ACERCAMIENTOS Cumplimiento de la voluntad | Nadia Contreras


Hace unos días, en Saltillo Coahuila, en el marco del Segundo Encuentro Internacional de Poesía Manuel Acuña 2014 (3 al 7 de septiembre), se presentó mi libro Cumplimiento de la voluntad (Secretaría de Cultura del Estado de Coahuila, Col. Arena de Poesía, 2014). Es una edición a cargo del también escritor Miguel Gaona, que recoge mis poemas escritos y publicados desde 1999 al 2014. La invitación de Miguel fue para mí una sorpresa porque creo que las antologías personales corresponden a los escritores verdaderamente reconocidos en el arte de trabajar con las palabras. Yo soy aprendiz, lo digo, porque hasta el día de hoy mis titubeos y temores son tan intensos como si se tratara de montar una bicicleta o calzarme unos patines. Dos actividades que jamás he podido realizar. 

La antología, más allá del lector (espero sean muchos), pertenece a las ciudades que me han visto crecer. En ella, hay mucho de Quesería y Colima. Mis primeros libros hacen referencia a esa parte de mi infancia y adolescencia que convive directamente con los cañaverales, los campos de milpa, las avenidas de una ciudad que es siempre primavera. Salvador Silva Padilla, Yolanda Orozco, Víctor Manuel Cárdenas, Guillermina Cuevas, Sergio Briceño González, y muchas personas más, pusieron su confianza en mi trabajo y los libros poco a poco comenzaron a salir primero en Colima, luego, con el apoyo de otras tantas, en el resto del país. En Torreón, el apoyo ha sido incondicional: Gaby Nava, Jaime Muñoz Vargas, Julio César Félix, Sofía García Camil, Cristina Matuk, Julián Herbert... la lista es larga, interminable. 

A petición de Miguel Gaona, escribí algunas consideraciones sobre esta reunión de poemas; consideraciones que a manera de prólogo titulé:  “Contar otras vidas”:

I
Mi primer libro lo publiqué a mis veintidós años. A partir de ese momento, han aparecido poco a poco, en diferentes editoriales del país y tengo la alegría de saber que han gustado a más de una persona. Vivo en otra ciudad. De Colima a La laguna, como escribió Vicente Alonso, en su columna “El Síndrome de Esquilo”. Comencé a escribir con el propósito de contar mi vida. 

II
Volver sobre los libros personales tiene mucho que ver con aquellos lugares de la vida, su felicidad o su fractura. Frente al espejo, la muchacha que fui en el punto donde la oscuridad se inventa a sí misma. Porque fui triste y nombré tantas veces el suicidio. 

III
a) La escritura comienza y termina en este cuarto de paredes asalmonadas. Todo lo que ustedes leen se ha escrito aquí. Mi conversación íntima.
b) Mi escritura no tiene preferencias políticas, ni de grupos, ni pretende llamar la atención. Se arroja como quien decididamente cruza una puerta o una ventana.
c) Creo en la mirada, ahí el paisaje transparente o manchas. Manchas (retorno a Michaux) derrumbándose en pequeños fragmentos. 
d) ¿Qué quedaría, qué existiría luego del genocidio, la enfermedad, los crímenes, la explotación de recursos naturales, la justicia pisoteada, las mujeres, los niños… si nos arrebataran también la escritura?

IV
Mi último libro publicado es Visiones de la patria muerta. Con los años, contar una vida, otras vidas. La patria muerta que se lleva en la piel, en el alma. Angélica López Gándara ha dicho: “Así, los restos de la patria se recogen en bolsas negras de plástico y los anuncios del país se hacen en narcomantas. En las ciudades, la delincuencia organizada se vuelve empresa. Los lugares y las bocas de los gobernantes se llenan de policía investigadora. Los occisos, unos sobre otros, se apilan en la morgue trasformada en fosa común. En las estadísticas se registran puntualmente los desaparecidos. Eso sí, hay que saber contar”. 

V
Parece mentira que la escritura parta de la tranquilidad de mis días felices, pero sin duda, es la línea recta que siguen mis pasos. 

Les comparto el siguiente poema que corresponde al libro Presencias (2008)

La danza en el granero, 1895
Alfdan Egedius

El hambre, hecha úlcera en el espiral
de las tripas,
lo encarece todo 
y a la vez los abarata.
Difícil comprar las caras felices de los niños;  
fácil, la ruta del vacío.
En el centro del cuadro, sin embargo, 
no sucede nada.
En escenario difuso
la pareja baila una música sin acordes.
(Al fondo, son un escenario más
los sacos de semilla y las barricas). 
En su intento por desviar los ojos
–no hay alma que soporte el horror–
el artista, como un manchón de luz, 
huye por el agujero de un cielo abierto.

Twitter:@contreras_nadia



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