POESÍA Lucy al cuadrado | Adriana Ventura


Llegas a mi noche 

Con el perímetro de tus tacones acribillas mi rutina. Vienes a espantarme la nostalgia. Tus pasos son corazonadas en las que creo. Te me insinuas. Yo discreta guardo la curiosidad. Hubo en alguna parte, quinceañeras que se levantaron la falda ante caballeros morosos.


Hasta aquí las preguntas 

Quizá era yo la quinceañera y tú la dama morosa. Pero te dejo hablarme. Y me sacudes el nidito donde la tristeza se me pone. Estoy en deuda. Tú me hablaste de jaulas enamoradas del canto. Yo no sabía nada del vuelo. Pero valiente, me animaste a no mirar el abismo en mis rodillas rotas.

Reanudo

Me acariciabas el torso. Lo que yo tenía roto no te bastaba. Cariñosa acompañabas mi herida. Mi voz quebrada soñó con jaulas, jamás con paredes blancas, tampoco con sangre. Sangre loca que manchó a los caballeros de fina estampa, los que por aquí paseaban.

Suplico

Anima mi voz quebrada. No me quiero sola. Tengo las manos llenas de palabras que no encuentran su verso, son palabras hilando vieja pelusa y me atarantan. Sé que a ti los adjetivos te ponen mal. Estoy asesinando mi pronombre. ¿Ves?, no hay adverbios. Todo me sangra. Escribo pero me estoy dejando muda.

El silencio se pone a sus anchas

Y tú cuadrada, lejos, con tu sonrisa pintada, rubia, rumana, rumiante trigueña. Voy a desvalijar mi equipaje de sustantivos. Ya está. Bombea una hecatombe. Las burbujas antes de estallar, me acarician. Me cosquillean las ganas de husmear tu día. Saber qué ruido te despierta. Cuál es la temperatura del agua que te limpia. No tienes días: tú eres la noche.
         De tus mejillas podría trenzar la lluvia, un abrazo que me devuelva los ojos para cabalgar en vilo por tus días niños, por tu trémula manera de romperte los labios y aclamar a grito tendido que te besen, que te usurpen los demonios.

Sigue el silencio

Entre el Atlántico y el Pacífico no hay puentes, no hay manera de contar los pasos que daría por ti. De aquí al dolor estancado en tus muñecas. De quién serán tus dudas. De quién fuiste a los quince años. A que hora te entregaste a esos muros. Sé exacta. Te suelto. Me encallo a otra espalda, a otro basto y copas.

No más preguntas

Sin arañar, voy a meter la cuenta de estos meses en una botella, para que te broncees con mis rumores cuando te dores al sol, cuando las nubes te canten canciones de cuna, de escuelita rural, canciones de mujer melancólica bailando un vals de Viena.

Encierro

Que las coordenadas te alejen de nuestro encuentro, chaparrita cuerpo de uva, pero vuelve. Aunque acá a nadie se fía, yo todavía te debo dos o tres abrazos, una pura y dos con sal.



Adriana Ventura. Ha realizado estudios de licenciatura en la UAGro, de especialidad en la UAM-Azcapotzalco y de maestría en la UNAM. Ha publicado la paquete Geografía negra (Verso Destierro, 2013), La rueca de Gabrielle (Editorial de otro tipo, 2014) y Café Bausch (Colección La Ceibita/Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Actualmente es becaria del FONCA.

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