CUENTO El complejo de Perseo | Juan Machín

No me arrepiento de lo que antaño fui
Porque aún lo soy
Pessoa
Durante la clausura del Curso sobre Psicoanálisis, Juan Machín participó en la ceremonia protocolaria de entrega de diplomas, porque había sido coordinador del módulo sobre complejos. Cristina, la alumna más hermosa del grupo y que le encantaba a Machín, recibió de manos de Mónica, la directora académica, su constancia y estrechó la mano a todo el presidium, excepto a Juan, por una distracción, dejándole con la mano extendida.
     Durante el brindis, Machín se acercó a reclamarle a Cristina, quien siempre le había atraído y se encontraba platicando con Aurora y Beatriz. Toda apenada, no dejaba de disculparse y negar que tuviera alguna razón para omitirle. “El inconsciente actúa y tiene razones que la razón desconoce”, dijo Machín parafraseando a Pascal, en plan de molestarla y para seguir el coqueteo con ella…
     Mientras platicaban, al terminar la celebración, Beatriz propuso continuar la charla, los cuatro, en un bar cercano. Salieron caminando a tomarse unas cervezas (Cristina insistía que fueran caguamas), al centro de Coyoacán. El local que habían sugerido estaba clausurado, así que terminaron en el Parnaso, y Juan les platicó que ahí se le había declarado a la protagonista de su cuento “Felina”.
     Después de conversar un par de horas, comenzó una ronda de nuevas cervezas y confesiones, donde cada uno declaró cuál consideraba su principal defecto. Beatriz admitió que era metiche; Aurora, sarcástica, y Cristina, morbosa. Juan reveló que era cleptómano. Ante la incredulidad de las presentes, les narró de su hurto de fósiles en la universidad y la sustracción de unos libros que mostraban claramente un letrero que rezaba: “Display only”, durante una conferencia binacional, para posteriormente descubrir, espantado, que había cámaras por todos lados.
     —Tuve más suerte— reconoció Machín— que Rafael Quintero, el subdirector de avanzada de la Presidencia, quien fue grabado por las cámaras ocultas del servicio secreto norteamericano cuando robaba celulares en la cumbre de líderes de la Alianza para la Seguridad.
     No muy convencida de que ese fuera su principal defecto, Cristina le recordó a Juan que él comentó que había inventado el complejo de Perseo a partir de su experiencia personal. Aurora no había asistido a esa clase, así que Juan le explicó que el complejo de Perseo se basaba en el mito griego del hijo de Zeus y Dánae, y estaba emparentado con el complejo mesiánico, que lleva al individuo a creerse salvador del mundo. Cuenta el mito, continuó Juan, que cuando Perseo regresaba de matar a Medusa, encontró desnuda y encadenada a una roca a la hermosa Andrómeda, princesa hija de Cefeo y Casiopea, para que fuera devorada por un feroz dragón. Perseo, enamorado de Andrómeda, mató al ser monstruoso. Así, el complejo de Perseo consiste en querer salvar a las doncellas en peligro de sucumbir en las fauces de seres malvados, enamorándose en el proceso.
     Sin embargo, concluyó Machín, es cierto que yo inventé ese complejo con base en mi propia experiencia pero, debo reconocer, que mi principal defecto es que acostumbro tomar lo que deseo, movido por un simple impulso, inclusive si no lo necesito. Riendo, les recordó una frase que repetía con frecuencia en clases: “caras vemos, inconscientes no sabemos”.
     Después de una noche mágica. Cada quien tomó su camino, Cristina y Juan, se dirigieron al metro juntos. Mientras caminaban, Machín le tomó la mano a Cristina y continuó su labor de seducción todo el trayecto. Al despedirse, Juan le dio un beso en la mejilla, muy cerca de la boca, casi rozando sus labios, diciéndole al oído: - ¡Adiós, mi dulce Andrómeda!
     —¡Adiós, mi Perseo!— exclamó coqueta Cristina mientras se alejaba lentamente…
     —¿Perseo? ¿Cuál Perseo? ¡Si Yo soy el dragón!— pensó Juan, sin dejar de mirar fijamente la deliciosa figura de Cristina, mientras se sonreía maliciosamente y soltaba una larga bocanada de humo. Las negras volutas se elevaron formando un fractal de Heighway, dispersándose lánguidamente en el aire de la noche…


JUAN MACHÍN. Nació en la ciudad de México en 1961 y desde hace muchos años vive anfibio entre las ciudades de México y Cuernavaca. Ha publicado diversos ensayos, trabajos de investigación, cuentos y poemas en libros y revistas de México y de Alemania, Argentina, Canadá, Colombia, Costa Rica, España, Estados Unidos, Panamá y Uruguay, así como fotografías, dibujos y pinturas. Ha ganado algunos reconocimientos como el 3º lugar en el Concurso de Cuento Nacional de Humor Negro en 1997; mención honorífica de 2º lugar en el Premio Nacional Efraín Huerta (categoría de cuento) en 1998 y el Premio Estatal de Literatura Morelos 2002 en el género de cuento. Conoce su página personal.

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