ACERCAMIENTOS De la escatología poética de Gabriel Avilés | David Anuar González Vázquez


Líneas paralelas,
El universo, caos de Dios
Gabriel Avilés

Estoy convencido, Poemas de Suburbios y Burdeles, de Gabriel Avilés, es un libro sin miramientos, o como diríamos popularmente, sin pelos en la lengua. Aquí tenemos un conjunto de textos que dialogan sobre lo oculto, que arrojan una luz estremecedora sobre aquello que siempre ha estado ahí, escondido, en medio de nuestra experiencia cotidiana de la urbe y la exacerbada miseria humana, personal y colectiva, que se ha vuelto rutina, invisibilización, apatía. En este sentido, los poemas son reveladores, epifánicos, lacerantes.

Como todo lector, he trazado mi propia línea de interpretación a lo largo de los textos que se aglutinan en tres secciones: “Poemas de Suburbios I”, “Poemas de Suburbios II”, y “Poemas de Burdeles”. El hilo que he tratado de tejer para crear mi propia visión de conjunto sienta sus bases en el significado de la palabra escatología, vocablo que una y otra vez resonaba en mi cabeza mientras leía la obra de Gabriel. Escatología. De ahí el título de esta presentación. Escatología. Una palabra bisémica, es decir, que contiene en su interior una doble significación. Por un lado, la Real Academia Española define escatología, en su primera acepción como “Conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba”, y que usualmente se relaciona con el libro bíblico del Apocalipsis; en su segunda acepción, escatología quiere decir “Uso de expresiones, imágenes y temas soeces relacionados con los excrementos”, aunque en general y en un sentido más abarcador se suele vincular con lo bajo, con lo despreciable, con lo vil, con lo abyecto.

Desde mi lectura, este doble significado de lo escatológico, esta doble matriz de sentido vertebra el libro de Gabriel Avilés, pues el poeta, en la primera sección del libro nos muestra no el apocalipsis que habrá de venir, no el metafísico ni el catastrofista; no, Gabriel nos muestra, con la precisión terrible de un arcángel, el apocalipsis de la vida cotidiana, el apocalipsis que se talla ante nuestros ojos día con día en los suburbios que habitamos, y si bien Gabriel nos da un sentido descarnado de la realidad al mostrarnos lo más vil de nuestro entorno al estilo de los poetas malditos, incluso encontrando la belleza disonante de lo abyecto, en el fondo, creo que también reside en él algo de esa angustia atroz por la humanidad característica de los profetas bíblicos. Gabriel nos comparte entonces la escatología de lo cotidiano, pero a diferencia de los profetas bíblicos, él no parte de la seguridad en el ser trascendental de Dios, sino de la horrenda revelación que se sintetiza en el siguiente verso: “El universo, caos de Dios” (Avilés, s.f.: 13) y de la espantosa vacuidad desde la que testimonia la radiografía decadente del mundo suburbano, como lo deja ver en el canto III de la primera parte del libro:

Desde el vacío aprecio
Perros que hacen un Apocalipsis con su cola
Niñas llevando en su espalda un manto gris
Camiones derretidos por la ausencia de pasajeros
Diluvios que exterminan hambrientas langostas
(Avilés, s.f.: 17).

Respecto al sentido abyecto de lo escatológico, éste se puede apreciar en los seres que transitan por estos poemas, que al igual que el yo lírico, están irremediablemente quebrados, como se pone al descubierto desde el primer poema: “Hormigas y alacranes / Llevan a cuestas / El daño de mis restos” (Avilés, s.f.: 13). Sin embargo, es en la tercera sección del libro, “Poemas de burdeles”, donde lo abyecto alcanza el paroxismo, como ejemplo quisiera leer el fragmento número 1 d, donde se muestra aquello que se busca esconder, donde ladillas, niños de labios hendidos, madres menesterosas y autistas, cuchitriles, restos, lo vil, lo menospreciado es traído a la luz a través de los versos del poema:

Los suburbios esconden ladillas en sus epicentros,
Mientras sus estructuras, las corroen niños con labios hendidos,
El aire, les confunde con langostas en plena copulación,
Sus madres, de naturaleza andrógina
Comen en su cuchitril los restos de cascajo.
Menesterosas autistas
(Avilés, s.f.: 59).

Otro ejemplo de lo abyecto lo encontramos en el fragmento 10, donde se pone de relieve el onanismo que el yo lírico cultiva:

En mi urbe, la anarquía es de una muñeca de látex
Y el semen explora mis ingles
Para copular con navajas bajo sábanas.
Apago esa verborrea electrónica
Y Onán sorbe mi esperma.
(Avilés, s.f.: 77).

Pero no sólo los distintos sujetos que deambulan por estos versos están postrados, heridos, sino que el mundo mismo se ha vuelto vacío, inerte paraíso, alcantarilla, como dice Avilés en varios de sus poemas.

De alguna u otra forma, me parece a mí, a lo largo de estos textos se anola la idea de la caída. Y es que en este libro la sombra de la tradición judeocristiana, encarnada en la Biblia, murmura en la costura de estos versos, aparece y reaparece en alusiones a personajes e historias como las de Judas, Onán, Lázaro, Cristo, Sodoma y Gomorra, pero también tomando prestados conceptos e imágenes poéticas, como los profetas, los fariseos, la crucifixión, o las langostas del Apocalipsis. Se aprecia entonces la profunda escisión entre lo sagrado y lo humano, y la búsqueda constante del yo lírico por encontrar un resquicio de trascendencia que lo lleve a restablecer la conexión con lo sacro, como se aprecia en el canto V de “Poemas de Suburbios”: “Rezo / Dios, Dios, Dios / ¿Acaso estás?” (Avilés, s.f.: 21). Y no obstante, Dios, como decía Jaime Sabines en Algo sobre la muerte del mayor Sabines, es un “manco de cien manos, / ciego de tantos ojos, / dulcísimo, impotente” (1999: 371), y es que en este libro de Gabriel Avilés o la deidad está en fuga o es incapaz del todo para salvar al abyecto mundo urbano que se esconde en el corazón mismo de los suburbios, como se deja ver claramente desde el primer poema: “Cristo recorre la niebla / Su intención, salvarme / Pero, fenece en el aire denso de las urbes” (Avilés, s.f.: 13).

Por último, quisiera señalar que en este libro de Gabriel Avilés no hay falsos dramatismos, ni mucho menos una profanación de lo sacro, creo que en esencia, en estos poemas, Gabriel nos muestra la desgarradora tensión hacia lo sagrado que sufre la voz lírica, al igual que Jacob luchando contra Dios, esta desgarradura se cimenta en un profundo sentido de la blasfemia, en la forma como define esta idea el director de teatro polaco Jerzy Grotowsky: “Profanación es no tener relación con lo sagrado, burlarse, utilizarlo para objetivos muy bajos […]. La blasfemia es el momento de temblor; se tiembla cuando se toca algo sagrado, quizá ya destruido, distorsionado, deformado, y que aun así sigue siendo sagrado. La blasfemia es un modo de restablecer los vínculos perdidos […] Sí, es como una lucha contra Dios por Dios, es una relación dramática entre lo sagrado y el ser humano, que ve todas las distorsiones” (en Raimondo, 1992). Éste, es pues, el libro blasfemo y escatológico del arcángel Gabriel.

Mérida, Yucatán, 23 de junio de 2016

Bibliografía
1. Avilés, Gabriel (s.f.), Poemas de Suburbios y Burdeles. Issuu.com (Fecha de consulta: 20 de junio de 2016).
2. Raimondo, Mario (1992), “El teatro laboratorio de Jerzy Grotowski”. Quinta entrega de Cinco sentidos del teatro. Cinco monografías sobre el sentido del teatro, Pontedera: Radiotelevisión Italiana (RAI), Centro para la Experimentación y la Investigación Teatral de Pontedera.
3. Real Academia Española (RAE). (Fecha de consulta: 21 de junio de 2016).
4. Sabines, Jaime (1999), Recuento de poemas 1950-1993, Ciudad de México: Joaquín Mortiz.


DAVID ANUAR (Cancún, Q. Roo, 1989) Licenciado en Literatura Latinoamericana (UADY). Estudiante de la Maestría en Español (ENSY). Profesor universitario y de educación media superior en materias de literatura. Becario del PECDA con el libro híbrido Cuaderno Cancún (2012) y con la novela Los escribanos de la selva (2015). Ganador del Concurso de Cuento Corto Juan de la Cabada (2011). Autor de la plaquette de poesía Erogramas (2011, Catarsis Literaria El Drenaje) y de los libros Cuatro Ensayos sobre Poesía Hispanoamericana (2014, Ayuntamiento de Mérida) Bitácora del tiempo que transcurre (2009-2014) (2015, Ayuntamiento de Mérida), y Memoria de Gabuch (Crónica de Koppara) (2016, Letramar).

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