ESCAFANDRA La memoria de los vivos, esperanza de los desaparecidos | Blanca Vázquez


Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
Jorge Luis Borges
“Uno imagina cada noche que puede volver, escuchar su pasos, su risa, su voz pidiéndome agua… uno quiere que regrese, que le cuente de sus sueños, de lo que quiere ser de grande… uno quiere pensar que está con vida, que quiere volver, que pronto nos verá…uno quiere tanto y en ese tanto se nos está escapando la vida”.

Vivimos apresurados, pendientes de seguir existiendo, preocupados por el alza de precios, cansados de escuchar tanto y tantas veces que México se ha convertido en una gran fosa, que somos ciudadanos privados de derechos, custodiados noche y día por fuerzas públicas que en lugar de inspirar confianza nos han  convertido en una sociedad temerosa de todo y de nada. Vemos sin ver, escuchamos sin escuchar; parece que no sentimos y sólo sabemos de números, 43, 31, 240, 39… números y números que han dejado atrás los rostros, las personas, las historias de vida que no podrán narrarnos. ¿En qué momento nos hemos descubierto ante una realidad tan cruda que no queremos tomarla en cuenta? ¿Cuándo nuestra memoria hizo un velo para dejar de sorprenderse?

“Debajo de su cama quedaron sus huaraches con los que iba a la milpa, esa tarde salió a jugar a la cancha y ya no regresó. Los otros chamacos dicen que de una camioneta se bajaron unos más grandes que ellos y se lo jalaron a la fuerza. Yo lo sigo esperando”.

Los seres humanos tenemos derecho a la memoria; José Saramago[1] comentaba que Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir. Sin embargo, parece que no queremos darnos cuenta o lo hacemos, pero el Estado a generado un miedo constante con el ánimo de paralizar no sólo acciones, sino también a los recuerdos. Es la familia de los desaparecidos, de los violentados quienes se han levantado a buscar, a hurgar en la tierra, a clamar por aquello que no pidieron y que están padeciendo. El miedo como estrategia del Estado ha buscado desencantar a la protesta y sin embargo, seguimos viendo madres y padres que no han cesado. ¿Cuándo nosotros nos posicionaremos? ¿Esperaremos a que a alguno de nuestros seres que amamos no lleguen? Pensemos que es la memoria lo que les mantiene vivos, la que les permite conformar una lucha diaria. Ellos configuran una memoria individual pero al mismo tiempo nos otorgan una memoria colectiva, una construcción identitaria que lucha contra la represión porque ella trae olvidos, silencios y destrucciones.

Cierro los ojos para ver más hondo
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo: la memoria.
Ángel González[2]

El arte ha sido fundamental para poder perpetuar la memoria, aún cuando ésta genere un dolor insoportable, porque ayuda a continuar la memoria, a informar (aunque éste no sea su fin inmediato) a procurar que el olvido no inunde las humanidades, porque si eso sucede, esos cuerpos desaparecidos, esos cuerpos violentados, esos cuerpos arrancados de la vida no tendrán esperanza; y es la esperanza lo que no ha vuelto estéril la lucha, la búsqueda de aquellos a quienes les han robado su voz, a quienes les han desaparecido.

Para leer: 
José Saramago. Las pequeñas memoria. (2007). México: Alfaguara.
* Sergio Aguayo. De Tlatelolco a Ayotzinapa. (2016). México: Ediciones Proceso.  
Jesús Bartolo Bello López. No es el viento el que disfrazado viene. (2004) México:
   Centro Toluqueño.
* Leonardo Sciascia. Para una memoria futura. (2013).  México: Tusquets.

Recomendamos que escuchen:
*Pedro Guerra y Ángel GonzálezLa palabra en el Aire.

Itasavi1@hotmail.com
________

[1] José Saramago es un fuerte referente de la literatura, pero sobretodo de la memoria. Poeta, novelista,  periodista y dramaturgo portugués; merecedor del Premio Nobel de Literatura. Autor de Caín, El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres entre algunos de sus títulos.
[2] Ángel González Muñiz formó parte de la Generación del 50. Fue un poeta español que encontró en la palabra la herramienta de mostrar el dolor y la solidaridad de la humanidad.

Imagen | Douglas Coupland

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