POESÍA Los caminos del espejo | Alejandra Pizarnik


I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

Del libro Extracción de la piedra de locura (1968)

Ilustración | Hipérbole, intersecciones creativas


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POESÍA El abandono azul de la cocina | Francisco Umbral


Tu cuerpo es un hermoso fragmento
de no se qué grandeza rota.
El cesto de frutas de tu vida
se renueva por sí solo todos los días.
En tu boca destrozada habla la tristeza del martes
y en tus dedos minuciosos arden páginas de luz.
Le abultas al mundo como una planta excesiva
y dejas magnitudes de olor por donde nadie pasa.
Has oxidado el aire con tu cansancio,
has enterrado todos los clarinetes,
tienes senos destruidos como la antigüedad
y muslos de cosecha que le pesan al día.
Busco en tu alma un tabaco de infancia,
busco en tu sexo un mar desalentado,
y comprendo que los muertos, realquilando tu casa,
hacen un poco más alegre
el destrozo del amor y el abandono azul de la cocina.

Poema tomado del libro Obra poética (1981-2001)

FRANCISCO UMBRAL nació el 11 de mayo de 1935 en Madrid, y desde los años sesenta se dedicó, profesionalmente, a la literatura y el periodismo. Se le ha definido como «el mejor prosista en castellano del siglo». Su novela Mortal y rosa (1975) es considerada una de las obras maestras de la segunda mitad del siglo XX. La obra de Umbral ha merecido, entre otros reconocimientos, el Premio Mariano de Cavia, el Premio González Ruano de Periodismo, el Premio de la Crítica, el Premio Nadal con Las ninfas, el Premio Príncipe de Asturias, el Premio Víctor de la Serna, el Premio de Novela Fernando Lara con La forja de un ladrón, el Premio Nacional de las Letras y el máximo galardón en lengua castellana, el Premio Cervantes. Entre el resto de sus obras destacan Un carnívoro cuchillo, Los helechos arborescentes, El socialista sentimental, Madrid, tribu urbana, Trilogía de Madrid, La leyenda del César visionario, Diario político y sentimental, Historias de amor y Viagra, El hijo de Greta Garbo, Un ser de lejanías, Cela, un cadáver exquisito, Los metales nocturnos, Días felices en Argüelles y Amado siglo XX. Murió en Boadilla del Monte (Madrid) el 28 de agosto de 2007.

Ilustraciones | Hsiao Ron Cheng 


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EDITORIAL PARAÍSO PERDIDO Las conspiraciones fallidas de Eric Uribares


Eric Uribares indaga en los movimientos altermundistas que han ido surgiendo en nuestra era posmoderna de manera parecida a las sectas de la Edad Media, y satiriza con ingenio chestertoniano y muy buen sentido del humor sus más extrañas posibilidades y combinaciones.
Ana García Bergua

Si es de los que sólo quieren pasar un buen rato leyendo, no lo dude más y llévese este libro a casa, además la edición es monísima y pertenece a un proyecto editorial independiente que se ha dado a la tarea de buscar nuevos talentos. Podrá decir que lo leyó antes de que se hiciera famoso. Podrá quedar bien en las charlas de sociedad. Cuando comparta una cerveza con los amigos y le pregunten qué está leyendo, entonces podrá alzar el meñique y responder: Me topé por casualidad con un libro de un tal Uribares que deconstruye la identidad mexicana contemporánea más allá de los prototipos y la posmodernidad. O si lo prefiere, puede decir con más franqueza: Me leí de un tirón un libro pocamadre, se llama Las conspiraciones fallidas, ahí luego te lo paso, te va a encantar.
Ave Barrera

AUTOR
Eric Uribares
COLECCION
Taller del Amanuense
PÁGINAS
128
IDIOMA
Español
PRECIO
$ 150.00
PREVENTA $125

Libro disponible en Editorial Paraíso Perdido


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PROSA ¿Hipérbole? o ¿Cómo erradicar la hambruna en las escuelas? | Armando Rivera

Tras más de media hora de espera bajo el sol, apareció en escena la camioneta del alcalde. Llegó escoltado por otros autos, quizá para evitar cualquier intento suicida-homicida por alguno de los niños de la escuela primaria en la que se dieron cita para inaugurar una cancha de basquetbol.
    El señor Z, alcalde de A, mi ciudad, bajó de su camioneta y al instante su rostro fue  capturado por las cámaras fotográficas. Todos los invitados de honor tomaron sus asientos, no sin antes saludar de mano a cada uno de los asistentes y recibir sus respectivos aplausos.
    Al lado de las sillas donde estaban los invitados había un pequeño micrófono. Una muchacha de no muy buen parecer y peor voz que subió y se puso frente a él, dijo:
    –Estimados asistentes, bienvenidos sean todos ustedes a este gran día, en el que la presencia de tan distinguidas personalidades engalana nuestra escuela.
    Luego pasó a decir cuál era la razón de su asistencia y quiénes los beneficiarios de la obra. El momento que todos esperaban llegó cuando mencionó que cedía la palabra al presidente municipal.
    –Buenos días –dijo Z al tomar el micrófono y, por lo tanto, después de esas ovaciones que parecen interminables–. Buenos días tengan ustedes. Quiero, antes que cualquier otra cosa, saludar fraternalmente a mi compañero, mi amigo, el director de esta escuela, el doctor en pedagogía X. Claro, también, expresar mi agradecimiento al secretario de educación del municipio, el licenciado V. Demostrarle del mismo modo todo mi aprecio al licenciado en educación física y secretario del deporte W. Pero por mencionarlo al último, quiero dejar constancia de que no es menos importante la presencia del secretario de construcciones, el ingeniero Y, quien siempre me ha demostrado su apoyo incondicional.
    Terminó su discurso y se dirigió a su asiento. Hubo aplausos hasta que la muchacha que presidía mencionó que era el turno de hablar de V.
    –Gracias. Primeramente –dijo, y con la mano extendida, cuya palma se dirigía a él mismo, volteó hacia el alcalde– quisiera regresar el saludo a mi amigo y colega, compañero de mil batallas, al ciudadano alcalde licenciado en derecho y ciencia política Z, quien siempre me ha demostrado todo su apoyo –se detuvo y carraspeó tras acomodarse los anteojos–. Aprovecho la oportunidad para mandar otro cálido saludo al director de la escuela, el doctor en pedagogía y maestro X. No quiero, tampoco, dejar de lado la oportunidad de enviarle un afectuoso abrazo al director del deporte, el licenciado en educación física W. Y que me disculpe por dejarlo al final, pero que se entere que tiene todo mi respeto y admiración el secretario de construcciones, el señor ingeniero civil Y, quien nos favorece hoy con su presencia.
    Una a una, las tres personalidades restantes pasaron y dijeron un discurso cuyas palabras sólo diferían en la posición en la que colocaban a los otros. Me dediqué durante todo ese tiempo a tomar notas y sacar algunas fotografías. El acto finalizó con el listón rojo cortado por unas tijeras ridículamente grandes. El encargado de hacerlo fue el alcalde Z. Fotografías y más fotografías. Saludos y fotografías. Después, todos los reporteros corrimos tras el alcalde para arrebatarle alguna declaración que pudiera ser de utilidad para la nota del día o tal vez una posterior: algún secreto revelador, una injuria o palabra mal pronunciada. Cualquier cosa serviría.
    –Solamente quisiera agregar –dijo cuando ya había sido rodeado por todas las grabadoras y las cámaras de televisión– el agradecimiento al doctor en pedagogía y director de esta escuela: X. También a los secretarios de construcción y deporte, al ingeniero civil Y y al licenciado en educación física W.
    –¿Y el secretario V? –preguntó una voz de por ahí.
    –Entrañable persona. También a él extenderle mis saludos, a mi cercano amigo el ciudadano secretario en educación licenciado en pedagogía V.
    Cuando acabó de hablar fue cobijado por una muralla de guardaespaldas y subió a su camioneta para desaparecer.
    Minutos más tarde llegué al periódico y de mis apuntes estructuré un texto débil. Se lo entregué con vergüenza a mi director de información. Lo reprobó con la mirada y me dijo que ya vería qué podría hacer con él. Al día siguiente vi la noticia en diferentes medios. Todos destacaban la elocuencia del alcalde y mostraban las cifras que mencionó durante su discurso, no exento de citas a otros políticos de renombre. Al revisar la publicación de la mía, vi que la habían titulado de la siguiente manera: “'Erradicaremos la hambruna en las escuelas': Z”

ARMANDO RIVERA ROCHA nació en Gómez Palacio, Durango, en 1991. Egresó de la licenciatura en Ciencias y técnicas de la comunicación en la Universidad Autónoma de Durango. Obtuvo una mención honorífica en el Concurso 44 de la revista Punto de Partida, de la UNAM, en la categoría de cuento. Fue becario para el Festival Cultural Los signos en rotación, del ISSSTE, en el área de narrativa, e incluido la antología Horizontes de sol y polvo, panorama del cuento joven lagunero, publicado por la Secretaría de Cultura de Coahuila.


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LETRONAUTA Ya casi es navidad | Wilberto Palomares


—Disculpe joven —interrumpió mi andar una joven con uniforme y una sonrisa tan amplia que no podía ser real —¿le interesa nuestra oferta del día? Dos cajas de luces navideñas con música por sólo $89.90.

Eso fue todo.

La palabra con "ñ" empezó a hacer eco en mi cabeza. Levanté la mirada y el pasillo 7, que normalmente tiene cereales y una variedad innecesaria de leche parecía haber desparecido.

En su lugar había esferas luminosas, de cristal o cubiertas con brillo; hombres de nieve que en realidad eran de plástico; extensiones infinitas de pequeños e intermitentes focos multicolores. Un poco más allá, al final de los estantes, frondosos pinos con grandes etiquetas rojas encima 100% natural.

 Corroboré la fecha. Septiembre.

Al supermercado parecía habérselo olvidado que hay feriados antes de navidad. El 16 de septiembre está aquí, y el 20 de noviembre doblando la esquina. La tienda debería estar llena de banderas tricolores, poderosas águilas devorando horribles serpientes; Adelitas y Panchos Villa; serpentinas y gorros; letreros de ¡Viva México! La tienda debería estar de fiesta, en cambio, hay letreros que parecen indescifrables xmas, ¿qué rayos significa eso?

No es tan grave, me dije, esto es una tienda, un negocio, sólo ven mercancías y ganancias. Seguí caminando. Empujando el carrito metálico y luchando por no caer en las garras de las compras compulsivas.

Cada paso era más pesado que el anterior. Aun cuando me esforzaba por dejar atrás el alegre pasillo navideño, las miradas de los pequeños ayudantes de Santa de porcelana me seguían despiadadamente.
Faltan tres meses, me dije, ¡tres meses!

Pareciera ser un efecto de la vida moderna. Todo es más rápido, instantáneo, todo debe estar al alcance de nuestra mano en el momento que lo deseamos o ya no sirve. Vivimos en la época del desechable.

No son sólo las grandes tiendas anticipando las festividades para aumentar sus ganancias. Son las escuelas recortando los días de clase; son los semáforos que cada mes ven alterados sus ciclos de cambio y reducido el siga; son los países que empiezan a preparar los juegos olímpicos de los que serán anfitriones 10 años antes de la inauguración; son las cadenas de comida rápida que en tres minutos te dan una comida completa.

Vivimos cada vez más de prisa. Con más cosas qué hacer, pero con menos tiempo para hacerlas. Corremos a la escuela para dejar al niño, a la oficina para llegar antes de que nos descuenten el día, al gimnasio para que no se noten las cenas congeladas de diario, corremos a la tienda para alcanzar fruta fresca y al banco para pagar la tarjeta antes de que cierren. Siempre estamos corriendo.

—Son $237.60 —me arrancó la cajera de mis pensamiento— ¿desea redondear?

—Ya no hay tiempo de detenerse a oler las rosas —le dije— y no, no deseo redondear.

Como si no me hubiese escuchado o no hubiera entendido siguió su discurso de empleada del mes.

—¿Le interesa nuestra oferta del día? Dos cajas de luces navideñas con música por sólo $89.90. Aproveche, ya casi es navidad.

—Sí —tomé mis cosas y guardé el cambio —ya casi es navidad… deme cuatro cajas.


WILBERTO PALOMARES. Autor del libro Supervisor de nubes, publicado en febrero de 2015 por el CONACULTA. Finalista del concurso de poesía "Vientos de octubre" en España en el año 2011. Egresado del taller de creación literaria "Cuentos" impartido por el reconocido escritor y compositor Armando Vega-Gil y del taller "D Generación Literaria" impartido por Agustín Benítez Ochoa. Dramaturgo de los unipersonales “Dijo que se quedaría... y le creí” y “Loca de amor”. Autor de al menos 70 cuentos y tres novelas. Actualmente trabaja en su cuarta novela La noche de los girasoles y en la antología poética De vaqueros, trenes y poetas.

Ilustración | Pinterest


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ACERCAMIENTOS La música, el camino hacia la divinidad | Andrés Galindo


Aunque se trate de un motivo precristiano, la imagen de un mundo creado y sostenido por las notas musicales divinas ha cautivado durante mucho tiempo a hombres de todos los tiempos; acaso se trate del trance místico al que somos transportados al escuchar el sonido de nuestra música preferida, sea cual sea. Vale recordar las antiquísimas danzas rituales acompañadas de rudimentales instrumentos musicales con que las distintas culturas han invocado a sus respectivos dioses, sintiéndose el hombre en estrecho contacto con las más excelsas e incomprensibles fuerzas divinas.

Por muy disparadas que se juzguen las líneas anteriores, en la <<Oda a Salinas>>, del poeta español del siglo XVI Fray Luis de León, no estamos muy lejos de esa imagen de unión entre lo humano y lo divino a través del sonido de la música. Tal vez el mayor problema que enfrentamos en la exégesis de la oda es la inclusión de elementos no cristianos en el poema de fray Luis dedicado a su amigo, el músico Francisco Salinas. Necio sería seguir escandalizándose, hoy día, por el hecho de que en el poema se encuentren entremezclados elementos hebreos, helénicos y cristianos. Tal vez, durante la época del fraile salmantino, en realidad, esta curiosa mezcla no causara tanto revuelo entre gente letrada, ya que, después de todo, este sincretismo, bien referido por Catherine Swietlicki, obedece a una tradición cristiano-humanista, misma en la que hay que insertar la obra del poeta. Creo que para lograr un buen entendimiento del asunto, es totalmente necesario huir de vanos prejuicios que se ubican más allá de la obra poética.

Digo lo anterior impulsado por la impresión que me ha dejado la escasa búsqueda de fuentes que denota la lectura de Lumsden Kouvel a la “Oda a Francisco Salinas”. El problema de lectura es sobre la quinta estancia del poema.

Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado (vv. 21 – 25)

Todos los manuscritos, salvo el de la familia Quevedo, contienen esta estancia; hoy leemos el poema entero con estos versos, por lo demás centrales. El problema, en esencia, es que Lumsden Kouvel se ha dejado llevar por la opinión de Vossler sobre la originalidad de tal estancia; y es que durante mucho tiempo se le creyó apócrifa porque “no fue considerada en general como absolutamente ortodoxa” (citado en Lumsden 220). Y el autor de “El gran citarista del cielo” parece que no hace más que justificar prejuicios personales:

Al fin y al cabo la atrevida figuración de Dios como el gran citarista del cielo infundía miedo a los que vivían en la sombra creciente de la Inquisición. Incluso al mismo Fray Luis, o por lo menos a su copista, quizás les influiría este escrúpulo, ya que la estrofa se omitió en los manuscritos posteriores de la familia Quevedo (221).

El asunto es que Lumsden Kouvel no ha hecho un buen rastreo de este motivo que Alexander Roob, en Alquimia y mística, llama “la música de las esferas” (89 – 97). Lo cierto es que si bien en la oda lo que predomina es la imagen apolinea, tal imagen no lo es todo; además fray Luis no es el único que se preocupaba por tales temas, y no el único que podría tener tal interpretación de Dios. Ya antes he dicho que estos elementos paganos obedecen, más bien, a una intención sincrética de la escuela cristiano-humanista. El mismo fray Luis nos muestra la figura del Apolo cristianizado y forjador de la música celeste en otros dos poemas: “Canción al nacimiento de la hija del marqués de Alcañices”:

Y el rojo y crespo Apolo
que, tus pasos guiando, descendía
contigo al bajo polo,
la cítara hería… (vv. 31 – 34).
Y “A don Pedro Portocarrero [III]”:
La cana y alta cumbre
de Ilíberi, clarísimo Carrero,
contiene en sí tu lumbre
ya casi un siglo entero,
y mucho en demasía
detiene nuestro gozo y alegría:
los gozos, que el deseo
figura ya en tu vuelta y determina,
a do vendrá el Lieo,
de la Cabalina
fuente la moradora,
y Apolo con la cítara cantora (vv. 1 – 13).

Quizá en estos dos poemas no sea tan evidente la imagen, pero bien podemos darnos cuenta de que no era temor, por lo menos por parte del fraile, lo que lleva a la exclusión de la estancia del poema que tratamos. De hecho, Amado Alonso, da por sentado que, en el proceso de creación, la estrofa es posterior al resto de la composición. Esto quiere decir que el fraile, si descartamos la teoría de que la estancia es apócrifa, sintió la necesidad de completar con esos magníficos versos el poema dedicado a su amigo Salinas.

De cualquier modo, para terminar con la teoría de la estrofa apócrifa, podemos fijar por un momento la atención en la disposición estructural de la oda entera:

Tenemos diez estancias en total. En la primera y la décima se habla expresamente de la música de Salinas, y los efectos que ésta desencadena tanto en el ambiente como en el individuo:
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.
¡Oh! Suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien el bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás amortecidos.
En las estancias segunda y novena se trata del alma y lo mundano. Hay una llamada de atención sobre el alma que invita a reconducir los pasos hacia un origen divino, olvidando, así, todo bien material, que es causa de dolor:
A cuyo son divino
mi alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida,
de su origen primera esclarecida.

A aqueste bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo demás es triste lloro.
En la tercera y octava estancias se trata del espíritu y los sentidos. Se puede observar una dualidad entre los valores terrenales y efímeros en contraposición a la verdad espiritual más allá de lo sensorial:
Y como se conoce,
en suerte y pensamiento se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo ciego adora,
la belleza caduca, engañadora.
¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida!¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

En la cuarta y séptima estancia encontramos el tema del viaje aéreo y la navegación del alma humana a través de los acordes musicales:
Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es de todas la primera.
Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y, finalmente,
en él ansí se anega,
que ningún accidente
extraño o peregrino oye o siente.

Y por último tenemos las dos estancias centrales con las cuales se completa la perfecta estructura simétrica; y en las que se muestra el clímax místico, el pleno contacto con lo divino a través de los sonidos armoniosos de la música:
Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
mezclan una dulcísima armonía.

Como vemos, si la estancia quinta es posterior al resto de la escritura, ésta, al final, resulta imprescindible para la estructura total de la obra; necio sería pensar que de esto fray Luis no fue consciente. Es probable que el humanista salmantino, en su fuero interno, no encontrara las palabras adecuadas, los versos acordes, para concluir la obra dedicada a su buen amigo; y solamente pasado el tiempo encontrara la mejor forma de completar la lira. Parafraseando a Amado Alonso, la labor de fray Luis fue la de dar forma bien definida a un sentimiento de fraternidad.

Juan Francisco Alcina, en su edición de poesías de fray Luis de León, anota para esta quinta estancia un argumento que me parece contundente:

No creo que Fray Luis la quitara en una última redacción por contener imágenes excesivamente paganas. De hecho es una idea que utiliza Orígenes y otros padres de la Iglesia […] y el mismo Fray Luis no teme utilizar en su poesía conceptos platónicos sin mayor dificultad (83).

Por otro lado, la oda entera entronca perfectamente con la impresión que de la música tenía el mismo
Salinas, quien en 1577 publicara De musica libri septem. Salinas también sigue la idea pitagórica de la música de las esferas. La idea básica, según Alexander Roob, es esta:

La teoría de la armonía de las esferas se remonta al filosofo griego Pitágoras (570 – 496 a. C.) Mientras escuchaba en una forja los golpes de martillos diversos, le vino en mientes una leyenda de Yámblico, según la cual se pueden expresar los valores de los sonidos en relaciones cuantitativas, en números y en términos geométricos. Con ayuda de instrumentos de cuerda, descubrió la relación entre la frecuencia y la altura del sonido. Según Pitágoras, el mundo entero se compone de armonías y números. Tanto el alma microscópica como el universo macroscópico se articulan, según él, en proporciones ideales, que se pueden expresar con una secuencia de sonidos (90).

Con todo lo anterior, podemos suponer, al menos de primera mano, que es esta idea pitagórica la que se está moviendo, exclusivamente, en la oda. Pero la misma idea se puede encontrar en la tradición hebrea, como ya lo ha anotado Catherine Swietlicki:

Para los cabalistas, los himnos de alabanza cantados en armonía con la música divina de las esferas eran un punto de partida para una experiencia mística. Por lo tanto, cuando Fray Luis habla de un “apolíneo sacro coro” en su oda a Francisco Salinas, debemos recordar no solamente el uso que hace el fraile de la mitología clásica cristianizada, sino también debemos tener en cuenta los posibles aspectos hebraicos en sus transformaciones mitológicas (650).

Más aún, Alexander Roob, ha sido puntual en la lectura bíblica y ha recordado un pasaje del Génesis (4: 21) en que se cuenta que uno de los descendientes de Caín, Jubal, llega a ser patriarca de todos los tañedores de cítara y flauta. Fray Luis, sabio conocedor y afanado estudioso de la sagrada escritura, seguramente también recuerda este pasaje del Génesis.

Mi teoría al respecto es que el mecanismo para cristianizar todo elemento pagano era hacerlo corresponder con el texto bíblico, de tal suerte que hombres como fray Luis o Francisco Salinas pudieran seguir estudiando a los clásicos, y entenderlos como proféticos; es una manera de decir que Pitágoras no entra directamente en el canon cristiano precisamente por haber existido antes de Cristo; de haberlo hecho, sus ideas empatarían perfectamente con el canon cristiano. Hay que recordar que este tipo de filósofos es el que se encuentra en el purgatorio dantesco. Algunos años después de fray Luis de León, Johannes Kepler identificaría literalmente a Jubal con Apolo; también llegó a creer que bajo el nombre de Pitágoras se escondía nadie menos que Hermes Trismegisto, quien, como sabemos, ya tenía la idea de un sólo dios pleno y unívoco.

Así pues, podemos concluir, junto a Morales Gudmundson, que en fray Luis hay una nostalgia que se debe al deseo de un retorno a un estado que rebasa lo banal, lo terreno. Hay en la obra de Fray Luis una necesidad de un estado de paz al que hay que retornar, y para eso hay que recorrer el camino que lleva a una vida sosegada. Aunque la autora de aquel artículo no trata específicamente sobre la oda a Salinas, me parece correcta su argumentación sobre el camino hacia otro mejor estado de cosas que las que el hombre mundano vive. Morales Gudmundson recuerda tres tipos de camino: uno es el que se hace navegando, y en el cual, si no sigue la preceptiva cristiana, el hombre se hundirá irremediablemente.

Otro camino, digamos, es por tierra, y es la senda del señor; es una imagen, ante todo, Dantesca, pero que también se encuentra en las sagradas escrituras. Y el tercer tipo de camino se recorre por los aires; tal idea supone una ascensión del alma, justo como sucede en la oda que ahora estudiamos; una ascensión a través de la música extremada de Salinas que permite a “el alma, que en olvido está sumida”, aliviar esa nostalgia por lo divino y que “torna a cobrar el tino/ y memoria perdida,/ de su origen primera esclarecida” al llegar a una comunión con “el gran citarista del cielo”.

BIBLIOGRAFÍA

1. Alonso, Amado. “El ideal clásico de la forma poética”. Materia y forma en poesía. Madrid: Gredos, 1955. 33 – 60.
2. Colombí-Monguió, Alicia de. “Teoría y práctica de la poética renacentista: de Fray Luis a Lope de Vega”. Actas del VIII congreso internacional de hispanistas. T. II. Publicadas por A. David Kossof, José Amor y Vásquez, Ruth H. Kossof, Geofrey W. Ribbans. Madrid: Istmo, 1986. 323 – 331.
3. León, fray Luis de. Poesía. Ed. de Juan Francisco Alcina. 6ª ed. Cátedra Letras Hispánicas 184. Madrid: Cátedra, 1995.
4. ____. Poesías completas. Ed. Cristóbal Cuevas. Clásicos Castalia 262. Madrid: Castalia, 2001.
Lumsden Kouvel, Audrey. “El gran citarista del cielo: el concepto renacentista de la <<música mundana>> en la <<Oda a Francisco Salinas>> de Fray Luis de León”. Actas del VIII congreso internacional de hispanistas. T. II. Publicadas por A. David Kossof, José Amor y Vásquez, Ruth H. Kossof, Geofrey W. Ribbans. Madrid: Istmo, 1986. 219 – 227.
5. Morales Gudmundson, Lourdes. “La nostalgia y el camino: Fundamento cristiano-bíblico de la poesía original de Fray Luis de León”. Actas del VIII congreso internacional de hispanistas. T. II. Publicadas por A. David Kossof, José Amor y Vásquez, Ruth H. Kossof, Geofrey W. Ribbans. Madrid: Istmo, 1986. 345 – 352.
6. Roob, Alexander. “La música de las esferas”. Alquimia & mística. El museo hermético. Traducción de Carlos Caramés. Italia: Taschen, 2001. 89 – 97.
7. Swietlicki, Catherine. “Desde la mitología clásica al sincretismo renacentista: Apolo y Saturno en los versos originales de Luis de León”. Actas del IX congreso de la asociación internacional de hispanistas. T. II. Publicadas por Sebastián Neumeister. Frankfurd: Vervuert Verlang, 1989. 645 – 653.

ANDRÉS GALINDO. Hispanista por la Universidad Autónoma de México. Autor de Veinte poemas de la furia (Endora, 2010) y La oficina del olvido (Ediciones y Punto, 2015). En 2011 conoce el formato Slam Poetry y, desde entonces ha participado en el mismo, bien como poeta o como espectador. Actualmente escribe cuentos fantásticos, minificciónes y es aficionado a la fotografía.

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BREVIARIOS DE YAAZKAL Mi relación con los libros | Yaazkal Ruiz C.


Además de la portada, el diseño, y la letra, hay algo más que me fascina de los libros. Los abro y pongo mi nariz entre sus páginas. Son el olor del papel y la tinta elementos de la atracción. Así huele el amor. Si un libro huele bien, además del autor y la lectura que propone, me quedo con él. Me lo llevo a casa, abrazado, pegado a mi cuerpo y no dentro de esas bolsas frías llenas de publicidad barata. Tal vez haya libros que no podrán conquistarnos y, por ello, ser parte de nuestras vidas. ¿Qué importa? Los tuvimos, los abrazamos, nos colmamos de su olor tal como sucede con la persona que amamos. Una forma más de ser felices.


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CUENTO Fuimos otros | Juan Mireles


Alguna vez entendimos que el juego era algo único, que no se terminaría nunca, que siempre cabía la posibilidad de alargarse el tiempo que fuera necesario, hasta agotar la última posibilidad de vencer al otro. Así se pasaban las horas. El fin de semana se reducía a un televisor y un videojuego —casi siempre de fútbol—. Y recuerdo las derrotas: no las digerías de buena manera. A nadie le gustaba perder pero a ti un poco menos. Los domingos, por años, fueron nuestros. Era un acuerdo de palabra: ninguno de los dos podía hacer planes por su cuenta, porque había una necesidad de satisfacer la competencia que siempre estuvo en nosotros –esto ya se anunciaba desde la fotografía donde se nos podía ver a ambos al medio de la explanada de la escuela, con uniformes del equipo escolar de fútbol, erguidos militarmente, a la espera del inicio del primer partido. En esa época éramos tan niños y estábamos de alguna manera más vivos que ahora, porque aunque yo siga aquí, la vida me sabe cada vez un poco menos. Todo se ha vuelto un poco nublado, lluvioso, ¿sabes? Hay una suerte de depresión que no termina por mostrarse entera. Da visos, eso sí, de estar latente en la atmosfera: al menos ronda mis circunstancias.

Esa foto quise dársela a tu madre el último día que la vi, en la misa donde se te recordaba, a un año de tu muerte. Saludé a algunos amigos en común y familiares tuyos (tenía años de no verlos). No han cambiado mucho. Hay años que parecen haberse concentrado en uno sólo, porque parecía todo tal como lo dejaste.

De mí tu madre me recordó al poco tiempo de estar en el templo; es decir, de inicio no me reconoció —¿cuánto tiempo pasó desde la última vez? ¿Diez años de no verla?—. Las personas cambian, dicen. Yo los vi a todos iguales, y fue extraño: me hicieron sentir como si yo hubiese sido el único que había cambiado. Es posible que haya sido así. Alguna vez fuimos niños y en esa niñez yo era otro —ahora soy un tanto más callado e intuitivo, soy un decepcionado, alguien convencido de que la vida debe empezar de cero. Es la única salvación posible, porque el mundo ya no es ese espacio de posibilidades, de infinitos, que en algún tiempo pensamos. Ahora todo resulta ser una suerte de ausencia: el desahuciado que se niega a morir por pura necedad patológica.

La misa no vale la pena ni comentarla: fue un concierto de regaños por parte del padre, y lo hizo de esa manera para hacernos sentir culpables, para dar una mayor limosna. No lo consiguió. Al menos yo no di nada, tampoco Fernando —me acompañó durante todo el rato—. Por cierto,  dijo que habías dejado de ser creyente —a él le creo porque según me cuenta se veían cada quince días en la liga de fútbol donde jugaban—. ¿En qué momento dejaste el catolicismo? Yo juraba, te irías al cielo —¿qué nos separó tanto tiempo? ¿Qué perdimos en los últimos ocho años como para sólo habernos visto en dos ocasiones? ¿Por qué el abrazo al despedirte la última vez que nos vimos, si no eran nuestras formas?

A tu madre la vi bien, por si te lo preguntabas: ya con la aceptación que solo logra el tiempo, esa distancia chamánica, curativa, y para el caso, milagrosa. Aunque debo decirte, sentí la cercanía de lo lógico: el dolor ya llorado, diluido; esa manera que tiene la vida de superar los obstáculos, las pérdidas, de aquello que se va quedando en fotografías o en cuadros o en recuerdos para simplemente, en algún punto, terminar siendo un rumor fantasmagórico, algo que fue importante, un acontecimiento en idea, porque nos volvemos palabras, el recuerdo de otro que hace todo lo posible por traernos de vuelta; pero ya la voz que sale de su boca no es la nuestra, ni lo que dice sobre nosotros era realmente lo que fuimos, ni los que escuchan logran sentirnos cercanos, para ellos somos un pasado brumoso, una curiosidad, algo relatado, para hacer plática, para que la velada sea un poco más interesante, para tener un pretexto para brindar y terminarse la botella.

En fin. Volviendo al pasado de los videojuegos, a esa explosión de tecnología visual que nos deslumbró a todos, debo decir que fuimos felices, allá, en la infancia donde dejamos los mejores años. Tal vez no te acuerdes muy bien de esa época, tal vez ahora ya no puedas recordar nada y yo lo esté haciendo por ambos, tal vez es solo una visión o una sensación que pasa a ser reconfortante en cierto sentido, ¿no? Es posible. Estoy lanzando ideas, posibilidades al aire —después de todo yo qué sé acerca de la muerte. Yo no sé nada acerca de los que se aparecen en los sueños.

Es hora de irme. Tengo que seguir haciéndole al vivo. Si no vuelvo a escribirte es porque los recuerdos se van haciendo cada vez más viejos, más lejanos y no quiero adjudicarte acciones o frases que no vayan contigo. La mente es engañosa. Ya vez, en la última carta –y cada una va siendo más corta que la anterior— dije que tú ibas a misa cada fin de semana y resulta que tenías años de no aparecerte por ahí…

Por cierto, Fernando sigue estando pelón a sus veintiséis años, el champú que presumió la última vez que nos vimos los tres, no le resultó. Ya puedes burlarte de él como solías hacerlo. Yo ya lo hice. Él también no se aguantó la risa.



JUAN MIRELES nació en el Estado de México en el año 1984. Es escritor y director editor de la revista literaria Monolito. Ha publicado en una treintena de revistas y suplementos culturales de Latinoamérica, Estados Unidos, Puerto Rico, España y Brasil. Ha sido columnista durante los últimos tres años en medios tanto en España, Brasil y México. Actualmente mantiene una columna semanal en ruizhealytimes.com, sitio del periodista Eduardo Ruiz-Healy. Segundo lugar en el II Premio “palabra sobre palabra” de Relato Breve llevado a cabo en España. Ocasionalmente, da clases de redacción y creación literaria. Es autor de la novela Yo (el otro) Octavio (Ediciones El Viaje, México, 2014). Blog: Juan Mireles
 
Ilustración | Cesar Biojo
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ESCAFANDRA Acto de fe | Blanca Vázquez




Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.
Proverbio hindú

Entro a una librería, recorro sus pasillos, veo títulos, toco portadas, los tomo y los acarició. En algunos momentos me sé abriendo alguno y llevándolo a mi nariz para aspirar ese olor tan peculiar que enamora. Camino, pienso cuál puedo llevar, cuál está pendiente en casa por leer, cuál puede ser la mejor opción. Llevo los dos o tres en la mano, no puedo decidirme. El estrés hace que no piense con claridad. De pronto me veo cerca de la cajera y le digo que me llevo los tres y pienso: “No es de siempre, son hermosos, debo tenerlos… y otras justificaciones que me hacen sentir tranquila”, los zapatos pueden esperar y para comer con algo sencillo basta. Apuro el paso para poder admirarlos y colocarlos en el estante ideal, pienso en la sección de libros pendientes y yo me respondo de manera apresurada que muy pronto les tocará su momento.

Esa compulsión que se tiene por goce estético o por ansias lectoras es la bibliomanía. Lo bueno que es una adicción fascinante que te puede llevar a sitios insospechados como las pequeñas o grandes librerías de viejo en donde podemos encontrar joyitas únicas. Me sonrío de saber que cerca de mí habitan otros seres con la misma pasión. Mi sonrisa se vuelve más amplia. Luego recuerdo uno y otro título que están esperando turno y dentro del ajetreo cotidiano salen ánimos para seguir en esta vorágine de emociones lectoras.

Cuando logro tener ese libro anhelado me entra pesar al imaginar la espera para obtener un ejemplar en otros siglos, me satisface que hayan existido individuos que dedicaron sus días siendo copistas o amanuenses. Mi estudio es pequeño pero es mi gran recinto, mi habitación propia como mencionaba Woolf[1], en donde me recreo en la eternidad de aquellos que dedicaron su tiempo y vida al crear una obra literaria. Separo los libros por tamaño, por color, por género, por autor o por temporalidad.

Sé que los libros aunque silenciosos son guardianes, libres guardianes que escoltan las palabras contenidas a la espera del desbordamiento semántico. Algunos enciclopedistas como Diderot o D’Alambert[2] definían al bibliómano como aquel individuo que adquiere libros con el mero afán de posesión y disfrute visual pero no con la intención de instrucción o conocimiento. Tal vez así sea, pero muchas veces ese bibliómano es también un bibliófilo que tiene una biblioteca o que suele visitar estos recintos y ahí, sólo ahí se encuentra en armonía y parafraseando a García Lorca[3], en aquel libro que disfruta deja el alma.

Tengo una lista larga de espera. Borges[4] comentaba que en una biblioteca jamás se leerían todos aquellos ejemplares, pero que existía algo eterno y apasionante al sólo poder tocarlos y saberlos ahí. Quizá algunos de ustedes saben de ese placer, pasar la palma de la mano por el lomo, rozar con las yemas la portada, acunarlo en los brazos, abrir las páginas y deslizar los dedos como ojos silenciosos, sentir la tipografía y volar la imaginación hacia el escritor o hacia los personajes que habitan dentro. Ser lector y, aún más, ser bibliómano o bibliófilo en estos tiempos, es un completo acto de fe. Fe en la palabra, en la literatura, en las humanidades, en los hacedores de historias que rondan la soledad lectora. Sí, ya sé, algunos se preguntarán que en dónde dejo la pasión por los libros electrónicos; esa será otra historia.

Para leer:


1. Daniel Pennac. (1993).Como una novela. México: Editorial Norma
2. Juan Domingo Arguelles. (2012). Lectoras. México: Ediciones
3. Markus Zusak. (2008. La ladrona de libros: Lumen
4. Umberto Eco. (1988). El nombre de la rosa. Barcelona: Lumen.


Email: itasavi1@hotmail.com
 

[1] Virginia Woolf en su libro La habitación propia menciona que la habitación es aquel espacio en el que se puede hacer la reflexión personal sobre el ser mujer.
[2] Diderot y D’Alamber, enciclopedistas franceses que formaron parte del proyecto de recopilación del saber en el periodo de la Ilustración. Recordemos que ésta es sólo una visión eurocentrista pero que guardó grandes conocimientos.
[3] Federico García Lorca. Poeta, dramaturgo y prosista español, miembro de la Generación del 27. Autor de Poeta en Nueva York y Romancero Gitano.
[4] Jorge Luis Borges, escritor argentino, considerado uno de los máximos representantes de la literatura universal.
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TEXTOS CARDINALES La estrategia del payaso | Rafael Estrada


Con su Nikon digital, el payaso recorría la playa, deteniéndose de vez en cuando para hacer algunas fotos en las áreas infantiles. Exageraba sus gestos, cuando se plantaba delante de un niño y le hacía una foto tras otra, tropezando torpemente y ejecutando forzados equilibrios para intentar no caerse. Cuando los padres se acercaban les pedía el domicilio, prometiendo enviarles una muestra sin ningún compromiso de compra y rechazando el anticipo que algunos le ofrecían. Habría sido un buen negocio de temporada si hubiera enviado las fotos, pero el payaso prefería utilizarlas como catálogo para su selecta clientela.
A esa hora de la tarde, la playa ya estaba desierta. Alba empezaba a cansarse de subir una y otra vez por el laberinto de barras azules y amarillas, fingiendo que tenía una misión muy importante, en la que salvaba a su imaginario muñeco de caer al vacío. Un muñeco que en esos momentos se encontraba en su habitación, adornando y dando calor a su solitaria almohada. Había perdido de vista a su hermano, que jugaba al balón más allá, tras la caseta de la Cruz Roja.
Observó un movimiento fugaz en el cercado multicolor del área infantil. No sintió miedo, ¿por qué habría de sentirlo?, cuando la mano del payaso la agarró y, con un gesto de complicidad, tiró de ella hasta la acera. Alba le siguió muy excitada, pensando que aquello formaba parte de un juego. Corrió emocionada por la arena, porque no tenía que imaginar a su muñeco, ya que un muñeco de verdad estaba jugando con ella. No se sorprendió en absoluto cuando el payaso se detuvo junto al camión de la lonja y se agachó hasta que sus cabezas estuvieron muy juntas. La niña sonreía, una preciosa sonrisa que se desvaneció cuando comprobó que aquel muñeco era un hombre.
—¿Eres un payaso de verdad?
—¿Acaso parezco un lirón o una liebre?
—No. Pareces un payaso. ¿Has visto a mi hermano?
—¿Tu hermano? Esa es una sorpresa, pero no puedo decirte más porque entonces dejaría de ser sorpresa.
Aquello parecía tener sentido.
—Entonces ¿eres su amigo?
—Mucho más que eso.
—¿Más que un amigo?
—Soy el payaso del circo y me he escapado antes de que empiece la función.
—¿De verdad?
—Pues claro, y sólo para venir a buscarte. ¿Ves ese coche de allí?
—Sí.
—Pues en realidad es una carroza disfrazada de coche. Cuando nos montemos en ella oirás los relinchos de los caballos. Porque va a llevarnos al circo.
—Yo no quiero ir al circo.
—Sí que quieres, porque allí nos esperan los monos, los elefantes y un montón de delfines.
—¿Delfines?
—Tenemos una enorme piscina para que los delfines naden y todos los niños del pueblo puedan verlos y jugar con ellos.
—Pues yo no quiero ir al circo sin mi hermano.
—¡Pero es que tu hermano ya está allí! —gritó el payaso—. Vaya, acabas de estropearme la sorpresa.
Alba se removió inquieta, porque el grito del payaso la había pillado desprevenida y la había sobresaltado.
—¿Te estás haciendo pis? —La niña no contestó—. Déjame que te ayude. Es mejor que lo hagas ahora, antes de que subas al coche.
—No —respondió la pequeña—. No me estoy haciendo pis.
Pero el payaso pareció no escucharla. Con evidente mal humor iba a bajarle el pantalón del chándal cuando vio que a sus pies se estaba formando un charquito.
—¿Ves como tenía razón? —dijo el hombre sonriendo.
Eso fue lo último que vio la pequeña: una sonrisa desprovista de calor y la gigantesca mano presionando su nariz con un pañuelo que olía muy mal. Intentó abrir la boca para gritar, pero la presión del pañuelo se lo impidió. Sabía dulce y olía tan fuerte que Alba intentó aguantar la respiración sin conseguirlo. Sentía que se ahogaba, de manera que aspiró una gran bocanada que la hizo marearse. Instantáneamente perdió el sentido. Cuando se quedó dormida, la mano del hombre estaba sobre su pecho conteniendo los atropellados latidos de su pequeño corazón. Pesaba muy poco, recostada entre sus brazos. Sin apenas esfuerzo, la introdujo en una bolsa de viaje que llevaba escondida bajo la falsa barriga del disfraz, cerró la cremallera y se la cargó al hombro. Entonces se dirigió tranquilamente hacia el Mercedes negro, que se encontraba aparcado detrás del camión. Abrió el maletero y, con mucho cuidado, depositó la bolsa en su interior.


Libro disponible en megustaleer.com

RAFAEL ESTRADA. Es un escritor y dibujante español. Empezó dibujando tiras de humor para La Codorniz y Segundamano. Como dibujante de cómics ha colaborado con Comix Internacional, Cimoc, 1984, Rambla, Zona-84, El Ecologista, Creepy, Makoki y Heavy Metal. Actualmente se dedica a la literatura y la ilustración de libros. Ha dado cursos en el CAP de Getafe y la Universidad de Oviedo e impartido clases de dibujo y pintura durante más de 10 años en los colegios Francisco Arranz y Joan Miró. Algunos de sus trabajos han sido publicados en Alemania, la antigua Yugoslavia, Francia, Italia, Grecia, Portugal, Ecuador, Venezuela, Chile, Turquía, Corea y EE. UU. Ángeles de sangre (2012), es su brillante debut en la novela negra, con el que ha resultado ganador del I Premio Megustaescribir.com.

Ilustración | Bernard Buffet 
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CULTURA DIGITAL Aykut Aydoğdu y el arte digital

Mujeres, flores y animales,  un conjunto que pudiera ser de lo más habitual, en la mente del Aykut Aydoğdu (Turquía) se convierte en escenas surrealistas llenas de provocación. Sus ilustraciones digitales consiguen que naturaleza y mujer trasmitan un seductor misterio, un juego irónico con la soledad y la tristeza que encaja perfectamente con el uso decidido que hace del color.

Aykut Aydoğdu genera imágenes que tienden a conectar el inconsciente colectivo con ese otro, el personal, el nuestro, ese yo con el que todos tenemos, una veces, la sensación de cargar, y otras, la de ser nosotros quienes cargamos sobre él; personajes que rezuman aislamiento y melancolía, que se encuentran en ese instante en que lo real y lo ficticio se unen; manejando emociones, transmitiendo delirios.

Que desprende inconformidad es evidente, que lo cotidiano le resbala también, y aún así, sus surrealistas secuencias son asumibles, incluso por mentes poco dadas a la imaginación; como si, por más que no esté conforme con la norma imperante, no pueda deshacerse del todo de ella.

Con sus herramientas digitales es capaz de imitar a la perfección la técnica manual, sus texturas de óleo lo certifican, o sus simulaciones del grafito lo atestiguan.







Si deseas conocer más del artista, puedes vistar su sitio personal

Con información de Arte a un click
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POESÍA Debussy Shostakovich Rachmaninoff | José Cháirez

El amor no se elije, te elije… un día te das cuenta
que no soportas vivir sin ella, que cuando estás con
ella  piensas que dentro de un rato ella se irá.
Julio Cortázar

Debussy     Shostakovich     Rachmaninoff
un café expreso     un piano que no deja de tocar
y hitler moviendo el rabo     en ese vaivén diario
de lamer tus pies  de correr al patio y volver
para demostrarme que no puedo tocar tus manos
besarle el día a tus caderas o provocar una marea
en la humedad de tu cobijo que aún no exploro
Hace guardia día y noche      alerta sobre tu lecho
removiendo sus patas traseras     amenazante
a los profanos que miran tu cuerpo
al cruzar el zaguán rumbo a la sala
(no sé cómo puede contener tanta ferocidad en ese pequeño cuerpo)
El rosa de tu piel ha sido tema en el café de la tarde
es un pétalo no deshojado      húmedo por el amanecer recién nacido
de tu aroma constante a moras frescas     a jugo de arándano
vertido de las nubes de mi insomnio
Vienes cinco      seis o  siete veces a esa esquina de mis  sueños
recurrentes       Eres inasible  etérea     súcubo errante
que no encuentro ni en las redes       Te llamo y no se manifiesta
tu mirada     tu aroma     ni tu sabor de labios y solo dejas ver
una marca azul en la pantalla de las utopías 
en las soledades sin tus ojos     sin la savia de tus labios
Renace cada mañana el aliento del día, vuelto mirada en tus ojos
Tu mirar recién nacido      levanta el vuelo en los insomnios de la noche
y evapora las ansias del sueño para darle rienda suelta a la tinta
Los cristales de arena de estas dunas inamovibles surcan tus plantas
y trepan cada uno de tus diez montes difíciles de escalar
esos que sostienen la existencia
de tus tobillos 
de tus caderas
de tu cuerpo
de tus labios
de mis ansias
y me impiden que en ellos deposite alguna ofrenda y vuelvo
solo para buscar dos monedas que obsequiar al barquero
y navegar los canales y las lagunas y los páramos de tu piel.


JOSÉ CHÁIREZ (Torreón, Coahuila, México). Asistió al taller literario de Saúl Rosales en el Teatro Isauro Martínez. Ha publicado en la revista Estepa del Nazas, en el fanzine del grupo Nit y en el periódico Sin Censura. Poemas suyos aparecieron en el libro colectivo Las lenguas dementes. También publicó poemas en el libro Tesgüino, editado por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. Es autor del libro de poemas Restos áridos (2013). Publica en la página de Voces buitres y otros graznidos algunos poemas traducidos a la lengua Tseltal y en español. Algunos de sus textos fueron compilados en el libro Palabras vivas, voces y cuentos indígenas en la Laguna (2015) por el Ing. Fabián García Espinoza, edición bilingüe Español y lengua Indígena, editado por la UAAAN.
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BREVIARIOS DE YAAZKAL El tiempo | Yaazkal Ruiz C.


Los días pasan y no me doy cuenta. A veces tengo la noción de ese tiempo; miro el reloj y me doy cuenta que he vivido un par de horas más, o que simplemente, es otro momento de la semana. A veces las semanas se me hacen largas, por los trabajos, por los exámenes, o porque no hago las cosas que me gustan. Otras semanas son muy cortas, como esta, se fue y no me di cuenta. Es aquí donde nacen mis preguntas ¿La aproveché como debí hacerlo? ¿Cuántas cosas buenas hice por los demás? ¿Aprendí nueva información o sólo utilicé la internet para lo banal? ¿Le dediqué amor a mi familia? Es decir, ¿di un paso adelante o me quedé estancada en el mismo sitio? Pasa el tiempo y hay un pedazo de nosotros que se va con él. Esa pérdida es irreversible.

YAAZKAL RUIZ C. Una chica del sur de México. Poco a poco revelaré más datos.

Ilustración | Matteo Berton
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POESÍA VISUAL Baraja de poesía visual contra la violencia de género


40 naipes de poesía visual contra la violencia machista + texto de Myrian Mercader + texto de Rrose Sélaby. Publicación de Boek Visual

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CULTURA DIGITAL 5 fascinantes cuentas de Instagram que combinan arte con comida | Zulma Saadoun


¿Te gusta el arte? ¿Te gusta la comida? Perfecto, estás entonces en el lugar correcto. Como bien sabemos, Instagram es una red social polifacética. Con su fuerte apoyo en la narrativa visual, puede ser el formato perfecto para aquellos que cuentan sus mejores historias gracias a las imágenes. Y claramente, es el caso de las cuentas que te vamos a mostrar a continuación.

Cuando éramos niños nos decían que, con la comida, no se juega. ¿Será que no había que hacerle caso a nuestros mayores? Porque estas cuentan demuestran que mezclar arte y comida puede dar resultados tan hermosos como apetitosos. El sitio Batanga preparó sobre el tema una deliciosa muestra. Te invitamos a conocer.

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Antologia Oficial Festival Internacional de Poesia Latinoamericana


Presentamos la antología inaugural del Festival Internacional de Poesía Latinoamericana, como un barco que atravesando el Pacifico o el Atlántico, el Suchiate o el Rio Grande/Río Bravo, encalla en nuestro puerto para compartirnos los tesoros de Latinoamérica hechos poema. Esta antología ofrece la voz unida de poetas latinoamericanos y tiene como escenario el Valle del Sur de Texas, la fluida frontera con México. Cuarenta y dos poetas seleccionados por un comité imparcial dan muestra de la poética actual, de la palabra auténtica que se entreteje para alcanzar el cielo mientras sigue germinando en la tierra, a la orilla de un cause de agua. Esta antología es también engalanada con muestras de la poesía de los poetas de Honor del Festival, invitados a ser parte de FeIPoL por su trayectoria pero sobre todo debido a su labor social, al cambio que emergió de sus palabras. Sus ímpetus y caminos nos demuestran que si no existen espacios, la voz del poeta se alzará por entre el asfalto para crearlos.

(Spanish Edition)
Paperback – August 16, 2016
Rossy Evelin Lima (Author)
Erendira Santillana (Editor) 

Libro disponible en Amazon.
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BLANCO El polvo anticipado: No Quimio de Luis Aguilar | Daniel Medina


Pocos libros consiguen, con verdadera eficacia, transmitir la universalidad de un sentimiento humano. Y es que no se trata de manipular temas sensibles y darles cabida en el molde de un poema, tampoco de “poetizar” a la ligera nuestros miedos más terribles, sino de hablar desde una pulcra construcción poética que, generosamente, logre contener por completo la emoción y honestidad del hablante y su discurso.

El poeta de No Quimio (H. Ayuntamiento de Toluca, 2015) conoce la muerte, sabe de sus movimientos y sus insinuaciones; ha conocido su punzón amargo a través de la memoria, del reconocerse en los otros que, amigos y cercanos, han tenido a la muerte demasiado próxima. Así, gracias a estas experiencias –que sí dolorosas, sí lamentables–, Luis Aguilar edifica este libro a manera de almanaque enfermo, de testimonio y nuevo saber de la finitud humana: poner los pies en la tierra y procurar verla desde arriba por un buen tiempo.

El primer apartado, que da nombre al volumen, parte del misterio y lo sombrío; una enfermedad aparece de forma inesperada en la rutina de un hombre y va poblando la red léxica de los poemas: Y sin embargo, / de pronto, / es necesario deletrear / condrosarcoma / periostio, angiografía.
 
Y es que lo maravilloso de estos primeros poemas es su continuo movimiento y gran poder a la hora de establecer la comunión enfermedad-texto, es decir, su acertadísima forma de, como literatura, apoderarse de una realidad humana para adaptarla a la medida exacta de una página. En este primer conjunto, que funge como una especie de introducción a estas puertas de apariencia intacta, Aguilar nos muestra lo difícil que es no sólo enfrentar la muerte sino la titánica tarea de detectarla y, posteriormente, aceptarla. Un dictamen médico lo cambia todo, dice con la voz del desahuciado. Un par de poemas después recorre la no aceptación del cáncer –bautizando la universalidad que representa la enfermedad en este libro– y, para concluir, hay un extraordinario poema que recurre a la alteridad, al accionar de los otros para aceptar la muerte: unos compran postales / en un país que no conocen / y a otros, / dentro, / en silencio / nos va creciendo / la muerte.
 
Para la segunda parte, Prerrogativas terminales, se delinea la siguiente estación que habremos de andar junto al hablante lírico: la del reconocimiento del mundo sobrante y su encaramiento. En estos poemas, sí prerrogativas, hay un cambio de actitud ante la existencia, un cambio producido por la cercanía del final del camino. Con una actitud más conmovedora, más nostálgica con la que consigue crear la empatía del lector, la voz poética arroja una serie de comentarios finales en torno a su vida; da lugar, pieza por pieza, a sus fragmentos sobrantes y, además, se sirve del verso para dar un último vistazo del amor, la memoria y los sueños. Forja un testamento y se hiere, mira por la ventana de un autobús y se reconoce en los ojos de un infante. Y el arrepentimiento sigue, la sed de más vida y, mejor aún, ese dolor que nos dice que es culpa nuestra, que no vivimos cuando era nuestro turno: Para ser héroe hace falta dejar / más que un nombre / y ya no tengo tiempo / lo malgasté.

En este segundo apartado, el hablante está mucho más cercano a la contemplación y la reflexión que a los lamentos; se detiene y hace un listado de lo que ha ocurrido con su vida y procesa, finalmente, el final del túnel.

Cuídese mucho, el tercer apartado, aborda la viabilidad de un suicidio. Más allá de una discusión sobre el suicida, Aguilar toma de éste su perfil de buscador, porque el suicida es feliz a su manera y es que, al concluir este apartado, lo creemos, compartimos esta certeza. Nos habla desde el nosotros los muertos, y justo es esta parte en que se revela una nueva propuesta: la dignidad del enfermo. El poeta no escribe el suicidio sino la vida, el correcto vivir en ciertas circunstancias: la eutanasia no es otra cosa que esa pequeña luz al final del túnel, al final de terribles tratamientos que, más que dar una esperanza, provocan ganas de rendirse.

Hay que destacar un guiño a la obra poética de Luis Rosales, quien en cierto verso sentencia: todo será divino al perder la memoria. Y suponiendo que No Quimio se construye a partir de la memoria vivida, este verso de Rosales cobra un sentido terrible. Y valga la interpretación.

El libro cierra con un brevísimo poema en el apartado Dicen que esto es así, texto que, a manera de conclusión total del sufrimiento, nos dice que, efectivamente, el futuro es un lugar con el que no contamos.

Luis Aguilar confirma el por qué es considerado uno de los poetas más relevantes de nuestra poesía reciente, y esa confirmación, amigos, hay que celebrarla.


DANIEL MEDINA (Mérida, Yucatán, 1996) es autor de Mímesis para gusanos (2015) y Casa de las flores (2016). Poemas suyos forman parte de la antología Karst. Escritores de la península yucateca en 2016, compilada por Adán Echeverría y Mario Pineda; así como en diversos medios digitales e impresos como Blanco Móvil, La Gualdra (Suplemento cultural de La Jornada Zacatecas) y Parteaguas. Recibió el Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014 y una Mención de Honor en el Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía 2015. Escribe en el blog Ensayo primitivo.
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POESÍA Diminutos centelleos del alba | Diego Salazar Vieira


JORNADAS PERPETUAS

La suerte cambia de manos constantemente
por ello imagino caleidoscopios y corsarios
en el cenit de tu contemplación;
hormigas en la sangre que presagian
la niebla colmada
en una estratagema pulcra y venérea
donde lidio con tu mezquina efigie
en las aristas límpidas de las aguas.
Los cuerpos extraviados
nunca han sido razón para ofrendar tu mano
«a todos nos va a devorar esta tierra ya herida» decías
cada vez que sucedía (¡pero nunca sucedía!)
y te enmascarabas de noche
al ver prosperar los diminutos centelleos del alba
avistando que se repetirán los días y el goce y el roce
y que la ciudad no mudará de piel.


FIESTA (Gloomy Sunday)

las calles colmadas de vello púbico
los restaurantes vacíos o atiborrados
la ciudad –como el cielo– muestra su lado más sepulcral
cuando no hay ojo que lo vigile
pues en cada esquina se abre un cuerpo
he oído que abrir un cuerpo es evaluar al mundo
y que esta fatua fiesta nunca será estática
precisamente porque nos contiene[1]

PESO
(o de la tentación de san Antonio, Salvador Dalí)
 
al Señor Fantasma

la máscara trabaja sólo con aquéllos que la niegan
                            los desiertos no mienten
por eso no existe nada desnudo en este mundo
porque avanza el sentido a través del simulacro de las últimas llamas que llamamos lluvia
porque un deseo es más magno que otro
y ángeles veneran la muerte de los hijos y a las piedras las llaman flores
de un cráneo que muchas veces ha comprendido la sangre errada
                                 contradicción física de la materia
donde siempre su propia condición y lugar dan lugar a la tentación
que llega atemporal al hombre que siempre llevamos en la huella
y el remordimiento siempre injusto renegando de los deleites
de ojos en pechos suspendidos en pedestales y obeliscos saturnales
que el animal en su pureza arruina
gratuito mirador del ojo del desierto sostén la imagen del flagelo:
            los animales por ser puros jamás serán el hombre

HIPNOSIS (Kevin Sloan)

¿Cómo se supone que el elefante
va a saber que la casa de cartas
soportará su peso
                      si nunca
                            lo ha intentado?
 

DIEGO SALAZAR VIEIRA (1994). Poeta y narrador. Cofundador del colectivo Saxofón cvbico. Participó del taller de poesía organizado por Mecánica Giratoria y dictado por Roy Sigüenza. Diversos de sus textos han aparecido en revistas y portales electrónicos tanto nacionales como del extranjero.

Ilustración | Pinterest


[1] Laura Casielles Hernández dixit.
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CUENTO Bernardo Gómez | Juan Carlos García Rodríguez


–Le llamó el señor Bernardo Gómez, que por favor le devuelva su vida.
Fue lo que me dijo la secretaria cuando regresé a la oficina después de comer con mi familia. Sus palabras tenían ese tono de las secretarias tan impersonal y desapegado que lo mismo podrían decir que se canceló una cita o que tienes una enfermedad incurable y te quedan apenas unos días de vida. Lo dijo como si no se diera cuenta de lo que significaba el mensaje, como si únicamente lo repitiera y no hubiese reflexionado ni siquiera un poco. Tal vez sea una señal de respeto, una forma en que las secretarías te dicen que no quieren meterse en tu vida y que no les importa, que sólo hacen un trabajo.

Pero sus palabras, con todo y su tono, quedaron resonando en mi cabeza durante varios minutos mientras dejaba el maletín, me quitaba el saco y tomaba asiento, con las manos me sobaba la cabeza. Qué significaba aquello, cómo debía responder a algo así, era incomprensible, no tenía ningún sentido. Pero de alguna manera, para mí, y sólo para mí, resultaba natural.

No era que yo lo esperara, quién puede esperar algo como eso, es más, no era que entendiera lo que ocurría, pues no sabía qué demonios estaba pasando. Sin embargo, muy en el fondo, dentro de mi alma, parecía cobrar un significado que yo aún no alcanzaba a comprender pero me daba cuenta que era así, que tenía que ser así.


Eran cerca de las 6 de la tarde, había comido con mi esposa y mis tres hijos, hubo sopa de habas, yo había tenido antojo por varios días y esa tarde mi mujer la preparó para darme gusto, no era del agrado de mis hijos, lo cierto es que a mí tampoco me gustaba de niño. Pero no hubo quejas, la comieron igual, no era cosa como para iniciar un pleito. En realidad teníamos una buena relación, a pesar de que mi hija Andrea, de 17 años, ya no hacía lo que queríamos y ni siquiera lo que esperábamos, Luis y Héctor, de 15 y 12, prácticamente unos adolescentes, pues el menor había tenido que crecer aprisa para estar a la par, eran terriblemente odiosos. Pero no peleábamos más de la cuenta, incluso platicaba muchas veces con Rebeca, mi esposa, que habíamos tenido suerte, la vida fluía suavemente y sin prisas.

En la comida platicamos de cosas sin importancia, Andrea saldría nuevamente con sus amigos y llegaría tarde, era martes pero ya no le reconveníamos, esperando que la etapa pasara rápidamente y fuera responsable, también salió a colación la clase de fútbol americano que tomaban los niños y que había que comprar más equipo. Yo estuve callado, sólo escuchaba y sonreía, mi mujer era quien hablaba con ellos y, ahora que lo pienso después del mensaje, me pregunto si para todos será igual, creo que para mí siempre ha sido así: he visto pasar la vida, disfrutándola, claro, pero más que nada sólo observando, contemplando y sonriendo. No sé si serán todas las personas así, o habrá por lo menos algunos que no participen, para quienes es mejor sentir, sólo sentir las cosas que uno tiene. Trato de pensar qué tanto me inmiscuyo en los asuntos de mi propia vida, si alguna vez busque algo o simplemente fui dejando que llegara y aceptando lo que era para mí (eso es un decir). Por supuesto que hablo con mis hijos, como todos, creo, pero no sé si bastante, o si acaso siempre fuera como hoy, yo mirando mientras ellos reían y hacían bromas, mi esposa les hacía preguntas y ellos respondían, a veces se escabullían o de plano la ignoraban para no tener que contestar, yo sólo los observaba y me parecía que el tiempo pasaba lento, suavemente, como caricia, mi vida envolviéndome como seda.
Me mantenía sereno, mi mente divagaba: al parecer, fue lo que pensé, he estado viviendo la vida de alguien más. Desconocía como sucedió, cómo podría haber sucedido, ¿era posible?

Me gusta la ciencia ficción, es un gusto que tengo, me emociono con películas y novelas, aunque es una afición que mantengo casi en secreto. Veo las películas con mi familia, en casa o en el cine, pero nunca les he demostrado mi fascinación. Ni a mi esposa ni a mis hijos les he contado jamás el temor creciente mientras veía Matrix o cuando leí a Isaac Asimov. Incluso El vengador del futuro me hacía sentir una inquietud y desazón tremenda, casi incontrolable. La posibilidad de que nuestra vida sea mentira o un sueño, o qué sé yo, tantas posibilidades, me provocan miedo y atracción, el vértigo va creciendo pero no puedo dejar de ver o leer. Sufro y gozo en silencio.

Precisamente en estos días estoy leyendo una novela, el personaje principal es un maestro de historia en lo que se supone es un futuro cercano, Nick Thadeus, lo que yo creo es un pretexto que el autor aprovecha para contarnos cómo es que Apple y Samsung terminaron con el mundo como lo conocemos y provocaron un nuevo orden mundial. El globo dividido entre iphones y galaxys colapsa cuando ambas empresas emiten su moneda cibernética. Pero bueno, esa no es la historia principal. Este maestro comienza a sospechar que hay algo raro en su esposa y se le mete la idea de que ella es un robot. Lo que desata sus recelos son algunos comportamientos de ella. Por ejemplo, un día, cuando él llega, ella está lavando los trastes, él la llama por su nombre, Natalie, Nat, pero ella no responde, él sigue llamándola y ella está como ida, pasan varios minutos hasta que ella reacciona y le contesta como si nada pasara. En otra ocasión, mientras platican, ella se suelta a llorar repentinamente después de que él hace un comentario banal. Esas cosas le meten la idea de que su mujer es un robot, cuando al poco tiempo ella desaparece, comienza la búsqueda y persecución, comenzando por la clínica de fertilidad a la que asisten cada mes. A la mitad de la novela, el protagonista descubre que en realidad el robot es él y ella era la última mujer en la tierra. Lo que pasaba es que no comprendía su humanidad.

No sé, no puedo explicar por qué no compartí esta fascinación con alguien, con mi esposa por ejemplo, pero es que a veces la siento tan lejana, como si fuese una extraña, tanto que en ocasiones ni siquiera sé de qué hablar con ella o cómo acercarme, o con mi hijo el mayor, pudiera ser, podría haber sido, creo que también le gustan, tal vez no le provocarán lo que a mí, pero al menos hubiera tenido alguien con quién platicar, pero ahora ya no será.

Me gusta la ciencia ficción, pero es algo irreal, ¿no?, esas cosas no pasan ¿verdad?, es imposible que algo así suceda, no es de esperar que un día llegue uno a la oficina y la secretaria le diga, tan sería, tan amable y tan ajena: "le habló el señor Bernardo Gómez, que por favor le devuelva su vida". Bueno, y quién demonios es el tal Bernardo Gómez que se cree que puede un día cualquiera reclamar la vida de alguien. Yo la he vivido, ¿no?

¿Cómo será? ¿Se parecerá a mí?, ¿Será como verme en un espejo, los mismos ojos vagabundos y errantes, hundidos en la profundidad de quién sabe qué?, ¿con la barba siempre a medias porque la rasurada resulta inservible? O quizás será alguien completamente distinto, tal vez más delgado, con anteojos y mirada avispada, el cabello ondulante. Y cómo será el asunto, cómo puedo devolverle lo que dice que es su vida, ¿será que deba yo morir?, o simplemente quedaré por ahí vagando sin una vida propia, sin esposa y sin hijos, sin una comida caliente en casa y sin secretaria con mensajes tontos.

¿Qué debo hacer? No dejo un número para hablarle y no quiso hacerlo, mi secretaria debió haberle preguntado, es eficiente y tuvo que hacerlo y aquel no quiso, así que tendrá que llamar nuevamente o tal vez llegue de improviso a la oficina. Quizá aparezca como una sombra en mi puerta. De verdad no se qué hacer, no sé qué debo hacer. Y mi familia (¿es mía?) cómo tomará las cosas, se quedarán viviendo con un extraño o se darán cuenta que no soy yo, que es un tipo desconocido quien les habla y ríe con ellos, les pregunta de sus cosas y del partido y de sus amigos. Me pregunto si algún día tendrán por lo menos alguna sospecha, si lo verán a los ojos y les parecerá que no hay ahí lo que había antes. No lo sé. Quisiera creer que será así al menos pero no lo sé. No sé qué pasará mañana cuando llegue a la oficina, si estará esperando ya sentado en la antesala, aguardando mi llegada.

No, nadie se espera algo así, estas cosas no pasan, me digo. Me lo he dicho desde que la secretaria me dio el mensaje, le di vueltas al tema, pensé que tal vez podría ser una broma, una absurda broma, que Bernardo Gómez no existe, nunca existió y jamás me buscará y en unos meses, incluso en unos días, no me preocupara el asunto, vaya, ni siquiera me dará risa porque no lo recordaré.

Trato de pensar, de recordar, si hubo algún aviso, como en la novela que estoy leyendo, alguna manera de adivinar que esta vida no era mía y he repasado todo, mi niñez en una ciudad lejana que todavía parecía un pueblo, donde los niños salíamos a jugar todas las tardes y en grupos rondábamos la colonia, por calles, callejones, terrenos baldíos llenos de maleza y basura, desagües que formaban arroyos y a veces entraban por túneles gigantescos, pesados cilindros de concreto que atravesábamos sin miedo, ahora ya no se ven niños en las tardes, apenas unos cuantos y sólo cuando están acompañados de sus padres; también evoco a mis padres, las tardes con ellos, los regaños y las Navidades, mis padres que vienen una vez al año y a los que visitamos otra. Me percato, o eso creo, que mis recuerdos son extraños, de verdad no se sí son ciertos o son inventados y puestos en mi memoria, veo el día que los Reyes Magos me trajeron una bicicleta y no se sí en realidad pasó así, tal vez sea cierto lo de la bicicleta, pero la ropa que tengo puesta en el recuerdo, la que tienen mis padres y mi hermano, ¿de verdad era así o yo se las puse después?, detalles que quizá mi cerebro inventó para llenar recuerdos, quizá la misma imagen la confeccionó mi mente a partir de un recuerdo que ya no tengo, y si fuera así, por qué carajos no hubiera podido inventar lo de la bicicleta y tantas otras cosas. Algunas imágenes son como fotografías viejas y amarillentas, otros son como vídeos antiguos con basura al proyectarse, y en todos la luz es tenue, no hay días soleados, siempre tienen una luz de atardecer, ese momento en que las cosas no tienen los bordes definidos, ¿así son los recuerdos de todos o sólo los míos?, que por cierto al parecer no son míos o son de una vida que no me pertenecía, ¿cómo sé que esa imagen no es de alguna película que mi mente uso para inventar mis recuerdos?


La vida ha pasado tan rápido, es decir, no parecía rápida cuando pasaba, pero ahora parece que todo fue de prisa, tanto que no tuve tiempo de nada, cuando quise hacer algo ya no era tiempo, conocí a mi mujer y me casé, claro, el día de mi boda fue emocionante, la espera, los familiares y amigos todos contentos y abrazándome, pero paso rápido, creo, fue hace tanto o ahora me parece más lejano, y así con todo, los hijos vinieron casi automáticamente, pero creo que no me di cuenta. Cuando quise enseñarles a leer ya sabían y estaban en primaria, cuando quise contarles cuentos ya ellos inventaban los suyos, cuando quise llevarlos a explorar al campo o al bosque, ellos ya tenían sus aventuras con sus amigos, cuando quería enseñarles a nadar ya llevaban clases de deportes, cuando quise abrazarlos ya no tenían miedo a la oscuridad, todo pasó tan rápido y yo siempre iba atrás, ¿será así para todos o sólo para mí?

Les digo, no es que no disfrutara mi vida, al contrario, pero creo que hay algo extraño, tal vez sí hubo avisos que no quise ver. Ahora que lo pienso, hay algo que me ocurre seguido, no recuerdo sus nombres, es decir, sí lo hago, sé como se llaman, pero en ocasiones, cuando quiero decirles algo de botepronto, se me va el nombre, sólo es un segundo o menos en que me siento perdido. Y creo que no debe ser así. He visto sus rostros desde que nacieron, he mirado como han ido cambiando pero son los mismos, y el nombre es algo que va junto ¿no? Es decir, uno ve una cara y el nombre viene a la boca automáticamente y sin esfuerzo. Así es con las personas, y la familia, a la que uno ha visto por años, día tras día, tan cerca y sin falta, no debería haber alguna duda al ver sus rostros. No sé si a todos les ocurre o sólo a mí que vivo la vida de alguien más. Pero ahora ya no tiene caso. Pronto aparecerá Bernardo Gómez y tendré que devolverle su vida, ésta que he vivido tantos años sin que fuera mía, le devolveré sus cosas, su familia y tal vez también sus recuerdos, yo no sé cómo tendrá que ocurrir, pero él vendrá y sabrá, sí, él debe saber.

A veces me llegan imágenes, lejanas pero tibias. Qué curioso, hay veces que hasta me parece recordar la suave felicidad del día que nacieron mis hijos.


JUAN CARLOS GARCÍA RODRÍGUEZ nació en Oaxaca de Juárez en 1977. Es maestro en Literatura Mexicana por la Universidad Veracruzana. Ha publicado artículos, ensayos y cuentos. Participó en obras de teatro como actor y director; entre los años 1992 y 1996 formó parte del grupo de teatro Javi Ñu Ndabi, premiado por la Unesco. Ha sido ganador de varios concursos de cuento y fue becario del Instituto Veracruzano de la Cultura en la categoría de jóvenes creadores. Cuenta con un diplomado en periodismo por el Tecnológico de Monterrey. Ha diseñado y editado varios libros. Es autor de Manual de edición de periódicos editado por Conaculta y el Instituto Veracruzano de la Cultura. Formó parte del Consejo de Redacción del suplemento cultural Performance. Trabaja en Diario AZ, que se distribuye en el estado de Veracruz, en donde desde 2004 es subdirector de Redacción.

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