DI(VAGACIONES) Los robots conquistarán el mundo | Marisol Vera Guerra


Sí, Isaac Asimov fue uno de mis autores favoritos en mi adolescencia, antes de él había leído a Julio Verne, y ya sabemos lo que se dice de este par, que son los “profetas” científicos. Verne, en pleno siglo XIX, fue capaz de anticipar no solo los viajes espaciales y los submarinos, sino cosas tan actuales como la existencia de la Internet y la globalización (claro, no les daba estos nombres, pero la idea se asoma en su “Paris en el siglo veinte”); Asimov, por su parte, en 1950 exploró en su “Yo, robot” la lógica de la inteligencia robótica mucho antes de que existieran, siquiera, las computadoras personales.

Sin embargo, la principal tarea de los escritores de ciencia ficción no consiste en ser futurólogos; la ciencia ficción se ha caracterizado siempre por exponer los dilemas humanos, por su consciencia social y por observar y cuestionar la realidad desde perspectivas ingeniosas, negadas a la literatura realista. Sin embargo ha sido un género poco valorado por los doctos y eruditos, cosa que, me parece, está cambiando por fin para ponerlo en el sitio que se merece.

Por mi parte, he confirmado que Asimov y Verne siguen siendo excelentes aliados para acercar a la literatura (y al arte en general) a niños y jóvenes. Y no es que considere las suyas “obras juveniles”, pues he comprobado que a lo largo de los años uno puede redescubrir sus universos y, acaso, teorizar más sobre ellos. Pero los chicos suelen ser receptivos a las posibilidades de exploración que ofrecen estos autores. Es sencillo encontrar puntos de referencia y anclajes en el mundo cotidiano, permeado de tecnología.

Uno de mis cuentos favoritos del norteamericano es “Sueños de robot”, en el cual Elvex, un robot, comienza a soñar y descubre, en una capa inconsciente de su cerebro positrónico (es decir, basado en el positrón, la antipartícula del electrón), el deseo de rebelarse contra los seres humanos, los cuales han esclavizado a su “gente”.

Una de las controvertidas conclusiones de Yo, robot es que las máquinas terminan siendo más eficaces para conducir el destino de los seres humanos que nosotros mismos. Los robots ideados por Asimov no son los monstruos exterminadores de muchas películas de acción, sino autómatas bastante sensatos, con elevados principios éticos.

Ahora, más que nunca, toman relevancia los cuestionamientos que nos plantea esta narrativa, en casos donde la máquina toma la función del humano (como “Asimo”, el famoso robot humanoide diseñado por la empresa japonesa Honda desde hace décadas), o donde la máquina se fusiona con el hombre (como Neil Harbisson, el joven artista irlandés considerado oficialmente, por un gobierno, el primer cyborg del mundo). Muchas de las ficciones de antaño son ahora una realidad tangible.



Marisol Vera Guerra. Escritora, editora y dibujante empírica. Su obra abarca los géneros de poesía, ensayo, narrativa y dramaturgia. Además experimenta con el videopoema y el performance. Coordinadora de talleres de escritura creativa y de fomento a la lectura. Ha publicado seis poemarios; sus libros más actuales son Canciones de espinas, Poetazos (2014) y Gasterópodo, Ediciones El Humo (2014), incluidos en la Enciclopedia de la Literatura en México, ELEM. Obra suya aparece en siete antologías, la más reciente: LA LUNA E I SERPENTI,  prima  antologia di landai ispanoamericani, Progetto 7Lune (2015). Becaria del ITCA en 2010 con la investigación literaria sobre la Huasteca: Imágenes de la fertilidad: canciones al hijo del viento. Su columna “Páginas de tierra” se publica en el periódico La Razón, de Tampico.


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