POESÍA La memoria | Judith Santopietro


Para los guerreros milenarios, para los pueblos de Oaxaca (2006)

A los maestros y familias en resistencia
esta noche oscura del 19 de junio de 2016

Era de noche por las orillas del viento,
cada paso de sombra
se arremolinaba en el junco,
cada palabra seca guardaba su silencio
en una jícara.

Aquellas aves palparon su mirada una a una
con el entrecejo adusto colgando de su frente,
para que sus ojos
(luz donde el llanto no cabe)
se hundieran en el pensamiento herido.

Anoche cayeron los siglos
como una granizada de plomo que acecha la tarde;
tocaron cada puerta de las calles;
abrían la memoria que duerme en una cama,
en la garganta del anciano
atada en el tronco
en la raíz terca del enfado.

La que por el camino anega
leyendas de humo
entibiadas en la dura lumbre del fogón,
la que nos despertará con la palabra inquieta
para decirnos que a la calle han vuelto,
que las aves siguen merodeando la plazuela
y no se casan,
y no olvidan.

Pero esta mañana,
veredas anchas por donde correr,
gritos que alcanzan cada trasto de miseria
en el borde de una mesa.

Ojos de la gente
urdimbre de la memoria
que teje con sus voces altas
los siglos de barro entre sus lenguas.

Esas aves cargan la historia en sus garras:
la del niño con su panza serpenteante de moscas,
la del viejo con su espalda quebrada,
la de áridos maíces en cada surco de la tierra.


II

En la plaza hay un tumulto
de máscaras antiguas
que se mecen por los resquicios del tiempo:
en las esquinas
se levanta la palabra junto a los muros de ladrillo seco
para colarse en la puerta de las chozas
y despertar
tras del vapuleo hondo.

Nidos en medio del cuerpo anegan sus vapores sordos
                                en la boca,
mal graznido de garganta quebrada,
alarido crudo entre las llamas de un horno
que deshila nuestros cuerpos:
todo trabazón de terquedad
mientras las aves rondan los huesos tendidos por la noche.

III

En el caudal del río,
las piernas se hunden con los guijarros de silencio;
miradas entre la neblina ciega de los árboles;
profundos labios de piedra anidan el musgo
y beben de la boca de los peces
un poco de sangre para no morir
en la curva de un reloj petrificado.

Busco los pasos de nuestra muerte
entre la polvareda,
pero hallo los huesos de un pueblo antiguo
que aún no duerme.

IV

Se han ido a la montaña
                                      (como guerreros)
para enterrar la memoria de un pueblo milenario.
Han caído,
con gotas de sol y sangre.


JUDITH SANTOPIETRO (México, 1983). Escritora e investigadora. Premio Nacional de Poesía Lázara Meldiú 2014. Ha publicado en el Anuario de Poesía Mexicana 2006, Fondo de Cultura Económica; Antología del Festival Latinoamericano de Poesía Ciudad de Nueva York, EE UU, 2014; y el libro Palabras de Agua, Conaculta, Ivec y Praxis, México, 2010. Ha participado en la XXX y XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería; III y IV Recital Chilango-Andaluz, México y Sevilla, España; Festival de Poesía Latinoamericana Rodante LATINALE, Berlín, Alemania, 2010 y 2015. Estudia el doctorado en Iberian and Latin American Literatures and Cultures, en literatura y cultura nahuatl, Universidad de Texas en Austin. Dirige Editorial Cartonera Iguanazul, un proyecto para revitalizar las lenguas indígenas entre las comunidades migrantes en la ciudad de Nueva York.

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