POESÍA Jueves | Fernando Carabajal

Fernando Carabajal

La sombra del jueves se extiende hasta tocar la claridad del viernes.
Así, siendo Jueves un nombre que te aparece sin cesar, cada titilación, cada palabra es tuya en determinados momentos del día  y puntos cardinales de la mina que exploro.
De hoy en adelante te llamarás Jueves, y serás la muerte que nunca soy ni alcanzo.

§

Y hay una casa abandonada a los caballos
y a las flores de pasto,
y fantasmas visibles      trituran los cristales
y congelan los restos
y preservan las viandas.
Doblada la escalera y los espejos
escondidas las camas
el fuego en una gota de latón.
Cada hoja es la hoja siguiente
del eterno nogal   y sus frutos imposibles desaparecen al contacto del suelo
(y la voz del viento canta arrullando al riego      
para que mudos vegetales pigmenten insectarios).
Reflejos y sombras tenebrosas
polvos de sol que nada centellean
-el dibujo posible está prohibido
y las palabras condenadas a un ruido.
Subterráneo crece un agujero
que da a la calle en forma de humedad,
los muros alzan el vuelo a pedazos.
Y un olor a espanto resguarda la cocina
(atrincherados utensilios, gas enfermo)
Metros y metros cuadrados coloreados de casa.
Cierro el flujo -ni hablar del agua-
y los árboles que rechazan a la muerte.

§

Visto con uniforme a diario:
zapatos azules    tu suéter gris.
Al acecho de un tigre
miro mi propio cuerpo como extraño.
Cabeza a la que se le ha caído el rostro
y a sus espaldas ha crecido un fantasma.
¿Quién ha erguido este muro de agua
que nos reparte en dos el mundo?

§

Sin ser de palo        no soy de carne:
soy de árbol,
y descubro la oscuridad que circuncida mis raíces.
Detenidas por la tierra      entre la tierra
esqueleto para mis pulmones
madrigueras del sol
                                         y termiteros del silencio,
mi inamovible peso que se derrumba para arriba,
permaneciendo incógnita la hoja última que dormita en mi copa.
Saber entonces que la semilla  
                                   sólo es sembrada una vez,
y pedir un deseo por cada pájaro que llegue
                                                       o que se vaya.

§

Jueves descansa.
Sus brazos, más cortos pero más fuertes que los remos, languidecen luego de una jornada de vaivenes a todo lo largo de la isla.
Depositaria de montañas de tierra, provenientes de los agujeros que yo aparezco, sin saberlo cumple con los efectos de las causas.
Por ello tejo ahora una red, mientras ella pesca un sueño para que ambos comamos.
Cuando Jueves recupere las fuerzas, yo habré de no pensar.
La isla se desgaja por uno de sus flancos.
Así sé que el bote soportará la estridente marea de cada día, y su mudo salitre que seco lo preserva.

§

En la mudanza empacamos         velozmente
para no perder nada.
Utensilios,
trabajo a medio realizar,
fotos del tiempo.
Y aún así,
cada día se agranda el inventario de desapariciones.
Ayer encontramos lo extraviado hace meses,
y hoy, sin lugar a dudas,
miro lo que mañana no estará.

En la mudanza es la tierra la que se mueve.

Es por ello que Jueves volverá.
Encimará la punta de sus pies en los míos,
y nuestra huella será más honda
y servirá para sembrar.
Viernes crecerá como una planta etc.

§

[Alumbramiento]

Jueves está gravemente enferma.
Señor, ahora lo sé:
se escribe siempre para que alguien no se muera.

§

Y mi demonio recorre sus dominios
mientras ejecuta una maroma que aparece
un dibujo en la arena.

Tras él, yo recojo las líneas
las organizo en escritos que ejecuto
en el nivel indicado de la mina:
dinamitar aquí,       socavar allá,
acordonar tal o cual derrumbe.

Toca una flor y hace una sombra de cenizas,
mira una mariposa y crea un antifaz,
sonríe y a mí me brotan lágrimas.

Sin embargo, somos como hermanos:
provenientes de los mismos altos hornos
resonamos en la misma frecuencia
y nos hundimos a la par.
(No disgustándonos las salidas de emergencia
mas sí las fáciles y sin alarma previa).

En el extremo final de la isla
que juntos habitamos
levantamos un muelle para los cataclismos.
Y cada cual ha escondido una mitad del mapa
para que ninguno de los dos sobreviva.

Su demonio recorre, entonces, sus dominios
Mientras él desperdicia los días vaticinando.
Así Jueves sólo distingue a uno,
Desencajado,             roto,
aspirante a cartógrafo o suicida.

(El no señor de una isla.
El señor de una isla irrepetible).

§

Jueves y yo levantamos un escenario en el que representamos la cotidianidad; el Lunes y no el Domingo, el Martes y no el Miércoles.
La hora de comer requiere de una escenografía mínima, apenas una mesa para dos, la vajilla pertinente, platillos recalentados previamente.
La iluminación como de sol en descendencia, simulando las cinco treinta de la tarde; y música de fondo para la correcta ingestión de las palabras que, por tratarse de una escena entreactos, son de pronta caducidad, sirviendo sólo para no olvidarnos demasiado de los diálogos, de esa capacidad de digerirnos lentamente y sin gases.



Fernando Carabajal nació en Chicago en 1973. Naturalizado mexicano es egresado de la ENPEG La Esmeralda y, a la par de las artes visuales, se dedica a la poesía, la reseña y la crítica de arte.  Ha expuesto y es coleccionado en diversos museos y galerías de todo el mundo y publicado los libros Fragmentos de circo (UAM-1999) y Cuadernos y márgenes (Ediciones Acapulco-2011). Ha sido becario del FONCA-Jóvenes Creadores en 2006 y del Sistema Nacional de Creadores 2011-2014. Es fundador del Colectivo "Viernes" a partir de su interés y profunda relación con la figura y distintas versiones de Robinson Crusoe, a partir de la cual ha desarrollado parte de su obra y Jueves, del que aquí se muestran unos cuantos fragmentos. Vive y trabaja en Hamburgo, Alemania y la Ciudad de México.


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