. Cerca de 10 mil almas ahí reunidas, ancianos, jóvenes, niños, adultos, hombres, mujeres. estudiantes, intelectuales, empleados y desempleados, todos, corrieron despavoridos hacia un lugar y otro. La desbandada fue general.”

*
Los gusanos trepan cuerpos agujerados,
aíslan fragmentos de luz,
lo instantáneo
que ha dejado de ser
protesta, grito.

Al comienzo
las voces estremecen,
sobrepasan las azoteas,
el cielo y su maremoto.

Quebrada la intemperie
los gusanos rompen su propia grieta,
se comen entre sí
como aquellos
que dictan la sentencia
instalados
en el miedo y la orfandad.

*
“Cuando un estudiante apellidado Vega anunciaba que la marcha programada al Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional no se iba a llevar a cabo, en vista del despliegue de fuerzas públicas y de la posible represión, surgieron en el cielo las luces de bengala que hicieron que los concurrentes dirigieran automáticamente su mirada hacia arriba. Se oyeron los primeros disparos. La gente se alarmó. A pesar de que los líderes del CNH desde el tercer piso del edificio Chihuahua, gritaban por el magnavoz: "¡No corran compañeros, no corran, son salvas! . . . ¡No se vayan, no se vayan, calma!", la desbandada fue general. Todos huían despavoridos y muchos caían en la plaza, en las ruinas prehispánicas frente a la iglesia de Santiago Tlatelolco. Se oía el fuego cerrado y el tableteo de ametralladoras. A partir de ese momento, la Plaza de las Tres Culturas se convirtió en un infierno.”

*
Hay una luz
que no es luz

un alarido sordo
penetrante
donde la noche
es muerte
en el vientre
abierto
de las madres

Gritamos el nombre de los hijos caídos.

*
“El fuego intenso duró 29 minutos. Luego los disparos decrecieron pero no acabaron... Los tiros salían de muchas direcciones y las ráfagas de las ametralladoras zumbaban en todas partes.”

*
En discurso inconexo,
lobos aturdidos por la carne.

La justicia
—porque así sucede en mi país—
es sótano
de sombras cómplices.

Y jamás se desvanecen.

*
“¿Cuántos murieron?... -El periódico inglés The Guardian, tras una investigación cuidadosa, considera como la más probable: 325 muertos.- Los heridos deben haber sido miles, lo mismo que las personas aprehendidas. El 2 de octubre de 1968 terminó el movimiento estudiantil. También terminó una época de la historia de México… La actitud gubernamental. ¿Cómo explicarla?… La matanza de Tlatelolco nos revela que un pasado que creíamos enterrado está vivo e irrumpe entre nosotros.” (“Los muertos de Tlatelolco, ¿cuántos fueron?”, Aristegui, noticias)

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Ilustraciones | Pinterest

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ACERCAMIENTOS Cumplimiento de la voluntad | Nadia Contreras


Hace unos días, en Saltillo Coahuila, en el marco del Segundo Encuentro Internacional de Poesía Manuel Acuña 2014 (3 al 7 de septiembre), se presentó mi libro Cumplimiento de la voluntad (Secretaría de Cultura del Estado de Coahuila, Col. Arena de Poesía, 2014). Es una edición a cargo del también escritor Miguel Gaona, que recoge mis poemas escritos y publicados desde 1999 al 2014. La invitación de Miguel fue para mí una sorpresa porque creo que las antologías personales corresponden a los escritores verdaderamente reconocidos en el arte de trabajar con las palabras. Yo soy aprendiz, lo digo, porque hasta el día de hoy mis titubeos y temores son tan intensos como si se tratara de montar una bicicleta o calzarme unos patines. Dos actividades que jamás he podido realizar. 

La antología, más allá del lector (espero sean muchos), pertenece a las ciudades que me han visto crecer. En ella, hay mucho de Quesería y Colima. Mis primeros libros hacen referencia a esa parte de mi infancia y adolescencia que convive directamente con los cañaverales, los campos de milpa, las avenidas de una ciudad que es siempre primavera. Salvador Silva Padilla, Yolanda Orozco, Víctor Manuel Cárdenas, Guillermina Cuevas, Sergio Briceño González, y muchas personas más, pusieron su confianza en mi trabajo y los libros poco a poco comenzaron a salir primero en Colima, luego, con el apoyo de otras tantas, en el resto del país. En Torreón, el apoyo ha sido incondicional: Gaby Nava, Jaime Muñoz Vargas, Julio César Félix, Sofía García Camil, Cristina Matuk, Julián Herbert... la lista es larga, interminable. 

A petición de Miguel Gaona, escribí algunas consideraciones sobre esta reunión de poemas; consideraciones que a manera de prólogo titulé:  “Contar otras vidas”:

I
Mi primer libro lo publiqué a mis veintidós años. A partir de ese momento, han aparecido poco a poco, en diferentes editoriales del país y tengo la alegría de saber que han gustado a más de una persona. Vivo en otra ciudad. De Colima a La laguna, como escribió Vicente Alonso, en su columna “El Síndrome de Esquilo”. Comencé a escribir con el propósito de contar mi vida. 

II
Volver sobre los libros personales tiene mucho que ver con aquellos lugares de la vida, su felicidad o su fractura. Frente al espejo, la muchacha que fui en el punto donde la oscuridad se inventa a sí misma. Porque fui triste y nombré tantas veces el suicidio. 

III
a) La escritura comienza y termina en este cuarto de paredes asalmonadas. Todo lo que ustedes leen se ha escrito aquí. Mi conversación íntima.
b) Mi escritura no tiene preferencias políticas, ni de grupos, ni pretende llamar la atención. Se arroja como quien decididamente cruza una puerta o una ventana.
c) Creo en la mirada, ahí el paisaje transparente o manchas. Manchas (retorno a Michaux) derrumbándose en pequeños fragmentos. 
d) ¿Qué quedaría, qué existiría luego del genocidio, la enfermedad, los crímenes, la explotación de recursos naturales, la justicia pisoteada, las mujeres, los niños… si nos arrebataran también la escritura?

IV
Mi último libro publicado es Visiones de la patria muerta. Con los años, contar una vida, otras vidas. La patria muerta que se lleva en la piel, en el alma. Angélica López Gándara ha dicho: “Así, los restos de la patria se recogen en bolsas negras de plástico y los anuncios del país se hacen en narcomantas. En las ciudades, la delincuencia organizada se vuelve empresa. Los lugares y las bocas de los gobernantes se llenan de policía investigadora. Los occisos, unos sobre otros, se apilan en la morgue trasformada en fosa común. En las estadísticas se registran puntualmente los desaparecidos. Eso sí, hay que saber contar”. 

V
Parece mentira que la escritura parta de la tranquilidad de mis días felices, pero sin duda, es la línea recta que siguen mis pasos. 

Les comparto el siguiente poema que corresponde al libro Presencias (2008)

La danza en el granero, 1895
Alfdan Egedius

El hambre, hecha úlcera en el espiral
de las tripas,
lo encarece todo 
y a la vez los abarata.
Difícil comprar las caras felices de los niños;  
fácil, la ruta del vacío.
En el centro del cuadro, sin embargo, 
no sucede nada.
En escenario difuso
la pareja baila una música sin acordes.
(Al fondo, son un escenario más
los sacos de semilla y las barricas). 
En su intento por desviar los ojos
–no hay alma que soporte el horror–
el artista, como un manchón de luz, 
huye por el agujero de un cielo abierto.

Twitter:@contreras_nadia



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ACERCAMIENTOS Galería de memoria vital. Apuntes en torno al libro Las siete cabritas de Elena Poniatowska | Nadia Contreras

Elena Poniatowska (París, Francia; 19 de mayo de 1932) cree en la memoria como capacidad cognitiva y paraíso documental. Las siete cabritas (Era, 2000), es un libro que recurre a esta última. La autora echa mano de entrevistas, cartas, obras, comentarios críticos, anécdotas y recuerdos personales, para configurar las biografías de Frida Kahlo, pintora; Nahui Olin, símbolo de la liberación femenina; Pita Amor, poeta; Rosario Castellanos, poeta y novelista; María Izquierdo, pintora; Elena Garro, novelista y cuentista; y Nellie Campobello, autora de textos extraordinarios sobre la Revolución Mexicana. Escribir un libro así, si pensamos en la construcción del personaje, lleva sus riesgos: 

a) Un dato mal acomodado o referenciado cambia el curso de la historia, deriva en una proyección errónea. 
b) Los datos reunidos, una vez interpretados y llevados a la hoja, deben hacerlo palpable, único, irrepetible.
c) Hacer de su contexto una casa en la que pueda ir y venir sin tropiezos. 
d) La dirección de la objetividad aún se enfatice una y otra vez el desacuerdo. 
e) El manejo de cada una de las historias, detalles, aventuras, registros de su cosmovisión. 

Poniatowska escribe un libro de mujeres intrépidas. Son cabras, no gatitas, no yeguas. Son bravas, bravísimas, aventadas, locas, centelleantes como “Las siete hermanas de la bóveda celeste”. Es a la vez un libro que pone en evidencia, por un lado, la historia de México, y por el otro, la lucha de las mujeres en una sociedad machista. 

El tema de este libro es la ambición colérica de cada una, independientemente de la enfermedad, el desamor, el olvido. Aquí algunos ejemplos: 

a) “Todo lo pinté, mis labios, mis uñas rojo-sangre, mis párpados, mis orejas, mis pestañas, mis corsés, uno tras otro, mi nacimiento, mi sueño, mis dedos de los pies, mi desnudez, mi sangre, mi sangre, mi sangre, la sangre que salió de mi cuerpo y volvieron a meterme.” (Frida Kahlo)
b) Nahui no sólo era un relámpago verde sino una mujer culta que amaba el arte, hablaba de la teoría de la relatividad, habría discutido con Einstein de ser posible, tocaba el piano y componía, sabía juzgar una obra de arte y creía en Dios. “Eres Dios, ámame como a Dios, ámame como todos los dioses juntos.” 
c) Antonin Artaud vio el rojo predominante de los cuadros de María Izquierdo como “oscuro color del fuego. Sus pinturas no evocan un mundo en ruinas, sino un mundo que se está rehaciendo […] Toda su pintura se desarrolla en ese color de lava fría, con esa penumbra de volcán. Y esto es lo que le da carácter inquietante, único entre las pinturas de México: lleva el destello de un mundo en formación.”
d) Para Beatriz Espejo, Elena Garro “era una especie de hechicera o alquimista de las palabras. Tenía el don de la creación: todo lo que pasaba por su mente se convertía en literatura.” 
e) Marta Portal escribe en su libro Proceso narrativo de la revolución mexicana que Nellie Campobello “presenta una visión virgen de la revolución”. La propia Nellie lo dice claramente: “Yo tenía los ojos abiertos, mi espíritu volaba para encontrar imágenes de muertos, de fusilados; me gustaba oír aquellas narraciones de tragedia, me parecía verlo y oírlo todo.”

El libro también destaca el aspecto frágil, la vida llevada al límite, el desorden. En este sentido, la autora, que ha sido distinguida con numerosos premios, entre ellos el Premio Cervantes 2013, busca comprender los momentos que precipitan y desencadenan la creación. Los ejemplos son claros: Kahlo, por ejemplo, envuelta en un cuerpo que la traiciona y unida a Diego Rivera, su zapo-rana le pone los cuernos. Ella dice: “Yo soy la desintegración”. 

Para Elena Garro la muerte es vivir para siempre. El enfrentamiento es contra ella misma: “A mí la vida me ha pegado mucho muy duro. Hay días difíciles y amargos. Los felices se van rápido y las desdichas te duran y duran y dices: ¿cuándo saldré de esto?”; “¿Con qué voy a pagar la cuenta?”; “Me roban, me atacan, no reconocen mis méritos, me odian, me quieren eliminar, me atosigan.” 

Rosario Castellanos, es ejemplo aparte, su situación depresiva no la privó de trabajar y escribir. El desamor lo llevó a sus últimas consecuencias. Ricardo determinó en ella el efecto de susceptibilidad: “Nunca pensé que se pudiera necesitar tanto a nadie, como yo te necesito a ti”; “Hoy para entretenernos organizamos una diversión que nos tuvo ocupados toda la mañana: Raúl (su hermano) me rapó. Primero con unas tijeras; zas, afuera los mechones de pelo: luego, con otras tijeras más finas, cortarlo hasta dejarlo pequeñito. Por último con la máquina de afeitar. Me dejó la cabeza reluciente, pulida, lisa.” Rosario Castellanos se revalora y finalmente “en un acto de autoestima, se separa y pide el divorcio.”

Poniatowska escribe para denunciar, para agitar conciencias y recuperar la memoria por la que apuesta. Su literatura es un discurso que viene del pueblo y se dirige a él. Sin cometer errores retribuye lo que éste le brinda. En el discurso que pronunció al recibir el Premio Cervantes, entregado el 23 de abril del 2014 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid, España) dice: “desde 1953, aparecieron en la ciudad muchos personajes de a pie semejantes a los que don Quijote y su fiel escudero encuentran en su camino, un barbero, un cuidador de cabras [...]. Antes, en México, el cartero traía uniforme cepillado y gorra azul y ahora ya ni se anuncia con su silbato, solo avienta bajo la puerta la correspondencia que saca de su desvencijada mochila”; “el poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos.”

La autora de Tinísima (Era, 1993) y Leonora  (Seix Barral, 2011) entre otros libros, reconstruye hechos, recuerdos precisos, conversaciones en diferentes entornos. Tomo varios ejemplos: “Pita Amor, pudo participar de la vida artística de México gracias a su hermana Carito, colaboradora de Carlos Chávez y fundadora de la Galería de Arte Mexicano […] A esta galería, acondicionada en el sótano de la casa de los Amor, llegaron Orozco, Rivera, Siqueiros, Julio Castellanos y la joven Pita se hizo amiga de Juan Soriano, Roberto Montenegro, Antonio Peláez”; “México es un cohete al aire, irradia luz. Nadie en Europa permanece indiferente a las nuevas culturas escondidas dentro de la jungla americana. Los arqueólogos no pueden creer que, bajo los árboles, las pirámides se multipliquen. Mesoamérica podría ser la Grecia del Nuevo Continente”; “En las dependencias oficiales los indígenas venidos desde su tierra esperaban horas, días semanas, durmiendo en la calle […] Elena Garro se indignó y se convirtió en su defensora y les exigió a gobernadores, banqueros, a terratenientes la devolución de las hectáreas de tierra que les habían expropiado para construir sus casas de campo con alberca en Cuernavaca”; “Nellie Campobello vivió la revolución, fue parte de ella, conoció la indignación, tuvo arranques de cólera frente a la injusticia, dividió el mundo entre buenos y malos.”

México ha cambiado, en cierta forma. No hace falta mirar con atención para descubrir la inconformidad en rostros y manos. El término “inconformidad” queda corto. A diferencia de la literatura (retomo aquí una frase de Antonio Muñoz Molina) que nace de lo no visto y se cuenta como si se tuviera delante de los ojos, Poniatowska mira y vive lo escrito. Por ello, su memoria es tan fiel a los acontecimientos. Queda claro, cuando se concluye la lectura del libro, que el futuro no tiene sentido si el pasado está fuera de nuestro conocimiento. El presente, por esta misma circunstancia, es irrelevante. 



Las siete cabritas
Elena Poniatowska
Ed. Era. 
México, 2000
Págs. 177

También pueden leer este texto en la revista Timonel, Núm. 13, mayo 2014, págs, 28-29. 

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Cicatriz | Tanya de Fonz


Para Carlos Edmundo de Ory
y Laura Lachéroy de Ory

Corro dentro de mí
como judía en el holocausto
como mujer embarazada de Acteal
como niña quemada de Hiroshima
como poeta en el gulag
corro dentro de mí
me encuentro con otros
que también van corriendo
sin saber a dónde vamos
a dónde acudir
en dónde guarecer nuestras manos
nuestra boca desdentada
nuestros cuerpos hechos hilo
corremos dentro de nosotros
somos nosotros mismos quienes nos perseguimos
no nos alcanzamos
cuando nos alcanzamos
ya estamos a un paso de ser nuevamente polvo
cicatriz del alba
cicatriz del tiempo
cicatriz de siglos
Cicatriz encerrada
clausurada
cicatriz en la mejilla
golpeada
de Dios.


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Los pechos de Magaly | Silvia Tomasa Rivera


Los pechos de Magaly
son dos enormes girasoles
que penden de su cuerpo.
Atropellan desconocidos
y se desbordan sin recelo.
La cintura no es estrecha,
pero la curva de sus caderas
es como para entrar en la vida
y no salir sobria.
Su monte de venus…
un inmenso clavel negro.

Yo quisiera leer los pechos de Magaly
y encontrar a Dios entre sus piernas.


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POESÍA Pretextos para romper un nombre | Nadia Contreras


I
Este será mi último intento.
La historia de Rogelio
(lo llamaré así, para hablar cómodamente
de un tiempo agazapado en la culpa,
mezcla entre un pasado y un presente
desastrosos),
transcurre en el interior de un vaso con vino.
El hecho de beberlo acortó distancias,
inventó gestos, destruyó
la buena voluntad
de los domingos en la plaza.
Con un lenguaje de caballos desbocados
habla sin tregua.

II
Lo conocí mientras repartía volantes
de un partido político.
Salimos un par de veces.
Cuando su cuerpo sobre el mío
fue bocanada de agua ardiente,
entendí que la pesadilla
es un viaje sin escalas.
Sus hijos, con ojos de hambre,
esperaban en la habitación contigua.

III
Para el amor siempre habrá un regreso.
¿Tú qué dices?
Recuperaré las mañanas sobrias,
el trabajo,
el amor de mis hijos.
Ha llegado la hora del arrepentimiento.
Al día siguiente lo encontré,
apretando con manos fuertes el último trago.

Era un esqueleto sin dientes,
con la orina creciéndole hacia abajo.

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ACERCAMIENTOS Visiones de la patria muerta, libro de poemas de Nadia Contreras | Alfredo Loera, escritor


Siempre he pensado que las palabras no son capaces de nombrar las cosas del mundo. Cada vez que uno intenta describir algo, narrar algo, decirlo, una especie de vacío se va formando paralelamente a la construcción del discurso. Las palabras sólo pueden alumbrar ciertos rasgos de lo que se habla, mientras que oscurecen otras partes que no por estar en la penumbra dejan de ser importantes. Una persona torpe con las palabras no se percata de esto y quizá piensa que lo que dice, que lo que pronuncia abarca todo lo que experimenta. Por supuesto que casi siempre el mensaje que esta persona puede dar resultará fallido y erróneo.

El escritor y principalmente el poeta constantemente se enfrentan a esta circunstancia. ¿Cómo decir de un modo preciso lo que se experimenta? ¿Cómo transmitir de un modo real y sincero lo que ocurre en el mundo? ¿Cómo volver a experimentarlo en el otro? Desde luego que estas preguntas no pueden responderse de un modo rápido y sencillo, no existe una receta y llegar a dicho lugar de consciencia respecto al lenguaje requiere un poco más que de perspicacia. Creo que esta circunstancia se radicaliza cuando eso que se experimenta está estrechamente relacionado con aquello que comprendemos como el horror.

El horror aquí debe entenderse como algo mucho más profundo que una simple anécdota grotesca o espeluznante, sino más bien como lo incomprensible de las conductas humanas, mismas que en la mayoría de los casos acarrean la destrucción de nuestra especie o al menos la destrucción de las normas civiles. El horror en este sentido está mucho más relacionado con la siguiente pregunta: ¿Qué atavismos, qué interrelaciones sociales y psicológicas llevan a los habitantes de un país a decapitarse en masa, demostrando con esto que toda la supuesta civilidad o desarrollo social alcanzado no era más que una ilusión? El horror en el caso de los poemas de Visiones de la patria muerta se emparenta con la erradicación del hombre como idea y de la experiencia que se sufre al descubrir que se vive en una sociedad con conductas muy poco relacionadas con esa idea de hombre, como ser integral y superior a cualquier otra especie. A lo que me refiero es que el horror se presenta cuando el hombre no sabe lo que es, cuando se descubre que es capaz de actos que supuestamente no estarían en sus posibilidades. ¿Qué es el hombre cuando descuartiza a otro hombre? Y ¿Qué es el hombre descuartizado? ¿Los dos siguen siendo hombres? ¿Y si es así, entonces como insertar dichas conductas con esa idea que he mencionado, generada a través de los siglos, acerca de eso que también llamamos el hombre moderno, con todos sus derechos y obligaciones? ¿Qué es lo cierto y qué es lo falso en nosotros?

Preguntas difíciles y dadas las condiciones actuales aún sin respuesta. Pero por otra parte creo que la única manera de comenzar a comprender lo que nos ocurre como sociedad y como especie es a partir de libros como el que Nadia Contreras nos presenta esta tarde.

Nadia Contreras sabe que el horror no puede decirse de un modo directo. Veo a nuestra poeta tratando de decir el horror que esta ciudad ha vivido en los últimos años. La veo comenzar a escribir, pero luego después de los primeros intentos, la veo detenerse y cuestionarse y darse cuenta que esto no puede decirse, hay una especie se incoherencia en los actos que describe y que poetiza, pareciera que las palabras a pesar de todo aún permanecen sin sentido. Incluso aún más contradictorio, pareciera que las palabras comenzarían a perder sus significados precisamente porque comienzan a decir esas experiencias desoladoras que constantemente aparecen en los periódicos.

Cualquier otro autor habría dado por fallida la empresa. Habría dicho, “esto no puede decirse a través de la poesía. La violencia, la muerte, son mucho más potentes que las palabras y estas últimas no pueden alcanzarla.” El valor del libro de Nadia se erige en esta disyuntiva, ¿cómo poetizar la muerte violenta sin caer en los lugares comunes, en el panfleto o en la frivolidad, cómo hacerlo sin ser oportunista? Es muy tentador hacerse fama con base en la desgracia colectiva. Eso me trae a la memoria una anécdota. Cuando ocurrió el temblor del 85 en la Ciudad de México, muchos poetas se vieron tentados a hacer el gran poema de esa tragedia. Los más sensatos se contuvieron y prefirieron no escribir nada al respecto. No sé en donde leí que José Emilio Pacheco comentó que no había la distancia suficiente para hablar de dicho acontecimiento. Por supuesto, que Pacheco tenía razones muy legítimas para no escribir al respecto. Sin embargo, a veces considero que también hay que dejar un testimonio de primera mano. No todo tiene que ser demasiado solemne, demasiado precavido; la precaución también puede ser muy costosa, especialmente cuando se trata de denunciar las atrocidades que sufre un país. Alguien tiene que hacer, digámoslo así, el trabajo sucio y comenzar a hablar de las cosas que una sociedad experimenta por primera vez o cosas que de las cuales se había olvidado por completo y de las que se tiene la sensación de que se experimentan por primera vez (porque habría de decir que los escenarios actuales de México tienen toda una gama de antecedentes históricos). Alguien debe comenzar a abrir camino, alguien debe empezar a experimentar.

Nadia Contreras en este sentido nos presenta un poemario en cierto grado experimental. Nuestra autora, con base en algunos de los problemas estéticos que he mencionado, pareciera que recurre al collage. El libro nos presenta en cada poema alguna nota, algún comentario relacionado con algún tópico de actualidad y luego como en un dialogo se busca dar alguna interpretación. Es la poeta dándole nombre a lo que de primera instancia se presenta crudo, en acto, pero sin significado, sin interpretación. El libro así va generando una estructura, una conversación en la que las dos partes se van complementando, para dar una visión mucho más perfecta de eso que hemos preferido llamar contingentemente la violencia, el narcotráfico, la recesión económica, la discriminación.

Visiones de la patria muerta es así no sólo un poemario sino también un testimonio. Uno de los valores de la obra es que no está escrita desde afuera, como lo haría un periodista que viene a nuestra ciudad (y vaya que ha habido varios) para sacar un reportaje que le dé fama, sino que está escrito desde adentro, desde el encierro que hemos sufrido, desde el aislamiento y desde la impotencia ante lo que vemos. Nadia Contreras no está buscando darse fama con lo que está escrito, sino que trata de decir lo que se experimenta de un modo honesto, como si fuera necesario dejar algo para los que vendrán después; para que empecemos también a comprender lo que estamos viviendo inmersos en este caos.

La voz de estos poemas es la voz que podría estar en alguien como nosotros. Es una voz interior que trata de dialogar con una voz exterior, impuesta, por los medios y por los hechos de los cuales somos testigos. En este contrapunto podemos advertir que quizá toda esa información no es más que otra manera de confundirnos, algo que no basta, debido a que precisamente es un obstáculo para la comunicación entre los individuos. Otro rasgo muy importante construido dentro de este poemario es la búsqueda por una salida, por una solución. No basta con que se nos diga lo que ya sabemos, sino que también es imperante dibujar una tercera vía. Algo que el lector pueda tomar para sí mismo, algo con lo que pueda dialogar.

Nadia Contreras apuesta por la vida. A pesar de lo crudo de las temáticas en el poemario se advierte un tono esperanzador, sin caer en la ingenuidad. No se es ingenuo por creer en la vida. En últimos tiempos hemos creído que el que tiene esperanzas es un poco tonto. Desde luego que eso sólo demuestra la inmadurez que sufrimos como sociedad.

Visiones de la patria muerta es un libro que trata de hacernos advertir que en nuestro interior podemos encontrar eso que no podemos comprender afuera. De ahí el diálogo entre la voz externa, de las notas periodísticas impersonales, y la voz interna de la poeta que nos acerca a nosotros mismos, contradictoriamente, a través de la crudeza. En los poemas de Nadia Contreras puede distinguirse una intuición profunda acerca de lo que por ahora parecía innombrable. Eso que había quedado hasta ahora únicamente en los periódicos sin que pudiéramos verdaderamente familiarizarnos. Aquella persona que lea este libro podrá encontrar un espejo, una comunión con aquello que nos asalta violentamente en el tráfico, en la noche, o en el lugar menos pensado, eso que, como dije anteriormente, hemos decidido llamar simplemente la violencia. Veamos:

Me atrinchero en mi guarida.

En medio del día

o de la noche,
los oídos abiertos
al idioma sordo de las balas.

En la mira de no sé quien,

el miedo acalambra las piernas
y los sueños.

Hay orillas que no se alcanzan. 



(Texto leído en la presentación del libro el 26 de junio de 2014, 


en el Museo Regional de la Laguna, Torreón, Coahuila).
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CRÓNICA Atrapar el tiempo | Nadia Contreras


El sol sobre la fachada de una iglesia, los vestigios de un hospital o una escuela, el letrero que advierte el paso del tren. De pronto, sobre nosotros su incendio. Ya no saldrán las fotos, me dicen, y yo ajusto la cámara. Se ríe M cuando mira la imagen: un rayón de luz sobre el lienzo quemado. Yu habla de esas manchas que deforman el cerebro y lo contradicen.

Enfocar el paisaje, insistir en los detalles, el color del desierto, los reflejos de las piedras en el límite de los caminos. La cámara fotográfica y la escritura.

Llegamos a Ciudad Frontera. Media hora después tenemos los permisos. Nos ha quedado un sin sabor. El hombre uniformado nos trató mal, L tuvo la sensación de que nos negaría la entrada.

Todo ocurre muy rápido. La familia de F, mi esposo, es familia de viajes. De una ciudad a otra, de un país a otro, la pasión por mirar las luces en rostros desconocidos. Estremece pensar en quienes se internan en los desiertos, bajo el cielo de la soledad, el frío, la incertidumbre. Leí: “México continúa expulsando más migrantes de los que han retornado al país y la explicación es sencilla: Estados Unidos está comenzado a mostrar signos de recuperación, pues su tasa de desempleo ha disminuido (de 2010 fue de 9.6 por ciento y en 2013 es de 7.4 por ciento); como consecuencia, los flujos migratorios vuelven a responder”.

El cielo se cierra. El mundo se hunde en los faros encendidos de los autos. Se hunden el viento, la velocidad. Avanzan, sí, con acelerador firme.

Volvemos a la carretera. L al volante. En la parte trasera del auto Yu, M y yo, apretados como deben ser los sentimientos de las familias. F pone música.

Mi padre y mi madre son viajeros incansables. Conozco mi país por mis padres. Luego, los viajes personales. Hay, sin embargo, una nebulosa sobre ese tiempo, una mancha como la que oscurece al cerebro. Imágenes sueltas:

Seguir leyendo en CONFABULARIO (Junio 14, 2014)
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CUENTO El mundo de ensueño | Melissa Cornejo Rivera


Alguna vez había sido una mujer bella. De rostro fino, la piel tan suave como la seda, los ojos almendrados, nariz puntiaguda y perfecta, labios carnosos, siempre con una sonrisa. Sin embargo, no sólo el tiempo la había arruinado. La soledad había oscurecido su alma, enseñándole pensamientos dañinos, tanto para su salud como para su ser. El clima frío la volvía renegada e irritable. Toda su belleza se había desintegrado, llevándose con ello, su personalidad, su forma de ser. Ella no esperaba que alguien entendiera su caso. Alguna vez, la gente la había admirado, había sido reclamada por los hombres, había sido “perfecta”. Pero la perfección se acabó. Ahora, ella volvía del trabajo, encorvada por el cansancio, cargando en ambos brazos montañas de libros y cuadernos, con la bolsa colgando de su brazo. Las ojeras resaltaban aún más que sus ojos, grises, mostrando su tristeza. El ceño fruncido, maldiciendo en voz baja a todo aquél que se había metido en su camino. El niño que jugaba con la pelota. La mujer que cargaba a un bebé en brazos. La niña del triciclo. El hombre del correo, el que siempre llegaba con una irritante e insolente sonrisa. Su jefe, el que le había obligado a quedarse más horas en el trabajo, por sólo un cuarto más de paga.
         Ella alguna vez había vivido en un mundo de ensueño, en donde todo salía tal como ella quería. En donde nadie la obligaba a hacer nada. En donde todos abrían el paso para que ella pudiese avanzar, y llegaba a su hogar, chimenea prendida, la luna en el cielo, y sin ningún deber u obligación colgando de sus brazos. Ahora podía sentir las cadenas que la ataban de los tobillos a la realidad. Tristemente, la noche acababa, los sueños paraban y se despertaba, a la luz del sol, al canto del amanecer, para ver lo triste de la vida. Y ni siquiera el sueño eterno le daba lo que ella quería. Su deseo era imposible, casi tan imposible como el de la humanidad intentando vivir sin guerra. Un deseo, un sueño, sólo eso, nada más.


Melissa Cornejo Rivera. Alumna de séptimo de secundaria del Colegio Alemán Torreón.

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ACERCAMIENTOS La narrativa íntima de Aline Pettersson | Nadia Contreras


El amor y el desamor, la vida o la muerte, son binomios que tejen la narrativa de Aline Pettersson (México, Distrito Federal; 1938). Sus novelas, como ella misma lo afirma, no se refieren a los grandes estruendos de la vida, sino al rumor fuerte que nos habita, en esos abismos y barrancos que tenemos dentro.
“No sé por qué algunos artistas se quedan al margen y en su torre de marfil; cada quien sabe cómo actúa en la vida. A mí me queda claro cómo quiero actuar en la mía. Quizá hay quienes se sienten rebasados por los hechos históricos que nos toca vivir; yo no puedo, me siento comprometida”, escribe Aline.

Tantas veces la muerte

En la primera novela de Pettersson, Círculos, publicada en 1977 (contenida en Colores y sombras. Tres novelas, Conaculta, 2010), el vacío y la insatisfacción caen como una losa sobre los hombros de Ana. El alrededor de su vida es perfecto: casada, madre de tres hijos, una economía decorosa. No obstante, el tedio, la rutina, son círculos que giran en torno a la vida que pudo ser colmada. Ana despierta a la agonía: “El día comienza ya y yo no quiero, estoy cansada, muy cansada de dejar pasar uno después de otro, días que nada traen, días vacíos…”.  
           Un escenario semejante rodea la vida de Natalia. Pettersson, autora también de libros de poesía: Cautiva estoy de mí, Enmudeció mi playa y Ya era tarde, este último publicado por el Fondo de Cultura Económica en junio de 2013, devana la historia de Natalia y Brian, su matrimonio en pedazos. En el libro titilado Las muertes de Natalia Bauer, se aborda el hartazgo, el aburrimiento en torno a la mujer.  
           Hay diversas maneras de contar una historia y cada autor despliega trucos literarios que seducen maquiavélicamente al lector. La brevedad, el monólogo interior y el “teatro escrito”, son recursos que Pettersson maneja a la perfección. La mayoría de las novelas de la autora de Sombra ella misma, son breves y por ello la tensión dramática se ve fortalecida. El libro culmina cuando la vida de Natalia está a punto de extinguirse. Muy al contrario de lo que uno espera, esa brújula de la existencia perdida, Natalia se apropia del aliento del amor, le da forma (puede llamarse Vicente o Guillermo), lo matiza. La muerte es para el cuerpo no para un espíritu libre. Natalia no está sola:  

“Hombre: Qué suave es tu piel.
Mujer: Tampoco yo he olvidado el tacto de la tuya. No lo he olvidado nunca.
Hombre: Dejemos que el ruido del agua hable por nosotros. Yo no tengo palabras”.

Lo mismo ocurre con la novela Deseo (Alfaguara, 2011). A lo largo de 21 episodios, Leonora, niña y mujer, descubre las posibilidades de la pasión, del deseo heterosexual y lésbico. Los años 60 y 70 rompieron  (no del todo) las ataduras y Leonora se enfrenta a esos cambios. Son escenas que van desde la inocencia que despierta hasta los encuentros completamente carnales. Los sentidos, claro está, son muy importantes. Y el deseo, en esta novela, se liga a lo que se escucha, se mira, se siente. La curiosidad es el demonio y las niñas no pueden acercarse al altar. Y a veces, sólo a veces, Dios perdona:

“Por eso las niñas no pueden acercarse al altar, porque el Demonio se acerca siempre a ellas a murmurarles invitaciones para hacerlas pecar. Y las niñas suelen prestarle oídos. Si fue por culpa de Eva que todos perdieron el Paraíso. Fue por su culpa y la de todas las mujeres. ‘Y eternamente lo sea’. Pero también  Dios nos perdona. Leonora desea dentro de su  corazón amarlo siempre. El aroma del incienso la marea, por un momento siente cómo su alma está a punto de salir corriendo para decirles a Jesús y a la Virgen que ella va a ser buena. Que no le va a hacer caso a las tentaciones”.

La ganadora del Premio Latinoamericano y del Caribe Gabriela Mistral (1998), en una entrevista para el periódico La jornada (7/8/2011), comenta: “El hombre se va acondicionando en esa rutina y son estos cambios en contra de la rutina los que permiten un renacimiento interior en la gente”. Así es la vida de Leonora.

El mito en el centro del caos de la humanidad

Rosario Castellanos escribe: “¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve /la cara a la pared? /¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye? /¿Se echa uno a correr, como el que tiene /las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?”. Y este poema sustenta el impacto que toma al hombre por sorpresa y un chorro de sangre le mancha el pantalón.
           La noche de las hormigas (Alfaguara, 1997 y 2012) es la muerte de Alfonso Vigil, médico de profesión. La escena es la siguiente.

“¡Hijodeputa!
El impacto toma al hombre por sorpresa y lo hace trastabillar. Un chorro de sangre le mancha la pierna del pantalón, al tiempo que alcanza a ver cómo huyen con su cartera y su reloj. Cómo se pierden entre las sombras de los árboles. Cómo se confunden en la distancia. Sólo el rumor continuo de los coches. Mientras la noche avanza, recupera partes de su vida”.

Alfonso no sabe qué hacer; la muerte siempre será un acontecimiento imprevisto y quien la vive, así de pronto, no sabe si sujetarse a los hombros del pasado, o dejarse ir hacia lo más profundo de la noche. La muerte de Alfonso ocurre en dos tiempos: el mito y la realidad. Es decir, Elisa-Ifigenia y Alfonso. Estos discursos entrecruzan vida y muerte.
           Elisa (artista plástica tejedora de tapices), mujer de Alfonso, es un personaje muy importante dentro de la novela. Narrada en tercera persona y sujetándose al monólogo, Elisa teje en el mundo real un tapiz que intitula: “Las bodas de Ifigenia”. A semejanza del mito, lo llena de manchones de colores. Metafóricamente ella teje, también, la narración del mito de Ifigenia (que en la novela se marca en cursivas).
           La muerte de Alfonso es injusta pero no para la otra realidad del mito. El mito de Ifigenia lo salva. Luz Aurora Pimentel, en el prólogo al libro Obra reunida (Alfaguara 2011), califica como “travesía de voces” la obra de Pettersson. Así como la introspección es importante, lo serán los mitos, las citas, las evocaciones de la música y la pintura. Pimentel escribe:

“Una buena parte de la obra de Aline Pettersson es, en verdad, una ‘travesía de voces’. […] Lo hemos visto en Las muertes de Natalia Bauer, en donde, como en una suerte de bajo continuo musical, las constantes citas y alusiones a La muerte de Virgilio, de Hermann Broch, le dan una resonancia y una profundidad a la narración de Natalia, que de otro modo tal vez no tendría, minimizada como está por la forma misma de narrar, cotidiana, aparentemente inocua: el e-mail. Lo hemos visto también en Casi en silencio; el Orlando de Virginia Woolf orienta la lectura, le da voz y cuerpo andrógino a los diálogos virtuales de esta novela”.

La conciencia ante la incertidumbre y el abatimiento

La noche de las hormigas, titulada así por el hormigueo en el cuerpo de Vigil y en la anécdota de la infancia que lo detiene arriba de un hormiguero (a Ifigenia, las velas de las embarcaciones del ejército de su padre le parecen “puntos minúsculos como el ir y venir de hormigas”) y el conjunto de la obra de Pettersson es reflejo de la sociedad en que vivimos. El hombre vive en el corazón de la violencia y sobrevivir es privilegio de unos cuantos. El mundo de hoy arrebata la sonrisa de los niños, la dicha de las mujeres, la fuerza de los hombres. No hay soluciones. Y si las hay, corresponden a intereses particulares.

           A manera de colofón, cabe decir que la narrativa escrita por mujeres es muy interesante. Las propuestas son muchas pero caben las siguientes para adentrarse en esta literatura de sentidos muy amplios: En silencio, la lluvia (2008) de Silvia Molina; Saña (2007) de Margo Glantz; El tren pasa primero (2005) de Elena Poniatowska; La muerte me da (2007), La frontera más distante (2008) y Los muertos indóciles, necroescrituras y desapropiacion (2013) de Cristina Rivera Garza. 

También puedes leer este texto en Suplemento Siglo Nuevo del periódico El siglo de Torreón. 
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