POESÍA VISUAL Visibilizar | Marisol Vera Guerra

Proyecto poético visual donde exploro la relación entre mi cuerpo, el yo y la maternidad



Visibilizar ofende. El cuerpo femenino impacta como un territorio al que es tabú acceder visualmente. En especial cuando se rompe el esquema de la perfección estética (la impuesta culturalmente) y se llega a lo cotidiano.


Socialmente el cuerpo de la madre se invisibiliza. La piel herida, el pezón que alimenta, se vuelven tabú. Se le niegan a la mujer el derecho a sentir, ¿cómo puede amar y gozar plenamente su maternidad si no asume también el sentimiento de destierro, el duelo, la disolución y el renacimiento?


En nuestra sociedad patriarcal se concibe a los hijos como "separados" de la madre, cuando la construcción del yo del hijo se hará en gran medida a partir del yo materno, el cosmos-carne que lo engendra. Hemos mamado la filosofía, durante milenios, y la psicología más recientemente, desde la mirada de los hombres; hemos permitido que ellos nos desmenucen, nos diseccionen, nos acusen o nos intenten reparar; pero hasta que no se equilibre la ciencia con la mirada femenina, con el pensamiento instintivo de las que parimos, no se logrará un entendimiento pleno del desarrollo humano.


En mi búsqueda por comprender las fronteras del ser, ante mi horror hacia la etapa del embarazo y el dolor espantoso del parto, frente a la disociación que llega con cada hijo, desde hace siete años indago, experimento, a través de la fotografía. Porque creo que el arte puede revelar, con más brutalidad y belleza que cualquier análisis erudito, la relación del cuerpo con el Yo.





Cita Baudelaire cierta ocasión en que una prostituta lo acompañó al museo del Louvre y se tapaba el rostro, horrorizada, cada vez que veía un cuadro con desnudos: ¡cómo era posible que se exhibieran públicamente semejantes indecencias! Así como esta dama es nuestra sociedad, su doble moral, que consciente tácitamente la guerra, la mentira, la desigualdad, el adulterio, pero se escandaliza ante la naturalidad del cuerpo.




Asumo desde mi cuerpo mi propia existencia, porque mi cuerpo está hecho de caminos andados, de posibilidades y de memorias. Mi cuerpo es mi casa y la casa donde viven mis hijos. Nadie puede mirar en su interior más que aquél que me ame. Mi cuerpo es un templo habitado por varias almas y cada alma es un deseo que danza.



Aquellos que no pueden leer los lenguajes del cuerpo no entienden la belleza de sus células-versos, ni se estremecen con sus sonidos, pero estos seres están fuera de mí, no tienen la llave de la habitación más preciada, no se pueden robar mis joyas.

Los vampiros existen, los vampiros psíquicos que tratan de apoderarse de la realidad del otro. A menudo nuestra sociedad actúa como un vampirismo colectivo.

Me niego a entregar mi esencia a los que intentan arponear el corazón de mis palabras. Mi realidad es mía.


Amo mi cuerpo porque ha dado vida. Mi vientre está roto porque ha sido la casa de tres bebés. Mi rostro tiene huellas porque he vivido; mis ojos se han inundado de paisajes, mi boca de risas, palabras, gritos, murmullos, sollozos. La piel de mis pies está llena de cicatrices y durezas porque he caminado calles y subido por pendientes y saltado dentro de los ríos. Mis brazos sienten dolor porque han trabajado, arrullado niños, cargado mudanzas. Mis manos son ásperas porque han tocado las fibras de la palabra y de la caricia. Mi espalda está tensa porque lleva encima mi hogar, con sus memorias, con un jardín donde los rosales vuelven a florecer a pesar de las plagas.

No quiero un cuerpo sin cicatrices, sin callo, sin tejidos rotos, que esté vacío y nuevo, que no sepa aún del amor ni de la duda; que no haya perdonado ni sentido dolor. Mi cuerpo es mío. Yo habito en él. Cada sima y cada promontorio han sido forjados por la vida, con la savia de mis ancestros, y es allí por donde caminarán mis hijos.



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Marisol Vera Guerra. Escritora, editora y dibujante empírica. Su obra abarca los géneros de poesía, ensayo, narrativa y dramaturgia. Además experimenta con el videopoema y el performance. Coordinadora de talleres de escritura creativa y de fomento a la lectura. Ha publicado seis poemarios; sus libros más actuales son Canciones de espinas, Poetazos (2014) y Gasterópodo, Ediciones El Humo (2014), incluidos en la Enciclopedia de la Literatura en México, ELEM. Obra suya aparece en siete antologías, la más reciente: LA LUNA E I SERPENTI,  prima  antologia di landai ispanoamericani, Progetto 7Lune (2015). Becaria del ITCA en 2010 con la investigación literaria sobre la Huasteca: Imágenes de la fertilidad: canciones al hijo del viento. Su columna “Páginas de tierra” se publica en el periódico La Razón, de Tampico.

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RELATO Eduardo y Mónica* | Krishnamurti Góes dos Anjos


No es necesario un gran esfuerzo de invención y construcción ficticio para comprender un cuento con el tema que ese libro propone. Entre secuestros, tiroteos, robos y gemidos con que nos bombardean día y noche, nos invaden también otra sucesión frenética de imágenes: labios rojos y carnosos, pechos, nalgas, muslos y parejas en ímpetu de devorar-se unos a otros.
     Sin embargo, por increíble que pueda parecer, la inspiración en mi caso, no venía – es, a veces sucede – y el plazo para el cierre de la edición, y el editor a cobrarme por él teléfono: como es, ¿envía o no el texto? ¡Qué situación!
     Hasta que, dos días antes del día de la entrega del cuento, por una circunstancia fortuita, necesité coger el taxi para resolver otro problema. Pues. Fue en un taxi que el cuento ha surgido, así listo como va abajo –la inspiración tiene virtudes que ni siquiera el diablo sabe. Así, el cuento no es mío, es del taxero, sin embargo, no se preocupe el lector amigo, no se produce cualquiera pornografía explícita. Si por casualidad no haya verosimilitud, dé los créditos a la imaginación del conductor, y lo enterraron en las leyendas engendradas.

***

Doy con la mano en la concurrida avenida y un taxi, en una arriesgada maniobra, sale de la pista donde está frena cerca a mí. Coche nuevo, potente, último modelo. Los vidrios, automáticos, bajan lentamente y escucho la pregunta:
     –Corona, ¿para dónde vamos?
     Frente a una pregunta tan atrevida, pensé en retroceder, pero no había como. Una profusión de bocinas se queja de la interrupción del tránsito. Entré ceñudo. El joven conductor carraspea tímido y dice:
     –Usted perdóname el tratamiento, pero es la costumbre. Usted sabe…mí madre vive diciéndome que no debo hablar de esa forma con las personas mayores, perdona.
     Mi cara hocico se atenúa un poco y ordeno secamente:
     –Siga para Patamares, por favor.
     Los ojos del conductor brillan anticipando la carrera carnosa. Él le pregunta:
     –¿Tiene preferencia por la ruta? Podemos ir por la Paralela o por la orilla...
     – Por la orilla está bien.
     Nos quedamos por dos o tres minutos silenciosos, hasta que él me dijo:

     –Estoy aquí pensando cómo es esta vida… ¿usted sabe? Vengo del cementerio. Fui a un entierro. Una cosa horrible ¿sabe? Esta vida que cada uno tiene...


     –Sí, es verdad – Yo le respondí, pensando bajo otra perspectiva completamente distinta de la suya.
     –¿Usted sabe? En el cementerio vi a una persona a quien le gustaba. Una muchacha. Dios mío como he amado a aquella mujer...
     –¿Fue? – le pregunté, anticipando por mi turno, un hilo de cuento. La imaginación del escritor es más rápida que un coche de fórmula uno.
     – Fue. Me gustó, pero no he sido emparejado. Ella prefería otro tipo de hombre. Hombre con dinero, ¿sabe? – Y se calló por un rato hasta que mí curiosidad era más grande que su silencio:
     –Es verdad, esta vida tiene cada una... ¿Y usted la vio cómo? Me refiero a ¿cómo fue?
     –Estaba allí. Pero no había más aquella belleza, aquella gracia que había hace algunos años.     Estaba delgada, pálida, con un aspecto de cadáver. – Y volvió a callarse. Juro que en ese momento, si yo tuviera una arma, apuntaba para él y le decía: habla pronto peste. Cuéntalo todo. Sólo puede haber sido caso de crimen pasional. ¡Habla! Pero se volvió espontáneamente con melancolía:
     –Me acerqué a ella, la miré y ella no me reconoció. ¿Usted cree que ella no me reconoció?...
     –¿Verdad? Bien... a veces ocurre, en una situación igual a esa. De repente usted ha cambiado tanto físicamente, el tiempo realiza cambios importantes…
     –Es. Creo que ha sido eso. La última vez que la vi, yo debería tener mís dieciocho años. Hoy tengo veintiséis. Bien, ya han pasado ocho años. No sé... pero Mónica, Mónica es su nombre, ha cambiado mucho también, no se parece ni de lejos, con aquella bella mujer que paraba la calle cuando pasaba… ¡ni de lejos! Hasta que ella, en aquella época, caminó a darme la pelota, pero yo nunca sentí aquel frete massa de su parte
     –¿Frete massa?
     – Sí. Es decir, aquella atracción, aquella voluntad, aquél deseo que las mujeres demuestran cuando si les interesa. ¿Usted debe saber, no?
     – Sé. ¿entonces?
     – Entonces, ella conoció a un hombre así con el cuerpo curado y tatuado. Un hombre hijo de papá.      Buena apariencia, coche deportivo con sistema estéreo poderoso, trajes de marca famosa, teléfono celular, estas cosas que encantan a las chicas. Entonces usted ya puede imaginar. Fue aquella cosa pegajosa, aquél amor, incluso sin la aprobación de su madre. Doña María, buena dueña María… ella no quería. Yo sé porque conozco a Mónica desde la infancia, fuimos casi criados juntos. Doña María era funcionaria pública. Crió la hija allí, con toda atención, con toda la educación, sin marido. Una mujer muy correcta.

     El joven se detuvo. Yo muerto de curiosidad por preguntar: ¿quién mató quién, finalmente?
     –¿Y usted sabe cómo terminó esto?
     –Cómo?!


     –Ella se quedo con este hombre. Fue en la ola. Empezó a hacer trenza rasta, los pantalones en la ingle, silicona en las mamas, tatuajes… una locura. La criatura volvió la cabeza. ¿Eso es amor?     ¿Quién es este loco amor, que hace girar la cabeza de la persona? ¿Esto es amor? Usted, que es mayor, ¿me puede explicar?
     –Creo que ha habido, cada vez más, una inversión completa de valores. La gente piensa que el sexo es lo que conduce al amor, pero en verdad es el amor, el conocimiento de la otra persona primero, es que desemboca en él…
     –Y lo peor, lo peor usted sabrá ahora – interrumpió él entusiasmado con su historia y, en verdad, poco interesado en mis definiciones – lo peor, es lo que el bandido ha hecho con ella. La condujo a una posada en la Línea Verde, ha tenido relaciones sexuales con ella, y sin ella saber, ha filmado y grabado todo. Y, como si no fuera suficiente, lo puso todo en Internet. Mira usted, fue un escándalo sin precedente en el barrio donde vivimos. Mire usted, yo le digo, yo Eduardo Silva, te lo diré, yo que no tenía nada con ella, tuve ímpetu de llenarlo todo con balas. Te juro que tuve voluntad.
     –...
     – Fue eso. Unos pocos años se han pasado. Ella estaba tan devastada que fue para el interior, en la casa de familiares. La pobre madre, vivía sola y el caso no llegó a ninguna parte, sigue sin resolverse.      El tiempo ha pasado. Divertido, cuando amamos y el amor no es correspondido, parece que en su momento, va a morir de amor, pero después cuando el tiempo pasa a veces, pensamos que ha sido mejor que no haya ocurrido nada. ¿Usted sabe? Un amigo común me dijo hoy que ella vive en una capital del nordeste y que trabaja en un gran supermercado. Dijo que cambia de hombre como cambia de ropa. Bueno, pero esto es lo que él ha dicho. Nadie sabe si es verdad......
     –Pero cuénteme – inquirí – usted me dijo que hoy fue a un entierro. ¿Quién fue el cadáver, después de todo?
     –Doña María. Así como Dios quiera. Después de estos acontecimientos, la pobre nunca fue la misma. Tuvo dos ataques al corazón, ha sido operada, pero ahora tuvo otro fulminante. Disgusto también mata.
     –Sé. ¡Y cómo mata!
     Yo me limité a responder en el tiempo. Y me quedo aquí, en este último párrafo, a contestarme si un cuento así, incluso nos puede inspirar a una reflexión fecunda, como dice Giles algo así, “en medio de este acto emotivo del materialismo inmediato donde vivimos, y pisotea cualquier referencia, especialmente en las mentes pequeñas de los jóvenes”. Reflexión que seguramente no será observada “por los dueños de la todopoderosa máquina del consumo que nos mueve”. Nosotros escritores tenemos la costumbre de hacer los registros de esa naturaleza. Pero de todos modos, ¿quién piensa en los escritores?



(*) Nota del Autor: Este cuento fue originalmente diseñado a petición de un editor en Brasil y sería parte de la colección “Amor y el sexo son las Palabras – 19 narradores, sus estilos, intereses y verdades” no publicado aún.



Krishnamurti Góes dos Anjos (1960). Nació en Brasil - Bahia. Libros publicados: El Crimen de la Nueva Vía (Novela, 1999), Gato del techo (Cuentos, 2000), Um nuevo siglo (Cuentos, 2002) e Embrague intelecto y otros cuentos (2005). Ha participado de 22 colecciones y antologías, resultantes de algunos premios literarios. Trabaja como Responsable por los Programas de Planificación en la la Industria de la Construcción en Panamá.


Imagen de dominio público o que posee licencia Creative Commons. 

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DI(VAGACIONES) Apuntes para construir un poema | Marisol Vera Guerra



Una de las recomendaciones más valiosas a la hora de hacer poesía la encuentro en el “Arte poética” de Vicente Huidobro: “Por qué cantáis la rosa, ¡oh, poetas! Hacedla florecer en el poema”. Podrá parecernos lugar común, claro –como si hubiera lugares que no fueran comunes dentro de la literatura y develáramos con nuestra grandiosa inspiración el hilo negro del arte–, pero hacer que una rosa florezca en un poema requiere que le abonemos una buena dosis de imaginación a las letras.

La posmodernidad, más que ninguna otra época, ha hecho flexibles las fronteras entre los distintos géneros literarios. El poema contemporáneo coquetea a menudo con el aforismo, con el ensayo, con la narrativa, pero bueno, no deja de ser “poema”, y posee elementos que lo sustenten como tal. Quizá alguien muy conceptual pueda argumentarme –y tendrá una vasta justificación teórica– que todo puede ser un poema… sí, sí, el habla cotidiana, un anuncio de refrescos o un diagnóstico médico, todo es ficción, todo es literatura, todo es lo que ustedes quieran –ya lo dijo Bécquer, “poesía eres tú”–, pero en un plano formal sigue habiendo algo específico que consideremos, per se, como poema.


No tengo una fórmula, pero sí una serie de opiniones:

1. El poema debe sentirse, no explicarse; pongo un ejemplo, para escribir sobre un tema amoroso no necesariamente tenemos que usar la palabra “amor”, debe haber algo que nos haga sentir ese pulso amoroso. Algunos sustentan todo el peso de su texto en esa minúscula y manoseada palabra, y no es que no se deba usar, usémosla, pero resignificándola, y que el texto preferentemente no dependa de ella.

2. El poema ofrece varios niveles de lectura, que dependerán no solo del talento del poeta, sino del bagaje conceptual y de la sensibilidad de cada lector; pero a mi juicio, un buen poema –al menos el ideal– siempre deja “algo” al lector que le pone atención, así sea mucha o poca su “cultura literaria”; ya la forma, ya la imagen, ya el juego onomatopéyico, algo tocará sus fibras; raramente se irá el otro con la mirada vacía.

3. El poema no tiene como finalidad la comunicación. El sentido de la comunicación es transmitir un mensaje, y este mensaje idealmente debe ser interpretado del mismo modo por todos los receptores. Un buen comunicador (por ejemplo, un periodista) se destaca por no dar lugar a ambigüedades. Un poema que dice lo mismo a todos los lectores, a mi punto de vista, ha fracasado.

Mucho habrá qué decir al respecto, si algún día hallo la fórmula del poema perfecto, seguro la compartiré con ustedes.


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Marisol Vera Guerra. Escritora, editora y dibujante empírica. Su obra abarca los géneros de poesía, ensayo, narrativa y dramaturgia. Además experimenta con el videopoema y el performance. Coordinadora de talleres de escritura creativa y de fomento a la lectura. Ha publicado seis poemarios; sus libros más actuales son Canciones de espinas, Poetazos (2014) y Gasterópodo, Ediciones El Humo (2014), incluidos en la Enciclopedia de la Literatura en México, ELEM. Obra suya aparece en siete antologías, la más reciente: LA LUNA E I SERPENTI, prima antologia di landai ispanoamericani, Progetto 7Lune (2015). Becaria del ITCA en 2010 con la investigación literaria sobre la Huasteca: Imágenes de la fertilidad: canciones al hijo del viento. Su columna “Páginas de tierra” se publica en el periódico La Razón, de Tampico.
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EL TELAR DE ANGÉLICA Flaubert, el gourmet literario | Angélica López Gándara


Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880) fue hijo de un médico. Inició la carrera de Derecho, misma que abandonó al poco tiempo por problemas de salud. Esta circunstancia le animó a dedicar el resto de sus días a la literatura. En 1857 salió a la luz su primera novela, Madame Bovary, que provocó que fuera acusado, junto con su editor, de publicar contenidos inmorales, aunque finalmente fue absuelto por los tribunales. El escándalo que desató la demanda de inmoralidad hizo que su lanzamiento se detuviera por algún tiempo, pero como suele suceder en estos casos, la censura ayudó a acrecentar rápidamente al número de lectores. La novela ha pasado a la historia como una de las grandes obras de la literatura.

En Madame Bovary, Flaubert relata las vivencias de una mujer insatisfecha en su matrimonio y cómo esta circunstancia la lleva a tener aventuras amorosas extramaritales. La descripción del ambiente rural y el profundo análisis que realiza de los personajes completa el argumento de este drama. Flaubert también escribió Salambó en 1863 y La Tentación de San Antonio en 1874, entre otras obras. Flaubert experimentó un cariño sin límite por su criada y lo expresó en su novela Un corazón sencillo.

El perfecto dominio de la lengua hace que a Gustave Flaubert se le considere una figura magistral dentro de la literatura francesa. Otras de sus obras son: Diccionario de prejuicios, donde ordenó un número considerable de palabras con intención de mostrar que el uso que hace de ellas no necesariamente es el correcto, y demuestra que las opiniones de la mayoría terminan aprobándose. Otro es Estupidario, que es una recopilación de frases y citas que ponen en evidencia la vacuidad y estupidez del saber humano; presenta juicios sobre historia, arte y afirmaciones sobre el efecto nocivo de las novelas en las mujeres (dicha aseveración la repite en Madame Bovary), y comentarios sobre algunas enfermedades como la ninfomanía. Otra obra que habla de la estupidez del hombre es Bouvard y Pécuchet. Un escritor obsesionado por la idiocia humana.

Madame Bovary se puede encontrar en casi cualquier idioma, sin embargo, tanto en el inglés, como en el español y el italiano, la novela sigue siendo “Madame” en lugar de mistress, señora o madona. Sí, los traductores no traducen el título, lo dejan igual que el original, y hacen bien, porque Emma Bovary no puede ser otra cosa más que una gran “madam”: Madame Bovary.

La más famosa novela de Flaubert es para muchos un tratado de la infidelidad femenina y de suicidio, y es verdad, pero Madame Bovary es mucho más que eso. Es también un tratado de comida. Puedo asegurar esto porque tuve cuidado de anotar cada vez que hace menciones culinarias en su narración. Encontré que, en promedio, cada tres páginas hace una alusión al arte gastronómico. De allí el nombre de “Gourmet literario” en este ensayo. La primera mención que llamó mi atención fue en la boda de los Bovary, Carlos y Emma. Vaya manera de describir la comida: “Habían instalado la mesa bajo el cobertizo de las carretas. En ella cuatro solomillos asados, seis sartenadas de pollo, cazuelas de estofado de vaca y guisado de carnero, y en medio hermosos cochinillos asados, [...] las copas estaban llenas de vino hasta los bordes. Fuentes de crema amarilla que temblaban al más ligero movimiento de la mesa…”, y se sigue con los postres. De verdad que si uno no tiene el estómago lleno, la lectura de esta obra estimulará con mucha frecuencia la secreción gástrica, y si no se satisfacen tales apetitos acabará uno teniendo una buena gastritis. Otra de las descripciones de sabor es cuando presenta las exquisiteces en una fiesta de gala a la que acuden los esposos Bovary (que para desgracia del infeliz Carlos, médico de pueblo, solamente sirve de detonante para que a Emma Bovary, su esposa, le parezca muy poca cosa la vida junto a él). La misma descripción sazonada con vinos y grandes viandas aparece en La Tentación de San Antonio. Y sí que lo hace cuando la tentación es uno de los pecados capitales llamado gula.


Son pocos los minutos que se necesitan para que el lector desarrolle una adicción por Flaubert, tanto, que al terminar de leer su primera novela me invadió una sensación de abandono. Sufriendo nos deja Flaubert a los lectores que terminamos Madame Bovary. Padecemos por la muerte de los seres tan entrañables que nos regala. A esta extraña adicción a Madame Bovary se refiere Mario Vargas Llosa en La orgía perpetua, que quizá sea el más completo ensayo que se haya escrito sobre esta novela (después, por supuesto, de El idiota de la familia, de Jean Paul Sartre), donde expresa: “Desde las primeras líneas el poder de persuasión del libro operó en mi de manera fulminante, como un hechizo poderoso”.

Me gusta observar los retratos de los autores, y aunque en esas imágenes de poses cuidadas se puede decir que tratan de ocultar parte de su verdadera cara, siempre son reveladoras. En el caso de los retratos de este escritor francés, es posible concluir que realmente era un hombre muy afecto a la comida; robusto, de gesto hosco con ptosis palpebral (signo característico de la enfermedad de los músculos cansados conocida como miastenia gravis), o sea de la imposibilidad de levantar los párpados en su totalidad, por lo que siempre aparece con una mirada gacha. Aunque no se tienen muy claras las enfermedades que padeció, se sabe que desde muy joven sufría de convulsiones. También en varias biografías aseguran que estaba enfermo de sífilis. Y se le atribuye que su genialidad le vino en gran parte por la locura que le provocó la sífilis terciaria, algo muy cuestionable; y se dice lo mismo de varios genios sifilíticos, como Joyce, Daudet o Baudelaire. En la correspondencia con su amante Luisa Colet recrea su enfermedad: “Es extraño cómo mis canales se tapan, cómo todas mis llagas se cierran oponiendo un dique a las olas interiores. El pus cae adentro. Que nadie advierta el olor es todo lo que pido. Y tú, pobre querida, ¿curan tus llagas? Si soy yo quien las abrió, ¡ah, no poder besarlas para demostrarte al menos que verlas me hace sufrir! Pronto iré a París. Por un día, un solo día. ¿Me recibirás? ¿Querrás encontrarte conmigo?”. No obstante, no se tiene la certeza si estaba hablando metafóricamente sobre su dolor moral.

Madame Bovary es la historia de una mujer de pueblo, pero culta, que se casa nada más porque sí con un hombre mediocre, un médico pazguato (al que le va muy bien la frase: “El que sólo sabe de medicina, ni medicina sabe”). Yo llegué a sentir pena por el médico apocado, al que desde su entrada Flaubert le da un tratamiento de papanatas y tímido, y así lo expone: “Era una de esas pobres cosas cuya muda fealdad tiene profundidades de expresión como el rostro de un imbécil”. El hombre sin sensibilidad que no se entera que su esposa se aburre con él, que está imposibilitado para captar la frustración de su mujer, pues “la creía feliz, cuando su mujer empezaba a odiarle”. Emma, a la que todo el pueblo le parece poca cosa, ya que creía “que ciertos lugares eran propicios para la felicidad”. Emma Bovary se da cuenta de lo ordinario del marido cuando ella soñaba con un hombre de finos modales y sabio, pues “¿no debía un hombre conocerlo todo?”

Flaubert habla de toda la sociedad. De los artistas asegura: “Porque los grandes artistas encienden una vela a Dios y otra al diablo”. Habla de todos, y no pueden faltar los sacerdotes, a quienes critica: “Todos ellos se la pasan la vida empinando el codo [...] son unos farsantes que comen mejor que nosotros”.

En esta novela cada uno de los personajes hace su papel a la perfección. La suegra de Emma Bovary es la clásica mujer metiche: “Le ofende la felicidad de su hijo con su mujer”. Por eso suegra y nuera se odian. La vieja señora Bovary aborrece que su nuera lea novelas y obliga a su hijo a prohibírselas; le pide que deje de leerlas porque la pervierten.

Emma Bovary, la presencia de la pasión. La fogosidad desbordada que se vierte en dos amantes  ¾Rodolfo y León¾. Me decepcionó un poco la conducta de Emma Bovary porque no logra que sus amantes la amen, excepto su esposo. ¿Será porque se vuelve absurdamente posesiva?

Gustave Flaubert sabe perfectamente que no es verdad el dicho que asevera que: “a las palabras se las lleva el viento”, por eso trabaja arduamente en ellas. Bien dice que no existen sinónimos, sino la palabra exacta para lo que haya que expresar. Escritor tenaz que podía trabajar horas y horas sin parar, mantuvo correspondencia con grandes escritores, como Aurore Dupon, la primera mujer que usó pantalones, mejor conocida como George Sand, la amante del músico Federico Chopin, y de la que dijo en su funeral: “Murió un gran hombre”. En contra, se podría decir que él también fue una gran mujer, ya que aseguraba que “Hay cien mil mujeres que quieren ser Madame Bovary: Yo soy Madame Bovary”.

También se carteaba con Víctor Hugo y con el ruso Iván Turguéniev; a éste último le enviaba su opinión sobre alguna de sus obras: “Para calificar su última obra no encuentro otra palabra que ésta. Que es muy tonta: encantadora”. Donde además expresa la importancia del saber, sí, pero también de tener la capacidad de transmitirlo: “Sabe Ud. mucho de la vida, mi querido amigo, y sabe Ud. decir eso que sabe, lo que ya es más raro”.

Después de leer a Madame Bovary continué con otra obra de Flaubert: La Tentación de San Antonio, con la que una se siente verdaderamente extraña, pues la ambientación es muy diferente a la novela. Se trata de una obra mucho más complicada donde hay necesidad de conocimientos previos, pues habla de ciencia y mezcla varias mitologías. Igual da cuenta de los dioses griegos que a Buda o a Cristo.

Es la historia del ermitaño, mejor dicho, anacoreta, que es el hombre que renuncia a todo para encontrar la esencia de la vida. Plantea principalmente los problemas existenciales de siempre: quiénes somos, qué es lo realmente importante, y hacia dónde vamos.

Se ha dicho que El Retrato de Dorian Gray es el Fausto inglés, e igualmente se dice que La tentación de San Antonio es el Fausto francés. Pero a mí la obra de Flaubert me recordó más a La divina comedia de Dante, por el lenguaje, la estructura y los siete círculos de los pecados capitales (lujuria, pereza, gula, ira, envidia, codicia, soberbia), que por cierto, para seguir con la obsesión que Flaubert tenía con la comida, la primera tentación de Antonio son los manjares, es decir, la gula.

La relación con Fausto es más bien por la presencia del ser maligno, el antagónico de Dios. A Fausto le llega un enviado del “maligno” llamado Mefistófeles, a Antonio, en cambio, se le presenta el mismísimo diablo. Las dos narraciones están escritas como obras de teatro, a diferencia de El retrato de Dorian Gray, que es una novela. Considero que se parecen más entre sí Fausto, La tentación de San Antonio y La divina comedia; en las tres existen cuestionamientos religiosos (principalmente bíblicos), y en las tres concurren cuestionamientos científicos.  



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Angélica López Gándara. Autora del libro El peor de los pecados, es colaboradora permanente de la revista Siglo Nuevo, suplemento del periódico El Siglo de Torreón, donde también se ha desempeñado como editorialista. Ha publicado sus textos en las revistas Estepa del Nazas, La Manzana Cultural de Veracruz, Intermezzo, Edukt y Acequias, al igual que en los libros colectivos Enseñanza Superior, Voces del desierto, Sinfonía a dos voces, Cien puertas de Torreón y Coral para Enriqueta Ochoa. Obtuvo el Premio Estatal de Periodismo Cultural "Armando Fuentes Aguirre", en el 2000 y 2015. Ha participado en diferentes foros literarios y culturales de la región, como presentadora de libros y conferencista, principalmente; de igual forma ha colaborado con las principales instituciones culturales de la Comarca Lagunera.


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EMBRIONARIO Danzas | Magdalena Escareño



BREVE EPISODIO

Todo en mí está afuera, soy un soplo del que habla, una melancolía del que llora, risa del que sueña. Soy el de enfrente, sin cuerpo ni palabra, sin contorno. Rubor de luna. Humor de sol. Gracia de volcán. Fugitiva de mí, no siento el dolor porque soy el dolor.



BLANCO DESAFÍO

Brusco el ojo que se derrama sobre el cristal de lluvia. Polvo en frío que se desliza hasta el hueco de la caricia. No se está en ninguna parte ante el cúmulo de signos sin descifrar. Y con los puños tocaré las piedras. Con gritos rasgaré las sombras hasta encontrarme.



BAJAN SUBEN

Delicadas manos toman la semilla de la que se desea descubrir su tallo, su frondoso aroma, las sutiles texturas de sus hojas o de sus flores, de sus frutos en reposo. Recostarla en su lecho primario para que la lluvia la hinche de vida. Después, verla crecer buscando el cielo.



BAILE ESTÉTICO

La naturaleza se embriaga de danzas. No hay un sitio en donde no haga el viento los ensayos. Donde las horas no se fatigan de tanto gozo en movimiento. El sonar del otoño, una sinfonía en cada hoja escrita. En los inviernos, de mayor crudeza, la nieve cubierta de silencio.



BRISAS ENCANTADAS

Desde la profundidad marina un remolino imperceptible, poblado de hadas, se dirige hacia las palpitaciones de los seres heridos por el sol. En la tierra, desde que la noche busca su refugio abriendo ventanas a la tarde, brotan duendes y con sus cántaros diminutos van regando frescura a la memoria.



BUSCANDO HOYOS

Donde los huecos no llegan a ser más que vacío, se siente un dolor que no tiene nombre. No hay espejos ni sombras ni luciérnagas. Buscarse en ellos, es buscar la forma y el fondo de llenarlos. Allí habrá de sembrarse la semilla de lo desconocido, un suceso la germinará.




=
María Magdalena Escareño Torres (México, D.F. en 1956). Vive en Colima, Colima. Teatro Independiente Hiperestesia. Entre sus libros: Espejismos y lamentaciones, poesía emergente (2001), reimpresión en 2006; Hacia la profundidad de mi ojo, poesía intimista (2002), Diez años tras la palabra dramática, dramaturgia (2006), editados por NERFE Ediciones (Colima); Al filo de lienzo o fábulas de ayer, poesía para dos (2007) y Delirios en la sombra, narrativa breve (2007), editados por Acento editores (Guadalajara).

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ACERCAMIENTOS ¿Las poetas mexicanas son tan pocas? | Ignacio Ballester Pardo


La poesía mexicana contemporánea cuenta con muchísimas poetas. Lo confirman ellas en los festivales, presentaciones de libros, ferias y recitales. Las mujeres protagonizan tanto las escrituras como las lecturas, tanto las creaciones como las recepciones poéticas. Las aulas universitarias de la Licenciaturas en Letras hispánicas así lo demuestran. Desde México a España, el número de mujeres triplica al de hombres. Basta con participar en cualquiera de estas actividades para comprobarlo. Sin embargo, las selecciones poéticas contabilizan al revés: solo un tercio son mujeres. El machismo todavía es un lastre. Veamos la escasa presencia de la mujer en algunas de las recientes antologías de poesía mexicana.

De los 38 poetas de 359 Delicados (con filtro). Antología de la poesía actual en México (LOM, 2012), de Pedro Serrano y Carlos López Beltrán, las poetas representan menos de un tercio: 10 (Carmen Boullosa, Coral Bracho, Alicia García Bergua, Dana Gelinas, Claudia Hernández de Valle-Arizpe, Pura López Colomé, Tedi López Mills, Silvia Tomasa Rivera, Carmen Villoro y Verónica Volkow).

No obstante, este dato va equilibrándose si lo comparamos con las antologías que la preceden. Mario Meléndez habla de 24 poetas mexicanos en el número 28 de la revista Ómnibus (septiembre, 2009), donde 3 son mujeres: Tanya de Fonz, Rocío Cerón y Claudia Posadas.

Por otro lado, El oro ensortijado. Poesía viva de México (Eón, 2009), de Mario Bojórquez, Alí Calderón, Jorge Mendoza Romero y Álvaro Solís, cuenta con 46 nombres. De entre ellos, ocho son mujeres: Coral Bracho, Verónica Volkow, Minerva Margarita Villarreal, María Baranda, Roxana Eloridge Thomas, Claudia Posadas, Ofelia Pérez Sepúlveda y María Rivera.

Mario Campaña reúne en Antología de la poesía mexicana de hoy (Bruguera, 2008) a 28 poetas, de las cuales 8 son mujeres: Ulalume González de León, Gloria Gervitz, Elsa Cross, Jeannette L. Clamiond, Coral Bracho, Pura López Colomé, Carmen Boullosa, Myriam Moscona y Tedi López Mills.

Por su parte, el dudoso trabajo Tigre la sed: antología de poesía mexicana contemporánea 1950-2005 (Hiperión, 2006) de Víctor Manuel Mendiola (Redactor), Miguel Angel Zapata (Redactor) y Miguel Gomes (Redactor), presenta a 37 antologados, de los cuales también son 8 las mujeres: Rosario Castellanos, Ulalume González de León, Gloria Gervitz, Elsa Cross, Silvia Tomasa Rivera, Verónica Volkow, María Baranda, Enzia Verduchi.

Del mismo modo, cuando Elías Nandino, Salvador Encarnación y Javier Ponce destacan a 70 poetas mexicanos del pasado siglo solo son mujeres el 10%, 7: Margarita Michelena, Coral Bracho, Carmen Boullosa, Hilda Bautista y Blanca Luz Pulido, además de las ya citadas Rosario Castellanos y Verónica Volkow.


Analizando brevemente estas antologías nos surgen algunas preguntas: ¿por qué hay tan pocas poetas?; ¿tiene algo que ver que quienes recopilan las antologías sean hombres?; ¿realmente escriben muchos más hombres que mujeres?

La Antología general de la poesía mexicana. De la época prehispánica a nuestros días (2012), de Juan Domingo Argüelles, está formada por dos partes: desde la época prehispánica hasta poetas nacidos en 1950; y desde quienes nacieron a partir de esta fecha hasta la actualidad. En la primera selección hay 111 poetas, 14 mujeres. Menos de un 10%. En la segunda el progreso es palpable, aunque todavía existe un desequilibrio: hay 167 nombres, cuarenta y siete de mujer. Juntando ambas partes encontramos 61 poetas (de 278 nombres): Sor Juana Inés de la Cruz, Laura Méndez de Cuenca, Josefa Murillo, María Enriqueta, Concha Urquiza, Margarita Michelena, Guadalupe Amor, Dolores Castro, Rosario Castellanos, Enriqueta Ochoa, Thelma Nava, Gloria Gervitz, Elva Macías y Elsa Cross, del primer periodo; así como Coral Bracho, Pura López Colomé, Carmen Boullosa, Myriam Moscona, Verónica Volkow, Silvia Tomasa Rivera, Kyra Galván, Blanca Luz Pulido, Nelly Keoseyan, Minerva Margarita Villarreal, Lucía Rivanedeyra, Marianne Toussaint, Carmen Villoro, Tedi López Mills, Carmen Leñero, Dana Gelinas, María Baranda, Rocío González, Claudia Hernández de Valle-Arizpe, Silvia Eugenia Castillero, Adriana Díaz Enciso, Roxana Elvridge-Thomas, Cristina Rivera Garza, Mariana Bernárdez, Verónica Zamora, Valerie Mejer, Natalia Toledo, Ernestina Yépiz, Enzia Verduchi, Isolda Dosamantes, Karla Sandomingo, Claudia Posadas, Estrella del Valle, María Rivera, Rocío Cerón, Kenia Cano, Adriana Tafoya, Claudia Santa-Ana, Camila Krauss, Sara Uribe, Claudia Berrueto, Paula Abramo, Raciel Quirino, Claudina Domingo, Lorena Ventura y Karen Villeda de la segunda y más reciente época.

Este trabajo de Argüelles nos muestra la presencia de las poetas en la historia de México. El desequilibrio entre hombres y mujeres debe resolverse en los nuevos recuentos. Los nombres que hemos apuntado son sólo un ejemplo de esta presencia silenciada. No defendemos mediante este análisis un equilibrio total entre el número de hombres y mujeres en las antologías de poesía mexicana. Un recuento de poemas debe de ser eso, una muestra de los mejores textos, independientemente de si su autor es hombre o mujer. Ahora bien, llama la atención que todas estas selecciones estén organizadas por hombres y que las mujeres ocupen tan poco espacio compartido. Cuando dejemos de contar y de distinguir géneros habremos solucionado el machismo. Cuando el feminismo sea una palabra extinta, el machismo también lo será. Hasta entonces, feminismo no es antónimo de machismo, sino sinónimo de traducción entre la teoría y la práctica, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre poetas y poemas.


Este breve catálogo evidencia que las poetas no son tan pocas. Un análisis comparativo solo sirve para ver las diferencias. Al leerlas podremos responder a la pregunta que da título a esta reflexión y decir: no son tan pocas. Y no están todas las que son.



=
Ignacio Ballester Pardo (Villena, Alicante, 1990). Filólogo hispánico. Cursa el Doctorado en Filosofía y Letras con la tesis «La dimensión social en la poesía mexicana desde 1960. Herencia, tradición y renovación en la obra de Vicente Quirarte», dirigida por la catedrática de Literatura Hispanoamericana Carmen Alemany Bay, gracias a un Contrato predoctoral de la Universidad de Alicante. Ha participado en distintos congresos internacionales sobre poesía tanto en España como en México. Recientemente ha publicado «Arte poética en Vicente Quirarte: decálogo entre el cielo y la tierra» en Artes poéticas mexicanas (De los Contemporáneos a la actualidad) (Guadalajara, 2015).


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POESÍA Casa de las flores (fragmento) | Daniel Medina



a Mariana, la única
IV

La luz es un poema en el que todo cabe. Han cesado la lluvia y la nostalgia, los perros en brama han dejado de lamerte los sentidos, postes de aire se yerguen en la niebla. Sonríes y los pájaros no son lo de antes, su canto no fenece en el borde de la casa ni el hondo frutero de la calle. Los árboles vacíos –casi muertos– han dejado de nacerte, ahora eres tú la que los nombra. Recoges la canícula de los abriles y vuelve la llovizna:

Mariana es el verdadero nombre de las cosas.



V

Son los gatos flores de la casa,
los parques y las fuentes.
Agudas palabras se acumulan en su centro,
maduran verbos en las llagas de la tierra
y columpiándose, pájaros de luz
                                        –casi hombres–
beben del rumiar de los felinos.

Sueño de sí mismo,
el gato gris encierra en el diafragma una pupila:

un trozo de ti
alojado para siempre en su epidermis.



VI

En la ventana hay una sombra –dices–.

Debe ser mi padre o su silencio
ocultándose en los nardos y las rosas,
o en aquel ciprés desdibujado
con su forma de niño conteniéndose.

El día que murió
                   también llovía.

Llovía como siempre…
–me contestas–.



IX

Tomada por la lluvia, la casa de tus nombres sostiene de la luz todo su cuerpo, su peso de palpitación celeste, su don de sílaba sangrante que la escribe desde adentro –ensimismada en algún portarretrato herido–. Un cardumen de gotas se acumula entre las flores y los mármoles. Ya canta la tierra su gravitación de efigie, y agolpados insectos se visten de palabras para coronarla. En esta página, justo a la mitad, los murciélagos de la fruta han dejado el néctar de amapolas cortadas y tú, sin pensarlo, acabas de hundirte en su saliva.



X

He intentado escribir el Paraíso.

Escribir, sí, desde el aliento de los patios y las nubes.
Escribir la belleza y alojarla en tus párpados, en tus pelvis.
Escribir una versión de cada uno de tus nombres.

He intentado escribir el Paraíso
durante mucho tiempo:

Y ahora sé
que es imposible sostener la luz.



=
Daniel Medina  (Mérida, 1996). Es egresado del Centro de Educación Artística “Ermilo Abreu Gómez” con especialidad en Literatura. Autor del libro de poesía Mímesis para gusanos (La cosa escrita, 2015). Poemas suyos aparecen en más de una veintena de publicaciones como Punto en Línea, El Axolote y Parteaguas; así como en las antologías 8° Carruaje de Pájaros (Transeúnte, 2015) y Poetas Latinoamericanos (Imaginante, Argentina, 2015). Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014. Primer lugar en el Concurso de Poesía 100 Años de Letras Mexicanas (INBA-CEDART). Mención Honorífica en el Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015. Dirige la revista de poesía Bistró.

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NOTICIAS Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de México / Mexico City Poetry Festival


Fechas: Jueves 26-Domingo 29 de noviembre 2015

Lugar y Horarios:

Museo del Estanquillo (Isabel La Católica, 26): Jueves-Sábado: 10:30-14:00

Corpus Christi (Avenida Juárez 44, frente a la Alameda): Jueves-Domingo 4:30-21:00

Más de 52 poetas invitados procedentes de los cinco continentes, entre ellos, Paul Muldoon (Irlanda), Carolyn Forché (Estados Unidos), Yusef Komunyakaa (Estados Unidos), Jericho Brown (Estados Unidos), Bronwyn Lea (Australia), Zang Di (China), T.J. Dema (Botsuana), Polina Barskova (Rusia), Luis García Montero (España), Jesús García Sánchez “Chus Visor”, etc.


ENTRADA LIBRE

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POESÍA Testamento | Óscar David López


Y en la escena de la herencia
habrá un nuevo deceso por una silla
disputada entre dos tías

solteronas emputadísimas:
que a una por maquillar a la difunta,
que a otra por cambiarle los pañales.

Las dos muy altas, arregladas, dignas
abrillantándose los colmillos:
que el juego de té, el collar de rubíes, la cama

estilo Carlota y Maximiliano y demás enseres
para la tía Enriqueta y para la tía Dorotea, nada
porque nada es igual a sin muletas nadie anda.

Sin embargo: la disputada
silla la que quieren ambas sólo por la ira
nacida cuarenta años atrás: aquella huida

de Dorotea con el prometido de Enriqueta:
ira convertida en silla
por la trampa de la hermana,
porque la confianza es la gemela de la farsa:
por eso la difunta dejó el regaño del azar
y a la ira el asunto de la silla: un montaje,

mejor dicho:
un desmontaje del respaldo, las patas y el asiento
para aquella que osara usar la silla como silla

y su voluntad como debilidad
o lo que es casi lo mismo: salto cósmico.
Enriqueta: aboga por sus servicios de enfermera.

Dorotea: alega por la apariencia y la estética.
La difunta: haciéndose polvo
encerrado en el osario.

Y la silla: esperando dar la sorpresa,
el recado del más allá de una madre
fanática de las farsas y el cabaret.


=
Óscar David López nació en Monterrey en 1982, es escritor y transformista. Ha publicado libros como: Farmacotopía que recibió el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” 2011. Ha sido becario del FONCA. Dirige Nuevos Lectores Fílmicos, un proyecto multidisciplinario que toma de pretexto el cine. Actualmente es columnista en la revista VICE. Su obra titulada Cancer queenn fue seleccionada como ganadora de la edición número 20 del Premio Nacional de Poesía "Enriqueta Ochoa" 2015.


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POESÍA Nu)n(ca | Luigi Amara

Foto tomada de Editorial Sexto Piso


Por miedo,
tal vez por resistencia
a los hallazgos fáciles
—a la decepción con que golpea
la mano pálida
de la verdad—,
invocamos lo oscuro,
las sombras
deslizándose detrás,
remolinos de fango y de desdicha
que lo explican, que lo sostienen
todo.

Y entonces es la sarnosa,
la de cutis de pústula,
la bruja
que desarma el entusiasmo;
la que después de revolcarse
en la amargura,
mira con ojos de crimen,
con la sonrisa insoportable
de una idiota.

Y entonces es la muñeca,
la autómata que destrozamos
y volvemos a armar
a nuestro antojo;
cavidad insensible en que escupimos
insultos y abyecciones,
novia
de la insensibilidad,
depósito de esperma,
cuyas heridas, cuyos bordes
de látex,
                ahora lo explican,
ahora lo emponzoñan todo.


Nu)n(ca, libro de poemas que obtuvo el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía en Lengua Española, 2014 y publicado por Editorial Sexto Piso en coedición con la Dirección General de Publicaciones del CONACULTA, 2015. 



=
Luigi Amara (Ciudad de México, 1971). Escritor, paseante y editor. Ha escrito los siguientes libros de poemas: El decir y la mancha (1994), El cazador de grietas (Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 1998), Envés (2003), Pasmo (2003) y A pie (2010). Entre sus libros de ensayo destacan: Sombras sueltas (Premio Rousset Banda de Crítica Literaria 2006), La escuela del aburrimiento (Sexto Piso, 2012), Los disidentes del universo (Sexto Piso, 2013) e Historia descabellada de la peluca (finalista del premio Anagrama de Ensayo 2014). También ha escrito libros para niños: Las aventuras de Max y su ojo submarino (Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2006 y Premio FILIJ por Mejor Libro Ilustrado en 2008) y Los calcetines solitarios (Sexto Piso, 2011). Vive en la Ciudad de México con su esposa e hijo. Forma parte de la cooperativa Tumbona Ediciones.

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RELATO El mejor regalo | José Luis Aguirre



Esperas a tu amante. Sales a la luz.

La avenida vacía. Un claro de tránsito entre los carros (te asombra esta expresión, pero no se te ocurre otra, algo así como un oasis, un oasis en medio del desierto es lo que quieres decir). Del otro lado te espera él.

Te sorprende su imagen misma, del otro lado de la acera.  Es mayor que tú. Veinte años. El pelo entrecano, su piel bien cuidada, tersa, sin arrugas. Blanca. Te recuerdas en la oscuridad acariciando su piel, sintiendo su tersura, recostado en tus senos, después de hacer el amor. Lo recuerdas. Su piel, piensas.

Él no refleja su edad. Él, impasible del otro lado, una figura impasible. Acaso como tu padre o como tu propio  esposo. Los hombres impasibles de tu vida.

Te espera en un estacionamiento enorme. Te espera recargado en la cajuela del coche. Antes de cruzar la avenida para ir a su encuentro, antes de levantar la cabeza para ubicarlo con la mirada,  justo momentos antes, te asalta un recuerdo cómo ráfaga: piensas en cuando eras adolescente  y te gustaba ese chico de dieciséis años cuando tú tenías doce. Un día se atrevió a sentarte en sus piernas. No dijiste nada. Te sentiste importante. Tú, sentada en las piernas de ese chico. Lo recuerdas muy bien, tu sonrisa. Sonreíste para una cámara invisible que te fotografiaba. Un momento que solo tú pudiste apresar, fuiste tan consiente de eso.

En el coche se besan. Se acarician. Hay virutas en la luz que traspasa la ventana del vidrio. Es octubre y el comienzo del otoño en la ciudad. Antes había hecho un calor con rabia. Fue un verano tórrido en la ciudad. Fue salvaje.

Te viste en moteles con él todo el verano. Su romance se consumaba en las horas libres que tenías. Tu familia te recibía al regresar después de esas horas que justificabas con pretextos sacados de la manga, con consejos de amigos, con eventos realizados en tu trabajo que “casi” cubrían ese tiempo que en realidad pasabas con él. Es tu amante, se besan en el auto.

En el motel se besan. Conversan sobre su futuro. Su futuro. El futuro. Conversan sobre sus familias. Conversan sobre sus trabajos. Después de hacer el amor conversan. Él se acerca. Te envuelve de nuevo. Su piel. Te sientes importante. Te sientes de nuevo en las piernas de aquel chico de dieciséis años. Él se levanta, medio vestido. Hurga entre sus cosas que ha dejado  por el piso. Una mochila negra, muy de ejecutivo. Al principio tu mente  no encuentra el sentido a los objetos que pone sobre el buró de la cama. No tiene sentido alguno, piensas. Tu cabeza no arma en el interior de su cerebro la idea que significan los objetos que coloca sobre el buró.

Lleva una pluma en la mano. Se inclina sobre los objetos hasta entonces sin sentido alguno para ti. Escribe. Ha escrito algo mientras se inclina.

Él retira su cuerpo y tú puedes ver entonces lo que yace sobre el buró. ¿Que? dices, mientras volteas para mirarlo.

Es un regalo dice. Es un regalo. ¿Qué? repites extrañada.

Un postit color rosa yace al centro de la superficie del buró. Un postit con dos pequeñas ligas de colores en el centro. Es un espejo, dice. Un espejo.

Ha escrito sobre el postit, recuerda, ha escrito. La letra h en minúscula. La letra h cerca del margen derecho de la pequeña hoja. Cerca.  Es un espejo dice. La h de hermosa, dice. Te sientes tonta por no poder adivinarlo antes. Te sientes tonta. La h de hermosa.  Pero nada tiene sentido en tu cabeza. Nada. No.

¿Un espejo?, contestas en forma de pregunta.

Un espejo. Efectivamente. Él se acerca. Te envuelve.

Pasas días contemplando ese regalo. Pensándolo. Armándolo. Rearmándolo sobre superficies; en tu trabajo: en la mesa de la oficina; en tu casa: sobre el comedor, mientras no se encuentra tu familia. Solo es unpostit con dos ligas para el cabello muy pequeñas. Un postit con la letra h en minúscula, corrida hacia el margen de la derecha. Es un postit pero en realidad es un rompecabezas, piensas.

Es algo que bien podría ser basura convertido en algo que te servirá para siempre, piensas.  Es el mejor regalo que te hayan dado, lo sabes. No tiene sentido alguno. Por eso es belleza.

En el motel se besan. En el auto se besan. Es el comienzo del otoño en la ciudad. El final de un verano tórrido.

Tu hija sale a recibirte emocionada cada tarde. Se monta en tus piernas de inmediato  y las apresa. No te suelta. Te aprieta tan fuerte. Tu esposo te besa en la mejilla con ternura. Te sientes importante de nuevo. Te sientes en las piernas de ese chico de dieciséis años cuando tú tenías doce. Tu sonrisa.


=
José Luis Aguirre. (Monterrey, Nuevo León). Estudiante de la licenciatura en Bibliotecología y Ciencias de la Información en la U.A.N.L. En 2013 obtuvo el primer lugar en el IV concurso de reseña organizado por la Casa del Libro de la Universidad Autónoma de Nuevo León, así como el segundo y tercer lugar en la categoría de cuento del Certamen Literatura Joven Universitaria de la U.A.N.L., y en 2014 obtuvo dos menciones honorificas por trabajos de poesía en dicho certamen.


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ACERCAMIENTOS De escritores yucatecos: una posibilidad de historiar la literatura yucateca | Adán Echeverría

Adán Echeverría

Hay un lugar justo para la Palabra, y un lugar indispensable para que surja el silencio. La literatura es un discurso único y propio, con sus reglas injustas y ornamentales de todos los días, que estarán dibujadas siempre desde el pensamiento y formación de cada autor, y evolucionan con base en el intelecto y la connotación de la sociedad de cada época. Luego de las batallas diarias en la era de la propaganda, de los mismos aspavientos en que siempre nos vertimos convertidos en palabra (hablada o escrita), la búsqueda seguirá siendo el silencio. Esa ruptura hacia el lenguaje en que nos hemos refugiado cotidianamente. De nada nos valió esbozar los primeros actos del lenguaje en nuestros balbuceos de la infancia, si la pureza del momento quedó atrás, al ser parte de nuestro propio idioma y recrearlo. No hay más que un resplandor constante en nuestros internos, y esa voz diminuta que nos acecha constantemente y que busca su expresión: la Palabra. Hubo un antes en que el pensamiento se encontraba detenido en los conventos y el pueblo no tenía acceso más que de oídas: oralidad y fe. Las personas no tenían libertad para las lecturas y retenían las ideas de la época por medio de la tradición, el dialogo, la conversación: “Los primeros documentos que muestran palabras escritas en nuestra lengua (…) se escribieron en la segunda mitad del s. X., o sea entre el año 950 y el año 1000, (Alatorre, 1995)”. La aparición de la Divina Comedia, en una lengua diferente (italiano) a la oficial (latín), permitió la apertura hacia nuevas oportunidades de la comunicación de ideas en ese otro sector de la sociedad que era el oprimido; la literatura comenzó su crecimiento: Los cuentos de Canterbury de Chaucer en inglés, la traducción de la Biblia por Lutero al alemán, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha por Cervantes en español. La palabra escrita escapó de los monasterios y cabalgo por la Europa formándonos la historia; y con los golpes de las conquistas, el empuje de un idioma sobre otros, las improntas, las mezclas se hicieron mayores, para llegar a nuestros días, mirándonos en el espejo, con ese espanto de que todo se repite una vez más, bien lo dice Vico.

A pesar de que renombrados literatos insistan en que la literatura es para los elegidos, para pequeños grupos tocados por la mano del entendimiento, es la misma modernidad quien nos ha puesto en la justa capacidad (por no decir oportunidad y limitarlo a los azares), de buscar el despunte de nuestras propias intenciones en espera de que el otro (el lector en este caso), pueda tener acceso a ellas. Cierto es que la literatura no es para elegidos, pero tampoco es para los débiles, sino para aquellos que busquen domesticarla, batallar con ella, y hacerla una herramienta. El crecimiento y evolución de las plataformas y soportes de las comunicaciones, en tiempo, aire, espacio, pueden alcanzarse con un parpadeo. Y con esa idea puedo afirmar que en estos momentos, es mucho mayor mi biblioteca electrónica –más de 1000 libros–, que la impresa y ordenada en los libreros de mi cuarto. La educación pública así como las bibliotecas, los libros electrónicos, los múltiples programas tanto de cómputo, como de las instituciones, junto con las oportunidades de reunión a las lecturas de los compañeros, nos dan para esta época, esa garantía de la expresión y sólo nos queda el hecho de intentarlo. Aunque se sepa que ningún programa de lectura podrá funcionar sobre el ideal de conseguirse el alimento. Primero curarse el hambre y luego poder leer, porque la lectura no es solo una forma de obtener información, también es un medio para el esparcimiento.

La creación literaria, lo mismo que la lectura, es un acto egoísta de soledad; y es partiendo de ese reconocimiento que uno tiene que entender sólo la parte que le pueda brindar su propia formación. Hay que pensar con el espíritu de Vasconcelos con su: Libros que leo sentado y libros que leo de pie; o en el libro de Harold Bloom: Cómo leer y por qué para protegernos dentro de nuestra propia opinión; sólo para dar ejemplos del gusto que puede tener cada lector. Sin embargo, y con todas las descalificaciones que pueda tener un libro, cuanto más una antología o compilación de creación literaria, es necesario dejar fluir, luego de la lectura, el pensamiento para que las generaciones futuras realicen los análisis necesarios, y los lancen al olvido mediante su punto de vista, dispuestas a perpetuar la literatura creada en Yucatán.

Para hablar de literatura yucateca habría que reducirse a tocar el tema de los creadores literarios y dejar a los investigadores la historicidad. En Yucatán es de agradecer la presencia de las escuelas de formación creativa y de escritores que hace poco más de un lustro vieron luz en la ciudad de Mérida, donde ya se habían asentado sendas carreras de investigación literaria tanto en la Universidad Autónoma de Yucatán como en la Universidad Modelo, y habrá que reconocer el trabajo anterior que se hacía en el Instituto de Estudios de la Comunicación en Yucatán (IECY), desde años atrás. Estas generaciones de estudiantes bien o mal han estado desarrollando el proceso metodológico de la investigación literaria, con sus congresos, revistas, posgrados, proyectos financiados, becas, salidas al extranjero, y algunos etcéteras. Bien por ellos. Sabedores, entonces, de que el nicho de la investigación en literatura está cubierto, habría que preguntarse el dónde poder revisar el trabajo de dichos estudiantes, para leerlos, y poder discutir acerca de sus investigaciones y donde las publican. La Enciclopedia Yucatanense fue publicada en 1977, yo contaba apenas con dos años de edad (nací en 1975). También es importante reconocer que las décadas de mediados del siglo XX fueron escenario para el desarrollo del Urbanismo, el llamado Boom Latinoamericano, el Realismo Mágico, así como el Estridentismo; todos movimientos literarios que correspondieron a la modernización e internacionalización de nuestro México (Almazán, 2005).

En cuanto a la creación literaria, habría que sopesar las obras que van siendo desarrolladas en cada espacio de tiempo sobre el que nos queramos detener y mirar. Antonio Mediz Bolio ya menciona que la literatura yucateca nace a mediados del s. XIX en torno a la figura de Justo Sierra O’Reilly, con quien se permitieron la creación de espacios para la publicación de sus ideas y creaciones, mediante la impresión de periódicos, aprovechando que la imprenta llegó a Yucatán desde 1813, procedente de La Habana, a través de los hermanos López (Manuel y José Tiburcio), misma que fue adquirida por Juan Francisco Bates para dar luz a los pensamientos del grupo conocido como sanjuanistas, que publicaron el 1 de marzo de 1813 el primer periódico en tierras yucatecas al que nombraron El Misceláneo (un periódico de índole mercantil), que junto con 71 publicaciones periódicas mas, amenizaron e informaron, convirtiéndose en un medio para la expresión de las ideas y la creación desde 1813 y hasta 1845 (Almazán, 2005; Zacatenco González, 2009; Rosado Avilés, 2010). En total 72 periódicos estuvieron circulando en Yucatán, aparecieron y desaparecieron, formaron agrupaciones, vertieron propuestas, y generaron el debate y la discusión de ideas, dejando un legado que a nuestras fechas modernas no hemos vuelto a tener.

Ya en 1967, el poeta y comentarista literario Clemente López Trujillo aventura una serie de nombres que ha dado Yucatán a la literatura, y lo hace aludiendo a su migración: “Casi todos nuestros escritores se marchan a residir en la ciudad de México, como se decía hace algún tiempo, "en busca de más amplios horizontes". Mencionemos algunos nombres: Ermilo Abreu Gómez, académico de la Española y de la Mexicana; José Esquivel Pren, Filiberto Burgos Jiménez, Ricardo López Méndez, Antonio Magaña Esquivel, Carlos A. Echánove Trujillo, Luis Augusto Rosado Ojeda, Miguel Ángel Menéndez, Carlos Duarte Moreno, Roque Armando Sosa Ferreiro, Gilberto Cantón, Esteban Durán Rosado, Bernardo Ponce, Ernesto Río Amora, entre los mayores, y que ponen muy en alto el prestigio literario de Yucatán. Distinguidos historiadores, como Silvio A. Zavala, de renombre continental, actualmente embajador de México en Francia, y J. Ignacio Rubio Mañé, director del Archivo General de la Nación. De las nuevas promociones, imposible citarlos a todos, pero van aquí algunos nombres: Fernando Espejo Méndez, Raúl Cáceres Carenzo, Juan García Ponce, Carlos Duarte Moreno hijo, Raúl Renán González, Joaquín Bestard, Miguel Civeira Taboada (López Trujillo, 1967)”.

Al leer podemos darnos cuenta que siempre se han formado grupos en Yucatán en distintos órdenes, respondiendo a sus propios tiempos, que mirados desde este presente, fueron, son y serán los actores que nos han dejado (dejan y dejarán) la tradición y nos han hecho aparecer en el mapa mundial de la creación literaria; nombres como Peón Contreras, Antonio Mediz Bolio, Eligio Ancona, Ermilo Abreu, Eduardo Urzaiz, siempre marcarán nuestras rutas; seguidos de personajes que en su momento fueron el palmarés de otra época muy diferente Carlos Moreno Medina, Juan García Ponce, Joaquín Bestard, Álvaro Ruz, José Díaz Bolio, Felipe Ruz, Fernando Espejo, Juan Duch Collel, Nidia Esther Rosado, Humberto Lara, que continuaron irradiando la tradición de un Yucatán colmado de historias y poemas; hasta llegar a esta época, dividida por las generaciones mayores y las que apenas despuntan; separada por reconocimientos y dudas (deudas en ocasiones), por la academia y la formación tallerista, en distintas facciones, como el crecimiento de una ciudad puede permitírnoslo. En esta, cada vez más creciente, ciudad de Mérida, habitada ya por un millón de habitantes, aún pueden leerse los nombres de: Irene Duch, Rubén Reyes, Roldán Peniche, Campos Munguía, Díaz Cervera, Indalecio Cardeña, Manuel Calero, Luis Alcocer, Jorge Lara, Melba Alfaro, Óscar Sauri, Miguel Ángel II, Carolina Luna, Will Rodríguez, Saulo de Rode por nombrar algunos. Habrá que estar conscientes de que la presencia de escuelas de educación superior en el área de letras, de la existencia de un programa de “doctorado en literatura” en esta capital yucateca, nos permitirá mirar desde otra perspectiva el conocimiento de la literatura en Yucatán. Ya no sólo serán El faisán y el venado, Canek, Eugenia, El gato, La cita, Viejo cocodrilo llora, Ayeres en desorden, Licantra, El sueño, La voz ante el espejo, Prefiero los funerales, Círculos de sangre las obras que estarán puestas bajo el análisis del ojo crítico, sino se deberá buscar la posibilidad de establecer contacto con esos otros momentos del tiempo: Cuaderno de los sueños, Siete. Obra poética, Muerte de Catulo, Cruóris o la rabia que fuimos, en poesía, y en narrativa Arimathea o la ciudad perfecta, Caída libre, El nido del cuervo, Disparados a la luna entre muchos más que forman parte del gran aporte de las publicaciones que van apareciendo en estas tierras.

Por eso es que en el Yucatán del 2015 (en que redacto estas notas) es necesario reconocer que son al menos seis las instancias que dedican parte de su presupuesto a la publicación de obras literarias de creación, dos de ellas tienen presupuesto público, y recaen en la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida, y en la Dirección de Literatura y Promoción Editorial (si es que aún conserva dicho nombre) de la ahora Secretaría de la Cultura de Yucatán. Otros tres son la Editorial Dante, Maldonado Editores y aquel proyecto de Unas Letras (ULE) que tenía a bien dirigir la periodista Eugenia Montalván. El sexto espacio encargado de publicar libros de creación literaria es el Departamento Editorial de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), que si bien cada año tiene a bien intentar por una o dos obras de creación, su mayor empeño está en obras de investigación en cualesquiera de los temas que aborden los investigadores de sus diferentes institutos y facultades. Los que conocen del tema sabrán que la búsqueda de la publicación de un libro en Yucatán pasa por estos mencionados espacios. Aunado a ellos se encuentran varios procesos: Convocatorias del Ayuntamiento de Mérida para publicación de obras. El Consejo Editorial permanente de la UADY y en recientes años de la Sedeculta, así como alguna beca que puede ser utilizada para publicación de obras que coordina y otorga la Dirección General de Culturas Populares con la beca de su Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Culturales (PACMYC). Uno puede acercarse a Maldonado Editores, pero privilegian la investigación sobre la creación literaria. Y la Editorial Dante en casi quince años solo ha sacado dos convocatorias para publicar a Creadores Literarios, en una primera convocatoria publicaron libros de narrativa como el Juan Esteban Chávez Trava, de ensayo, y de poesía como el mío y el de José Diaz Cervera, y en una convocatoria más reciente títulos firmados por Ivi May, Fernando de la Cruz, Rigel Solís, entre otros. Esto es más o menos lo que tenemos en Mérida, la de Yucatán. Se puede hablar de algunos sellos más que publican plaquetas o libros artesanales, o de alguna cartonera y hasta libros electrónicos en formato de documento portátil (PDF, por sus siglas en inglés), pero no son las más. El presupuesto del Ayuntamiento y de la Sedeculta en materia de publicar creación literaria no es inagotable, y por esa razón se encuentran convocatorias y consejos editoriales que den validez a los trabajos que son presentados con miras de llegar a los lectores.

En los últimos diez años, dos grupos con algún tipo de organización, se disputan los presupuestos literarios. Uno, más veterano, tuvo sus inicios en los años noventa (1993), conocido como Centro Yucateco de Escritores, A.C. (CYE) integrado (entre otros muchos que quizá no pueda nombrar) por los poetas Jorge Lara Rivera, Roger Metri Duarte, Luis Alcocer Martínez, Óscar Sauri, Saulo de Rode, Luis Ortega, Armando Pacheco, además de Patricia Garma e Ileana Garma; los narradores Manuel Calero, Arnaldo Ávila, Adolfo Fernández Gárate, Víctor Garduño, Carlos Martín Briceño, Roberto Azcorra, Will Rodríguez, Raúl Ferrera-Balanquet, además de Carolina Luna, Reyna Echeverría, Brenda Alcocer (qepd), Melba Alfaro, Verónica García, Nadia Us y Patricia Garfias; los dramaturgos Santos Piste, Luis Alcocer guerrero e Ivi May; los ensayistas Cristina Leirana, Celia Pedrero, Claudia Sosa, Aura Loza, Sergio Salazar Vadillo y José Juan Cervera; y el tallerista Francisco Lope Ávila, entre otros.

Y en los primeros años del año 2000 surgió otra agrupación denominada Red Literaria del Sureste (la Red), que comenzaría a desarrollar sus procesos formativos desde los salones de la academia, dentro de la Universidad Modelo, y la licenciatura en literatura hispanoamericana de la UADY, junto a los maestros José Díaz Cervera, Jorge Cortés Ancona y Rubén Reyes Ramírez. Algunos de sus integrantes son: Agustín Abreu, Carlos Bojórquez Urzaiz ex director de la facultad de antropología, Carlos Castillo Novelo, Miguel Ángel Civeira, Jorge Cortés Ancona, Manuel Iris, Tomás Ramos, Manuel Tejada, Rodrigo Ordóñez Sosa (actual presidente de la Red), Jorge Pech Casanova (ex integrante del CYE), Rodrigo Quijano Arjona, Rosely Quijano León, Nadia Escalante, Karla Marrufo, Marco Antonio Rodríguez Murillo, Mario Carrillo, Joaquín Tamayo, Joaquín Peón, Ricardo E. Tatto, entre otros.

Pero esa división que en ocasiones puede parecer notoria no marca la totalidad, existen otros autores que a fechas recientes ven en el desarrollo individual el motivo de su creación, y bien tienen compañeros y amistades en una u otra de esas agrupaciones; ya que no es necesario el gremio para la aportación de sus ideas, ni la comunicación de sus pensamientos, menos en una ciudad como Mérida que no para de crecer. Entre estos autores podemos citar a los narradores Miguel II Hernández, Alejandro Pulido, Alegría Agosto, Álvaro Chanona Yza, Rigel Solís, Iván Noé Espadas Sosa, Daniel Ferrera, Violeta Azcona Mazun, como a los poetas Fernando de la Cruz, Ricardo Romero, León de Almeida, Karín Mijangos, María José Pasos, Mario Pineda Quintal, Ángel Fuentes Balam, Jorge Manzanilla Pérez, Esaú Cituk Andueza, Andrea Domínguez, Alejandra Ake Sustersick y Katia Rejón, entre muchos otros que van surgiendo y surgirán con el paso de los años.

Un poco de triste historia

Para poder reconocer la historia desde los años noventa hasta este 2015, necesario será mirar que la hegemonía de los dos grupos que en su mayoría arropan a los escritores yucatecos de actualidad tuvieron un mismo inicio: Jorge Cortés Ancona, principal crítico del CYE, e impulsor de los compañeros que dieron lugar a la Red, también fue miembro fundador del Centro Yucateco de Escritores, A.C. (CYE), y sabedor de que toda historia tiene al menos dos versiones, alguna de ellas da cuenta del distanciamiento de Cortés Ancona respecto de miembros fundadores del CYE. Las razones solo ellos deben saberlas. Lo real es que el CYE tuvo a bien asentar su bastión desde el El Juglar, suplemento cultural del desaparecido Diario del Sureste, y dentro de las hordas burocrático culturales impulsadas por Jorge Esma Bazán, en el Instituto de Cultura de Yucatán, que diera lugar a lo que es hoy la Secretaria de Cultura, poniendo al frente del área de literatura a Roger Metri, y después a Jorge Lara. Cuando el Partido Acción Nacional llegó al poder, Óscar Sauri Bazán dejó el disfraz de rojito que siempre ha querido vestir, y se lanzó para dirigir la Dirección de Literatura. Esta le fue entregada por la dupla Roger Metri-Jorge Lara, quienes siempre han consentido en tener ahí junto a ellos a Melba Alfaro en una especie de triunvirato.

Llegado Sauri al poder, bajo el escudo de todo el poder a los soviets, en que siempre ha intentado manifestarse, sostuvo a su lado a Melba Alfaro y acercó al excelente ensayista e investigador José Juan Cervera, de esta forma todo comenzó muy bien, aún hoy algunos no quieren considerar la apertura que tuvo Sauri con personajes de lo que posteriormente formarían la Red Literaria del Sureste, puesto que su oficina era a diario visitada por Tomás Ramos, Manuel Tejada, Juan Esteban Chávez Trava, Rodrigo Ordoñez, Nelly Rincón Pedrero, entre otros (nadie me lo tiene que contar yo mismo los miré muchas veces ahí, y los saludé), y en eso ires y venires tuvieron sus desacuerdos. No hay que olvidar que fue el mismo Óscar Sauri quien comenzó la creación de la revista Camino Blanco, que aún permanece en la dirección de literatura, y sacó al menos dos antologías para mostrar plumas emergentes: Venturas, Nubes y Estridencias con los ganadores y menciones de honor del Primer Premio de Poesía Joven Jorge Lara 2002, y Nuevas voces en el Laberinto, novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975, dos obras que retratan los inicios del milenio y que muestran las plumas de autores jóvenes de todas las extracciones, y sus quehaceres poéticos, narrativos y hasta ensayísticos. Sauri también dio salida a una amplia variedad de títulos incluso de escritores que jamás formaron parte de alguna agrupación como Winston Tamayo.

Pero fue con la aparición del libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (Instituto de Cultura de Yucatán, 2007), que Sauri presento una oportunidad de mirar un momento exacto de la sociedad yucateca (en particular de la ciudad de Mérida del año 2004) en el que una treintena de jóvenes formados en Yucatán tuvo la oportunidad ser leída. Tres años pasaron desde que se gestó el proyecto para obtener la impresión del documento. Ese fue el punto de partida de una generación que trajo a esta ciudad de Mérida, una nueva voluntad en la expresión para transformar (si cabe el argumento) su sociedad. Sabemos que la obra literaria es la construcción de un mundo imaginario, ficticio por medio de palabras en la que el lector tiene la oportunidad de mirar el momento justo, la conjunción de intenciones artísticas en los textos poéticos, narrativos e incluso expresiones críticas y de análisis literario que confluyen en este documento. Habrá quienes sospechen del punto culminante de esta generación agrupada a partir de 1975. Los libros no deben escribirse para complacer ni entretener a una parte de la sociedad en una región indistinta sobre el mapa sino para la posteridad, para que en el año 2040, uno pueda siquiera conocer la mentalidad y el trabajo artístico de aquellos jóvenes que fueron Ivi May, Rodrigo Ordoñez, Nelly Rincón, Nadia Escalante, Rosely León, Manuel Iris, Juan Esteban Chávez Trava, Patricia Garfias, Manuel Tejada, Mario Pineda, Nelson Ibarra, Karín Mijangos, Tomás Ramos, Roberto Azcorra, Verónica García, entre otros, habitantes de un mismo espacio, un pedazo de tiempo al que los futuros lectores mirarán, si se les presenta la oportunidad. Nuevas voces en el laberinto se divide en tres apartados: Poesía (12 autores), Narrativa (14 autores) y Ensayo (6 autores). Abarcando un rango de edad que va desde los nacidos en 1975 hasta los nacidos en 1986. Sana iniciativa impulsada por Óscar Sauri en su momento.

Mientras todo aquello iba ocurriendo desde 1993 hasta el 2004, Jorge Cortés Ancona, dejó el CYE, y comenzó una búsqueda diferente que lo llevó a validar su amplio conocimiento cultural desde las páginas del periódico Por Esto!, que lo condujeron a las actividades académicas en la Universidad Modelo, y desde ahí, con el apoyo a sus ideas por parte del poeta José Diaz Cervera que regresara a vivir a Mérida desde Chiapas, así como de Rubén Reyes Ramírez quien dirige la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo donde se ubica la Licenciatura en Lengua y Literatura Modernas, apoyados además por la comunicadora Virginia Carrillo, trazaron proyectos integradores para una propuesta cultural y literaria distinta a la que pretendía el CYE. El motivo existía, los gestores se habían encontrado en la Universidad Modelo, en la Licenciatura en Literatura Latinoamericana de la UADY, y en las páginas del periódico Por Esto!; era necesario contar con jóvenes que tuvieran esa disposición y entrega. Jóvenes creativos, que mostraran capacidad. Para ello Manuel Iris nos aclara, en uno de sus apuntes que tuve a bien encontrar: “Durante mis años de bachillerato, que cursé en la escuela Preparatoria No 2 de la UADY (1997-2000) tuve, junto con un grupo de gente de mi edad o de edades muy cercanas, intenciones de hacer literatura y, muy específicamente, poesía. El asunto no era fácil y, si no hubiera sido por dos profesores de esa preparatoria a los cuales recuerdo con mucho cariño, Jesús Aranda y Rafael Pinto, no se hubiera formado el colectivo literario Palabras de mentes ni la preparatoria hubiera conocido su periódico mural-literario de aquel momento, La bizarra lo cura, en el cual los integrantes del colectivo (no quisimos nunca llamarnos taller) publicábamos, muchas veces con seudónimos, nuestros textos. Las reuniones de Palabras de mentes se llevaban a cabo los sábados, muy cerca del edificio central de la UADY, y a ellas asistíamos, entre otros, Nadia Escalante, Omar Góngora, Manuel Tejada, Luz Elena Herrero, Roberto Fitzmaurice y algunos otros amigos que ahora forman parte de la vida cultural yucateca y hasta nacional. Para este momento, sin embargo, no existía una sola revista literaria a la cual pudiéramos tener acceso. Es decir que, si bien existían algunas publicaciones locales, estas parecían imposibles de penetrar y era, por tanto, necesario gestar nuestros propios medios de producción cultural. Pero esto era demasiado pedir para unos muchachos que no desarrollaban una propuesta conjunta, sino apenas un cúmulo de muy incipientes poéticas simultáneas (Iris, 2013)”.

Vale la pena apuntar, contra lo que menciona Iris en su párrafo, que desde 1993 se contaba con Navegaciones Zur, y que el CYE, de igual forma tenia espacios de publicación en El Juglar del Diario del Sureste, e intentar comprender el por qué no tenían acceso a participar de dichos medios: “La revista Navegaciones Zur es hoy en día un referente obligado en la literatura yucateca contemporánea. Con 1204 escritos literarios en su haber, y 53 números que vieron su inicio un dos de octubre de 1993, esta revista da una muestra de las principales expresiones artísticas en el municipio, pero también difunde el oficio literario de otras regiones geográficas, sean éstas nacionales o internacionales (Leyva, 2011).” También se puede anotar que desde 1982, trabajos de escritores jóvenes que se reunían en el edificio central de la UADY, presentaron sus propuestas literarias en libros colectivos como Cuadernos del Taller Literario que publicara a muchos de los hoy integrantes del CYE, en una primera época, y Kuuxeb, en una época posterior donde participa la generación que cita Iris en su documento. Y cuando en 2004 se gesta el proyecto de Nuevas voces en el laberinto, se convoca a todos los jóvenes que escribían en Mérida, dando continuidad a una tradición que puede servir para releer compilaciones o trabajos anteriores de agrupamientos de obra literaria como: 6 poetas jóvenes de Yucatán, La sed del fuego donde destaca Reyna Echeverría, Luna posible que incluye a Fernando de la Cruz y al mismo Roberto Fitzmaurice que también cita Iris. Otras compilaciones son: La voz ante el espejo, Litoral del relámpago: imágenes y ficciones, La otredad coordinada por Melba Alfaro, y el Venturas, nubes y estridencias que arriba hemos apuntado.

Los jóvenes que terminarían formando la Red, siempre vieron la literatura no solo como el oficio que es, sino que apostaron por la metodología científica, académica, y desde ahí la proyectaron con mucho tino, aunque quizá con cierto menosprecio del grupo del que se sentían antagónicos, como también lo deja entrever Iris en este párrafo: “Tristemente, varias de estas lecturas y algunas interacciones personales con escritores casi siempre pertenecientes al Centro Yucateco de Escritores, grupo literario local y asociación civil que concentra todavía diversas generaciones, y que tiene un su seno varios creadores de valía como, por ejemplo, Carlos Martin Briceño, y que por un conjunto de coyunturas tanto escriturales como políticas tenía en ese momento la hegemonía incuestionable del campo literario local, acabaron por distanciarnos: el afán de algunos miembros de este grupo por conservar su poder institucional y su protagonismo en el campo cultural, para poder lograr con ello prebendas económicas que se manifestaban en premios, becas y publicaciones locales que, además, no necesariamente traían consigo la garantía de calidad de la obra, nos pareció demasiado evidente. Sin adoptar una actitud contestataria, los que en ese momento éramos muy jóvenes decidimos, sin decidirlo en bloque, no enfrentarnos frontalmente con nadie y hacer nuestras carreras por otros lados tanto en lo estético como en lo institucional, y las condiciones para ello comenzaban a darse. (Iris, 2013)”.

Necesario me es, ante este comentario de Manuel Iris, presentar otra idea que se venía gestando en una escritora de la misma generación de Iris (los dos nacidos en los 80’s), quien explica de esta forma sus primeros caminos en las letras: “Así los años, poco a poco coincidí con los suplementos y las revistas culturales que circulaban en Yucatán, las antologías y los rostros, esos poetas que formaban parte del Centro Yucateco de Escritores. Estos encuentros se dieron en el 2003, y a la par, con varios compañeros jóvenes, (camaradas de la preparatoria) coordinados por el poeta Adán Echeverría, nos dimos a la tarea de formar un taller literario independiente a todos los círculos existentes en nuestra región. Empezamos a reunirnos todos los viernes, leíamos a nuestros autores favoritos, leíamos poetas desconocidos, intercambiábamos libros, perdíamos para siempre libros amados, ganamos grandes lecturas, escribíamos, y nos criticábamos arduamente. Cada sesión era un ejercicio crítico constante que duraba horas y se alargaba hasta más no poder con la ventaja que nos permitía la Biblioteca Pública Central, donde nos abrían las puertas. Años después, ya en la ciudad de México, conocí muchos talleres literarios, pero ninguno logró enseñarme tanto como aquel primero, de donde surgió: la Catarsis Literaria el Drenaje. (Garma, 2012).”

Podemos mirar entonces que los jóvenes nacidos en la década de los ochenta, con intenciones literarias comenzaron una búsqueda diferente, mirándose sin desearlo dentro de una batalla que jamás fue ideológica ni estética, sino banalmente por prebendas presupuestarias. Iris comenta que venían de la preparatoria numero dos, mientras que Ileana Garma se refiere a sus compañeros de la preparatoria uno, ambas de la Universidad Autónoma de Yucatán: “A iniciativa de los jóvenes Nelson Ibarra y Patricia Garfias, quienes hablaron con el Ing. Pedro Álvarez Castilla solicitándole la realización de un taller de expresión literaria en donde pudieran desarrollar sus inquietudes artísticas, el Ing. Álvarez los puso en contacto conmigo y se decidió comenzar a trabajar, siempre y cuando, los jóvenes mencionados contactaran a más personas. Una vez que se contó con al menos 10 muchachos, la mayoría de ellos estudiantes de la preparatoria 1, el Ing. Álvarez nos ofreció un espacio en la Sala de Lectura que el INJUVY tenía, y comenzamos a sesionar los sábados de 5 de la tarde a 8 de la noche (Echeverría, 2005)”. Yo coordiné el taller de creación literaria del Injuvy (2003-2004) y el Taller Literario Grietas (2004-2005), que mudo para conocerse como un proyecto mayor dentro de la Catarsis Literaria El Drenaje, desde 2005 hasta este 2015: “Y es en el 2008 cuando la Catarsis Literaria – El Drenaje regresa a la vida en forma de un embrionario proyecto editorial con la idea de emprender la creación de un mapa poético que reuniera a una buena cantidad de poetas jóvenes de nuestro país, este proyecto se consolidó y se dio a conocer con el nombre de Mapa Poético de México en agosto del 2008. (Almazan-Ramos et al, 2012)”.

Como señala Iris, todo estaba dado para que en el 2003 surgiera la Red Literaria del Sureste, y los enfrentamientos que habían comenzando entre Cortés Ancona y personajes del CYE, fueron heredándose hacia los integrantes de ambas agrupaciones (lo mismo ocurría en las juventudes que se acercaban al CYE, para descalificar el trabajo de Cortés y los suyos; como entre los de la Red, para descalificar a Sauri, Lara, Metri y otros).

Mención aparte merece, dado que es la historia que mas conozco, el que algunos personajes del CYE sean renuentes, aun hoy, a que otros jóvenes entren a engrosar sus filas; los últimos fueron alumnos míos Patricia Garfias, Nelson Ibarra, Ileana Garma, pero los del CYE nunca permitieron la total inclusión ni de Jorge Manzanilla ni de Mario Pineda o el Dr Eduardo Suárez; y fue esa misma renuencia de algunos de sus integrantes, rayando en la negación rotunda, lo que me impulso a renunciar al CYE en el 2013.

Decía ya que estas descalificaciones entre uno y otro bando de escritores nunca fueron acerca del proceso creativo, ni para el análisis de textos, ni de sus obras, ya que hasta ahora es difícil encontrar literatura especializada que analice alguna obra literaria publicada en los últimos 30 años, considerando el año 1993 como el nacimiento del CYE. Apenas el excelente trabajo sobre la revista Navegaciones Zur, desarrollado por Damiana Leyva (curiosamente perteneciente a la Red) que por acá hemos citado. Las descalificaciones de uno y otro lado son sobre el presupuesto para los premios, becas, viajes a encuentros, el pago por lecturas o talleres y publicaciones. Pero uno quisiera ya poder encontrar artículos académicos sobre la obra literaria de los narradores yucatecos, el material es vasto entre Manuel Calero, Víctor Garduño, Carlos Martin Briceño, Roberto Azcorra, Carolina Luna, Eduardo Suárez e incluso el reciente libro de cuentos de Ileana Garma, como para la poesía como el libro recientemente aparecido de Rodrigo Quijano, el de Jorge Manzanilla, o la antología de nacidos en los ochenta que han compilado Murillo y Manzanilla, llamada Casi una isla. Pero no, todo queda en algún texto de presentación de libro, quizá alguna reseña, y nada más.

Arriba comenté que Sauri Bazán tuvo que entregar la dirección de literatura, a regañadientes, porque ya había enloquecido con ese poquito de poder que tenía, y tuvo que dejarla en manos de Jorge Cortés Ancona, cosa que caló profundamente en personajes del CYE, y entonces la batalla se hizo más ruda. Se comenzó la publicación de obra y obtención de becas, presupuesto para viajar a encuentros y congresos entre personas afines a la Red Literaria del Sureste, (o eso han afirmado los del CYE) pero como dichas afirmaciones terminan siendo intrascendentes si no se demandan por las vías legales, o se establecen las pruebas, solo quedan en acusación pública, siendo un risible chisme al que nadie le presta atención. En mi caso puedo afirmar que antes de que terminara su gestión dejé de ser apoyado por Óscar Sauri, y que desde que se dio el cambio siempre he sido apoyado por Jorge Cortés Ancona, cuando presento proyectos; por eso no miro con ojos de fanático aquellos golpeteos de los que algunos hablan. En el intermedio entre Sauri y Cortes Ancona, el CYE tuvo otro bastión, la presencia de Celia Pedrero y sus dotes de apertura dentro de la Dirección de Literatura del Ayuntamiento, quien dio cabida a ambas agrupaciones (todos los que participaron tuvieron aceptación y cabida), lo mismo ocurrió –a mi juicio- cuando Roger Metri llegó a la dirección de cultura del Ayuntamiento, el proceso continuó en la apertura. Sin embargo otros no estuvieron conformes y se recrudeció la división, y muchos han acusado a Metri de favorecer a algunos pocos. Nuevamente sin pruebas ni denuncias reales. Tristes los intelectuales que se sirven solo de la prensa al sentirse violentados en sus derechos y que al no conseguir lo que quieren, no acuden a instancias legales, dejando todo en un berrinche. Antes de que Roger Metri fuera nombrado Secretario de Cultura, se decía que estaban cerrándose las puertas al CYE en la dirección de literatura del Gobierno, mientras tanto no se veía apertura a la Red Literaria del Sureste en el Ayuntamiento de Mérida por unos años. A la Dirección de Cultura arribó Irving Berlín Villafaña, desde la Universidad Modelo, con los antecedentes arriba expuestos el CYE vio cerrado el camino, hasta que Metri fue nombrado Secretario de Cultura.

El conejo volvió a saltar y los reacomodos ocurrieron de nuevo. Trasladados los dos grupos al gobierno Roger Metri y Jorge Lara liderando Sedeculta, a donde pertenece la dirección de literatura que continúa a cargo de Jorge Cortés Ancona, y Berlín Villafaña en el Ayuntamiento. Muchos integrantes del CYE pidieron la cabeza de Jorge Cortés Ancona, pero esto hasta ahora no ha ocurrido, y han tenido que trabajar en conjunto. Yo creo que hay espacio para ambas agrupaciones, y para los que no pertenecen a ninguna de ellas, lo cual ahora es mi caso. Es bueno escuchar desde la voz del actual presidente de la Red Literaria del Sureste, Rodrigo Ordóñez, el hartazgo de este tipo de descalificaciones entre unos y otros y abogar por la inclusión. Lo mismo sucede con el CYE, ahora presidido por alguien como el Dr. Luis Alcocer Martínez, quien siempre ha tenido a bien no ser de esa idea de gregarismo ni de la discordia, y sí de la apertura y diálogo.

Pero aun así en octubre de 2015, la Sedeculta presentó un Congreso al que denominó “Estética, discurso y entorno: 200 años de literatura yucateca”; pero lo organizó como una nueva idea de mantener la batalla tonta de siempre. Melba Alfaro apareció como principal motor para el evento, lo cual vuelve a mover los cimientos del descontento. El evento se construyó al vapor y sin publicar convocatoria para los interesados, aun siendo una fecha tan importante como el considerar lo que arriba he señalado como el nacimiento de las publicaciones en esta tierra (1815), y para los 200 años de celebración literaria, decidieron dejar de lado a investigadores y creadores de la Red Literaria del Sureste. No es de esperar y ver los pobrísimos resultados, 200 años de celebración que pasaron sin pena ni gloria para la historia de la literatura. Con estas actitudes lo único que logran es mostrar de nuevo una innecesaria batalla gestada por integrantes del CYE, ¿acaso no logran darse cuenta de ello? Lo real es que cuando se trate de tu propio dinero invita a tus amiguitos, pero si se usa dinero de los contribuyentes, hay que tener una apertura total y buscar la integración en pro de un bien social

Espero que estos pequeños apuntes ayuden a conocer la raíz de este tipo de disputas entre los personajes de la literatura de Yucatán, para darnos cuenta que los autores no son la búsqueda necesaria, que lo real tienen que ser siempre las obras que estos producen, para leerlas, disfrutarlas, analizarlas y pasarlas de mano en mano, de boca en boca. Yo los invito a que discutamos sobre las obras literarias y no únicamente sobre los personajes que las escriben. Yo saludo a los creadores que siguen vigentes: Carlos Martín Briceño, el principal entre todos, que sigue leyéndose a nivel nacional haciendo que el centro del país mire hacia estas regiones del sureste, y espero que siga manteniendo el reconocimiento de unos y otros dentro de los que somos realmente lectores. Manuel Iris, Nadia Escalante, Ileana Garma que siguen ganando becas y premios nacionales por sus trabajos de poesía. Will Rodríguez por su excelente prosa que sigue publicándose, además de sus otros proyectos de cocina. Arnaldo Ávila, Jorge Manzanilla, Mario Carrillo, Marco Antonio Murillo, Rodrigo Quijano, Irma Torregrosa por sus premios estatales y regionales; Rígel Solís por su novela que ha cruzado el charco llamado Atlántico. Iván Noé Espadas por su terquedad y constancia. Saulo de Rode por su vigencia. Roberto Azcorra por su calidad literaria. Ángel Fuentes Balam por su atrevimiento. Fernando de la Cruz, por sus ideales. Mario Pineda por su desenfado. Autores que ahí mantienen vigente la tradición de la literatura yucateca hacia el afuera, más allá de lo yucateco. Y abramos los ojos para recibir las propuestas de Violeta Azcona Mazún, Esaú Cituk Andueza, Cristian Celis, Roberto Cardozo, Ariel López, Javier Paredes Chi, entre otros. Y espero que todos aquellos que se dicen escritores y que siempre se presentan en las mesas de lecturas y debates literarios, se pongan a escribir un poco y construyan una obra y dejen de vivir de los dos poemitas o dos cuentitos que publicaron en sus años mozos, que siempre tienen listos para meter en toda antología que tenga presupuesto. Esto es lo literario verdadero, y quienes quieran pueden apuntarle más, para seguir discutiendo.

Literatura consultada

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2.   Almazán Ramos, María Dolores, David Anuar González Vázquez Mónica Quintal Cortés (2011). Más allá de la literatura. Por Esto! http://goo.gl/QqQFcG
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EN EL DISCURSO ENSAYÍSTICO DE YUCATÁN, 1910 – 1960. Tesis Doctoral.
4.   Echeverría, A. (2005). Sobre el taller literario INJUVY. Publicado en http://goo.gl/fQA51H, el 7 de febrero de
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5.   Echeverría, Adán e Ivi May, comps. (2007) Nuevas voces en el laberinto: novísimos escritores yucatecos
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6.   Garma, I. (2012). INAMOVIBLES SUEÑOS - LITERATURA MEXICANA http://goo.gl/QAby6t enero 8 de
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7.   Garma, I. (2012). PRIMER ENCUENTRO DE REVISTAS CULTURALES EN QUERÉTARO
(MÉXICO); http://goo.gl/AUcfPD4 de junio de 2012. 
8.   Iris, M. (2013) ¿Decíamos ayer?: Mirada retrospectiva a la última década de poesía escrita en Yucatán.
Octubre 23 de 2013. http://goo.gl/1cZKUp
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revista Navegaciones Zur. Revista de literatura mexicana contemporánea, ISSN 1405-2687, Nº. 50, 2011, págs. 101-107.
10.López Trujillo, C. (1967). El clima literario yucateco en el siglo XIX. Determinación de las Circunstancias que lo Favorecieron. Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán. No. 237, 2006. pp.: 49-54.

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Adán Echeverría. Mérida, Yucatán, (1975). Premio Nacional El Búho 2008 en poesía, Nacional de Poesía Tintanueva 2008, Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007), Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Becario del FONCA en Novela (2005-2006). Poemarios El ropero del suicida (2002), Delirios de hombre ave (2004), Xenankó (2005), La sonrisa del insecto (2008) y Tremévolo (2009); Cuentos Fuga de memorias (2006) y la novela Arena (2009). Compiló en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (2008).


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