CUENTO La segunda venida de Cristo | Gerardo Miguel Ugalde Luján

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I

El hijo de Dios viaja por el túnel del Espacio-Tiempo, en busca de la tierra que los protestantes nombran Liverpool. Como muchos de nosotros desconocemos el porqué de su funcionamiento, el túnel del Espacio-Tiempo (con sus respectivas cuatrocientas diecisietes puertas) conduce a Jesús a la ciudad de Nueva York. Encontrándose con una figura extraña, casi mística. Se desconoce el año, todo Times Square esta bañada en dextrometorfano. Jesús se apea junto a la mística figura.
     —¿Dónde puede encontrar a John Lennon?
     —No lo sé, yo también lo buscó.
     —Cierto, ya te reconozco. —Jesús tiene acceso a los archivos de “las acciones humanas futuras.” —Te llamas Champan.
     —Sí, y ¿tú quién eres?
     —Jesús.
     —Estas en el momento equivocado— Chapman se rasca la espalda baja, o al menos así lo percibe Jesús. En verdad está revisando su arma, el contacto entre su mano y el mango lo excita.
     —¿Quién no lo está en estos tiempos?

II

Corre el año de 196… y los Beatles todavía realizan giras. En algún lado de no sé dónde, John Lennon ebrio, drogado o haciéndose el gracioso, ofende a los defensores del hijo de Dios.


III

Jimi Hendrix se encuentra en una habitación con su Fender Stratocaster negra; repasando algunos acordes mientras escucha el “Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band.” De repente una figura vestida con un zarape mexicano entra por la ventana.
     Hendrix quien ya estaba algo paranoico por las toneladas de marihuana que horas antes había fumado, da unos pasos hacia atrás para tomar impulso y corre con la intención de golpear a Jesús.
     —¡Mierda! Esta hierba ha de tener algo raro, porque tú te pareces a Jesús.
     —Me gustan las representaciones renacentistas. ¿Ha visto a John Lennon? ¿Sabes dónde puedo localizarlo?
     —¿Por qué el zarape? Jimi bajaba lentamente la guitarra para dejarla recargada en un diván, da unos pasos hacia donde se encuentra el tocadiscos y levanta la aguja. —¿Buscas a Lennon?
     —Sí, tengo que hablar con él.

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IV

En un cuarto blanco, pintado en su totalidad de blanco. John Lennon se encuentra acostado en el suelo completamente desnudo. Observa una mariposa negra que contrasta con toda la habitación. En su cabeza; en la de Lennon, no en la de la mariposa, una tonelada de palabras se convierte en imágenes para luego despedazarse en chispazos de genialidad sobre un papel.
     A través del universo que existe en su mente; no puede dejar de contemplar la mariposa que reposa en la pared. Una auténtica Roschach que lo analiza constantemente. Muerte y confusión. Luego la nada. Cree ver a Dios con un rostro sin ojos.
     Se pone de pie para contemplarla mejor, alza su mano derecha donde un inmenso Rolex de oro marca las 7:13. Al momento de tocar a la mariposa, ésta cae sin vida en sus manos.

V

—Todo era blanco y negro. Yo caminaba al filo de un acantilado, con la luna vigilándome, simulando ser el ojo de un inmenso ciclope. Las olas reventando en la playa. De repente el suelo se acaba. Y estoy cayendo por un interminable abismo. No puedo gritar. Abro la boca, pero de ella no sale sonido alguno.
     —Eso es heroína. Jesús se rasca la barba, toma la cerveza que Jimi le convida.
Ambos caminaban por un largo pasillo de paredes grises, el suelo completamente blanco y en techo infinito.
     —¿Dónde diablos estamos, Jesús?
     —En el cielo.
     —¿Podemos ver a Dios?
     —Jajaja, a Él no le gustan las visitas. —Los dos caminaban hombro con hombro debido a la estrechez del corredor.
     —Jesús ¿Voy a ir al cielo?
     —Claro Jimi, tú no te preocupes.

Final

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Y mientras caminaba por las aceras de la intranquila Nueva York, Jesús reflexionaba: “nada había servido esforzarse”. Pateaba latas y pisaba preservativos con sus pies descalzos. Ir a la tierra no satisfizo sus necesidades.

     A la distancia una sombra salía de un limosina. Era Lennon, al fin había dado con él.
     —¡John! ¡Hey John! — gritaba Jesús, usando sus manos como bocina.
     En ese instante el tiempo se detuvo, los destellos de cuatro relámpagos alumbraron la calle.
     Jesús no hizo nada al respecto, volvió por donde vino.
     Recordó a Lázaro y exclamó:
      “Entre Lázaro y Lennon, Barrabás merecía ser resucitado”


Final de finales




Gerardo Miguel Ugalde Luján. Escritor, lector, dibujante, creador de cortometrajes bajo el sello que él mismo creó junto con Claudio García y Pablo Montiel, que responde al nombre de Tortura Films. No tiene muchos estudios, es un autodidacta a palos. Le gusta el buen vino, la literatura, la música y el cine. No tiene ningún logro importante que presumir. Nació en Guadalajara, Jalisco. 1989.



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