ESCAFANDRA La violencia que no sentimos | Blanca Vázquez


La vida cotidiana muestra cómo los individuos se desprenden de etiquetas y rompen clichés asignados por la sociedad, del mismo modo enseña que la constante reproducción de habitus[1] provocan que aquello que se realiza de manera cotidiana no cambie, porque todo el tiempo se ha realizado de esa forma. Lo cotidiano se explora a través de las vivencias diarias cargadas de significados e intereses, se pregunta por qué un aspecto representa para un grupo social vital importancia y para otro sencillamente es una nimiedad.

Coexistimos con la violencia simbólica de la que nos hablaba Bourdieu en los años 70; hemos llegado hasta el 2016 y pareciera que nosotros mismos entramos y salimos de un carrusel en el que nos subimos y nos divertimos o quizá damos vueltas sin siquiera saber que lo estamos haciendo. Se respira en la ciudadanía hartazgo, cansancio, vulnerabilidad y no niego que hay explosiones ciudadanas que nos hacen revisar este tema.

El constructo social se ve transgredido por las diversas cotidianidades y se transforman los hechos socioculturales, aunque frecuentemente resulta mucho más arduo que modificar los hechos naturales.[2] Los estudios sociales muestran la relevancia de visibilizar la indiferencia a través de investigaciones sobre lo subjetivo, esperando que la visión no se homogenice y se permita extender el conocimiento con más variantes que con ataduras. Un conocimiento que revele y rebele a las humanidades como un acicate en el trabajo del hacer social. ¿Por qué creo que existe violencia simbólica en esta sociedad?
  • Porque las prácticas de estado en todos los niveles están plagadas de desigualdad, ésta es corrosiva para la democracia.
  • Porque al nacer en un territorio y más si éste es pobre, de manera constante los discursos orales y visuales te hacen creer que sólo perteneciendo al partido en el poder se podrá tener una mejor calidad de vida.
  • Porque cuando el estudiantado o profesorado decide no coincidir con las formas de educación caciquiles y de conveniencia la protesta que es siempre civilizatoria se ve condenada y soterrada.
  • Porque la manipulación de contenidos aún en los libros de texto va conformando una ideología patriarcal y cuando se busca ver los dos lados del tema se piensa que se es extremista.
  • Porque este sistema neoliberal ha buscado que la ciudadanía no exista como figura importante, al contrario, ha buscado la no solidaridad y muestra efectos paralizantes para los movimientos que van naciendo. (Esconden su basura en donde a ellos se les antoja).
  • Porque se nos ha dicho que existe libertad de expresión y vemos plagados los medios de comunicación con mensajes partidistas o del gobierno, de propagandas proteccionistas que en lugar de fortalecer a la ciudadanía la debilitan y humillan.
  • Porque las conquistas logradas por los movimientos civiles (sindicatos, creación de universidades pueblo) sólo han servido para mantener a la mayoría bajo control y los dirigentes se han vendidos a favor de sus intereses personales y no los colectivos.
  • Porque el estado de poder brinda un beneficio personal el cual no se quiere perder, aún cuando se atente en contra de generaciones enteras (educación, feminicidios, desapariciones forzadas).
  • Porque hay una fabricación (como menciona Noam Chomsky) de consumidores en potencia y un electorado desinformado.
Recordemos que gracias a los activistas es que ustedes y yo gozamos de garantías y derechos que algunas veces hemos visto nulificados por la violencia simbólica. La sociedad civil es la que debe organizarse, las universidades deben cooperar en ello, brindar información y conformar individuos críticos dentro de estos recintos, de otra manera seguiremos viendo que no hay una soberanía dentro de lo legal y que, aunque aparezcan nuevas leyes, éstas sirven de formularios y quedan en letra muerta. El estado como institución no ha sabido brindar a sus ciudadanos libertades, por el contrario, contamos con una impunidad crónica, que todos vemos y sentimos pero que de tanto tenerla a nuestro lado pasa como una violencia simbólica en todos los ámbitos de nuestra existencia.

Para leer:
1. Carlos Sánchez, Ángel. (2012). Pasión por la Indiferencia. México: Instituto Mexiquense de Cultura.
2. Salinas, Antonio. (2011). Serial. México: Tierra Adentro.
3. Bello López, Jesús Bartolo. (2004). No es el viento el que disfrazado viene. México: Centro Toluqueño de Escritores.


[1] Habitus: Conjunto de esquemas generativos a partir de los cuales los sujetos perciben el mundo y actúan en él. Teoría de Pierre Bourdieu.
[2] Martha Lamas. (2001). Sexismo y Feminismo. En Mujeres mexicanas del siglo XX. La otra revolución (628). México: Instituto Politécnico Nacional.


BLANCA VÁZQUEZ nació en el Distrito Federal, en 1973. Su vida ha transcurrido en el estado suriano de Guerrero. Estudió Literatura Hispanoamericana y es maestra en Estudios Socioterritoriales y doctorante de Literatura. Ha publicado Los letargos de Artume (La Tarántula Dormida); Ojos de lechuza (Rojo Siena) y El corazón en la mano (Editorial Fridaura). Imparte clases en la Universidad Autónoma de Guerrero. Email: itasavi1@hotmail.com

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