POESÍA El flamboyán de la memoria | David Anuar González Vázquez


al maestro
Joaquín Bestard

No me arrebates, viento,
las palabras;
aún mi voz florece.
Deja que el corazón madure
y luego
dáselo a los pájaros.
Ramón Iván Suárez Caamal


Joaquín
ave en pos de la sequía
te deshaces en plumas
               recorriendo el cielo
en canora voz de tinta

nube que resuena
                               címbalo que retiñe
en la pira de las primaveras
en el fuego de las ramas
desciendes
una vez más
para incendiar
nuestra memoria

II

Tu sonrisa tiembla
          como las cerezas a punto de caer
grávido de memoria
          se desgaja el tamarindo de tus labios
en esta tierra blanca
          sacbé de letras germinado
incendiada vaina
flamboyán de minúsculas historias
resuena tu quijada de plumas
hilando sonidos dispersos por el viento
en esta nuestra misma herida

III

Flama por las flores
rebelión contra el olvido
en el casco principal
alguien levanta una orla de incienso

copal vejado
se amotina en el bajareque
el humo nos invade
como rumor de vientos malos
como resplandor siniestro
flor de flamboyán
incendio

IV

Nos alimentamos de ti
Joaquín
tuvimos que asesinarte
para robar éstas tus palabras
y no obstante
se deshacen como caireles
de árboles invisibles

enredaderas de jade
cubren tus huesos
de símbolos extraños

Nos alimentamos de ti
Joaquín
como pájaros sedientos
devoramos
el néctar
la flor de mayo
el flamboyán
el agua flamígera
de
            tus
             letras

Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra. Antología poética
La selección del material poético presentado en este libro estuvo a cargo de Ingrid Valencia, Esther M. García y Nadia Contreras. La convocatoria Los árboles arrancan su cuerpo de la sombra fue promovida por la revista Bitácora de vuelos y convocó a poetas en habla española. La convocatoria circuló en redes sociales en los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2015. El título retoma un verso de Efraín Bartolomé, contenido en su libro Música solar, 1984.

Libro disponible para leer en línea o descargar AQUÍ

DAVID ANUAR GONZÁLEZ VÁZQUEZ (Cancún, Q. Roo, 1989). Licenciado en Literatura Latinoamericana por la UADY. Estudiante de la Maestría en Español en la ENSY. Becario del PECDA en 2012 por el Estado de Quintana Roo y en 2015 por el Estado de Yucatán. Ganador del Concurso de Cuento Corto “Juan de la Cabada” (2011). Autor de la plaquette de poesía Erogramas (Catarsis Literaria-El Drenaje, 2011); del libro Cuatro Ensayos sobre Poesía Hispanoamericana (CONACULTA - Ayuntamiento de Mérida - Libros en Red, 2014); y de los libros de poemas Bitácora del tiempo que transcurre (CONACULTA-Ayuntamiento de Mérida, 2015) y Memoria de Gabuch (en edición, Letramar).

Leer más

CUENTO Cuatro historias breves | Varios autores


LA VIDA Y LA MUERTE
María de los Ángeles Alcántar

La Muerte se sentó en su trono: un macabro asiento hecho de huesos y calaveras. Mirando a su reino, se sonrió. Aunque su trabajo era triste y lleno de lágrimas, le gustaba lo que hacía. Le daba lástima cuando las personas morían tan jóvenes. Las muertes de niñas y niños le causaban melancolía. Era su esposa la Vida quien le sacaba sonrisas. Entre todas las sombras y malas obras, un rayito de luz alumbraba el lugar. Era ella. Hace años, ellos eran enemigos, se odiaban más que la oscuridad odia a la luz. No se podían ver ni en pintura. Eso cambió cuando los dioses ya no pudieron aguantar más sus bromas tontas. Ellos le dieron la vida a un huérfano, la Vida se enamoró del infante. A la Muerte le dieron un trabajo, vigilar al niño, que algún día sería un malvado tirano. A los diez años, la Muerte fue a cobrar la vida del niño, triste porque se tenía que ir tan joven. Allí se encontró a la Vida, jugando con el niño, disfrazada de mujer. Era bella, algo que la Muerte no había notado. La Vida estaba tan distraída con el niño que no vio a la Muerte. Cuando se dio cuenta que estaba a su lado, le volteó la mirada. La Muerte miró la situación. El niño tenía que morir y ella lo mantenía vivo. Con cualquier roce de la piel, le fortalecía la salud y le aumentaba el tiempo de vida. El reloj que flotaba al lado del niño, el que contaba lo que le quedaba de vida, ya estaba por decir cero, pero en ese momento ella lo abrazó, dándole cinco minutos más. La Vida lo miró, tenía lágrimas en sus ojos y, en ese instante, la Muerte no tuvo la valentía de verla a los ojos. Tocó el hombro del niño y lo vio caer al suelo. Los dos lloraron. Él, porque ella lloraba, y ella por la muerte del niño. Se dieron cuenta de lo difícil que eran sus trabajos; se siguieron viendo, sólo como amigos. Después de tiempo, en sus manos, aparecieron anillos. Al fin, eran la Vida y la Muerte.

LA HORMIGA SUBATÓMICA 
Jorge Jaramillo Villarruel

Una pequeña y laboriosa hormiga, violando los protocolos de seguridad más avanzados, logró colarse en el Gran Colisionador de Hadrones. Los científicos a cargo del proyecto, a través del vocero oficial, informaron que no existía ningún riesgo de que la hormiga hubiera liberado un hoyo negro. Lo que olvidaron explicar fue que la pobre criatura, al ser irradiada por rayos cósmicos artificiales, había dejado de existir en el tiempo y ahora sólo existía en el espacio. Era visible a simple vista pero, para todo propósito, inmortal. Además, desde el incidente se alimentaba exclusivamente de las partículas subatómicas, de las que obtenía la energía casi inagotable requerida para existir a nivel cuántico. Aunque la hormiga no experimentaba el transcurso del tiempo, el resto del universo sí, y con el paso de los días, el pequeño insecto terminaría por comerse hasta el último quark, neutrino y bosón.

LABIOS MOJADOS

Daniel Bernal Moreno

Tanto tiempo la deseé que no podía creer que estuviera desnuda frente a mí. Tiene el pelo empapado y la mirada ausente. ¿Puede alguien envejecer tan rápido? Sus labios están mojados, las yemas de las manos arrugadas. Era tan bella y su rostro hoy lucía inflamado. Mantuvo esa expresión de horror mientras la ahogaba.

GAME OVER

Cástulo Aceves Orozco

Había jugado toda la tarde. La noche entera. Se da cuenta de que amanece porque un rayo del sol le quema el cachete. Falta sólo un nivel para terminar el videojuego. Sus ojos duelen, sus dedos empiezan a hincharse aferrados al control de quince botones y tres palancas de mando. El séptimo ángel de la revelación hace un movimiento inesperado y ataca al protagonista en la pantalla. Pierde su última vida. Quince horas de juego ininterrumpidas para nada. Le sorprende que su madre no lo mandara a dormir. Le extraña no escuchar sonidos en la casa ni en la calle. Se levanta. Recorre todas las habitaciones, abre la puerta al exterior. Sólo cenizas, edificaciones semidestruidas y una calma que duele en sus sentidos acostumbrados a las multitudes. No queda nadie en el mundo. Vuelve a su cuarto. Toma los controles y reinicia la máquina.

Cuerpos rotos, antología virtual de minificción (Bitácora de vuelos ediciones, 2017). 
Textos que resultaron seleccionados de la convocatoria para la antología virtual que en el mes de agosto de 2016 promovió la revista Bitácora de vuelos. La selección corrió a cargo del escritor Jaime Muñoz Vargas.

Libro disponible para leer en línea o descargar en formato epub AQUÍ.

Leer más

ENSAYO Una breve definición de ficción | Gotham Writers’ Workshop


Comencemos por una pregunta sencilla: ¿qué es la ficción? En su sentido más amplio, una ficción es simplemente una historia inventada.
         El negocio de inventar historias existe desde hace mucho tiempo. En algún momento de nuestro sombrío pasado nuestros ancestros cavernícolas empezaron a imaginar historias y a contárselas unos a otros. La tradición creció y algunas de aquellas historias llegaron a ser bestsellers convirtiéndose en mitos, narraciones que se transmitieron de generación en generación, atravesaron continentes y dieron forma al pensamiento humano. En un momento dado, algunas de esas historias se empezaron a escribir para ser leídas. Hace unos cuatro mil años, un emprendedor escritor de Mesopotamia cinceló La epopeya de Gilgamesh en unas tablas de piedra, y si te acuerdas de lo difícil que era revisar un texto escrito en una máquina de escribir…
         Todo esto nos lleva a una definición más precisa de lo que es la ficción: historias inventadas que se cuentan en prosa y utilizando únicamente palabras.
         Solo palabras.
         Éste es el singular desafío y la maravilla de la ficción escrita. No hay actores ni narradores que hagan gestos o inflexiones de voz. No hay pintores ni directores que nos muestren decorados o primeros planos. Todo se hace con esos pequeños símbolos que llamamos letras que se fusionan en palabras y se multiplican para crear frases y párrafos. Por algún proceso químico, esas palabras interactúan con la imaginación del lector de tal manera que le hacen sumergirse en la realidad de la narración —como Alicia al atravesar el espejo— y, una vez allí, experimentar, sentir y preocuparse por esa realidad con la misma intensidad que lo haría por los problemas y desengaños de su propia vida.
         Para nosotros, los seres humanos, este proceso es curiosamente importante. La ficción o, lo que es lo mismo, cualquier tipo de historia, parece constituir una necesidad básica que está tan profundamente arraigada en nosotros como la de comer, tener cobijo o compañía.
         Pienso que esto se debe a dos razones. La primera es la diversión, el entretenimiento. Necesitamos divertirnos, entretenernos y las historias son muy eficaces para satisfacer ese deseo. La segunda es la búsqueda del sentido de nuestra existencia. Nuestra curiosidad, y tal vez nuestra inseguridad, nos llevan a explorar de manera constante el quién, el qué, el dónde, el cuándo y el porqué de nuestra existencia. Algunos llaman a esta elevada meta la búsqueda de la verdad.
         Una buena obra de ficción satisfará una o ambas necesidades de manera brillante y con una tecnología milagrosamente simple. En realidad, lo único que la ficción necesita son algunas palabras que interactúen con la imaginación del lector, una combinación que para muchas personas produce la forma de contar más potente que existe, por no decir, también, la más portátil.

Escribir ficción 
Guía práctica de la famosa escuela de escritores de Nueva York
Gotham Writers' Workshop
Colección: Guías del escritor
Traducción: Jessica L. Lockhart
Encuadernación: Rústica
ISBN: 97884-84287810
Páginas: 416
Fecha de publicación: 2012
Adquirir libro: Alba Editorial

Leer más

POESÍA Crepúsculo cómplice y discreto | Juan Marcelino Ruiz

  
MERECIMIENTOS


Merecemos un poco más que esto
a lo que por la razón y la costumbre
hemos venido llamándole existencia,
nos debemos un vino alguna tarde
alguna noche,
           no sé,
           alguna vida,

Nos hace falta
una charla partida por la lluvia,
un crepúsculo cómplice y discreto
donde soñar
con trenes cruzando la pradera,
una orquesta de estrellas y de gatos
titilando en el limbo de tus ojos.

DISTANCIA

Ya no estabas ahí,
         y en tu lugar
         se levantaba un muro de distancias,

y donde antes
flotara tu risa cantarina
se abría un capullo de silencios.

Entonces
            ya no éramos nosotros.

SALUD Y ADIÓS


Si llevamos el alma ya vacía
¿qué nos pueda costar vaciar la copa?
No te molestes
en apagar la luz cuando te marches
yo ya estoy muerto.




JUAN MARCELINO RUIZ. Nace en Cd. Juárez en 1963 y radica en Cd. Cuauhtémoc desde hace más de 25 años, donde se desempeña como profesor en una escuela de educación primaria. Ha pertenecido a diferentes talleres literarios, cursó un Diplomado en Creación Literaria. Ha publicado cuento y poesía en diversas revistas y diarios del norte y centro del país. Es autor de los libros: Derrepentes (1998), poesía, UACH; Quinteto para un Pretérito (2000), poesía, ICHICULT; Del Aleph a Guernica (2010) cuento, Ficticia Editorial; El Hormiguero (2012), novela, Doble Hélice; Delitos Menores (2014), varia invención, Abaleo Ediciones, entre otros. 

Imagen | Google 

Leer más

POESÍA Las flores del camellón soleado | José Cháirez


TU PIEL EN BRAILLE

Quiero atravesar el laberinto de tus labios
y vencer al minotauro que es el tiempo
contra el reloj de las ansias de amarte
de libar en cada poro de tu piel
el agua bendita que emana de tus días
untados en la sabia de esta noche.
Porque eres la mañana que camina
entre las flores del camellón soleado
a punto de parir a las ocho de la mañana
de un día tibio de septiembre.
Deja deletrear el pergamino en Braille
que llevas en tu piel, recorrer el abecedario
impreso entre tus poros
con los pulpejos del deseo y el trote de mis labios.
Deja  detenerme sobre tu ónfalo de porcelana
cáliz de tus caderas y beber de él,
la sabia dulce de la tinta impresa en tu piel.
Oh cáliz de tu vientre, dermis mortuoria
esparce  sobre mi faz  la marea contenida
entre los sollozos  y los gemidos de la noche
para arrebatarle al dios  Eros alguna migaja
de lo que lleva entre las manos
de eso, llamado amor.

ATRIO ROJO DE TUS LABIOS

I

Son tus labios el atrio rojo de un atardecer en el campo
Cenzontle de las 400 voces, utiliza alguna de ellas
y acaricia el oído suave de musita, ojos claros
                                                para un overbendig vespertino
El viento le mece los cabellos a la noche
escucha un canto, arrebola el velo en tu cabeza,
y cae sobre los hombros tiernos y su espalda.
No dudes del viento cuando grita por tu ausencia
y lleva entre sus garras el aroma de tu piel
instilado entre las flores de una mañana recién nacida
                                                                                        a tus pies.

II

El desdén en tu andar es una hecatombe
inasible     perpetua en mis sentidos
El ocaso del día   ilumina tus labios con ese rojo carmesí
y deambula el atardecer hacia el invierno ya anunciado
Sobre el viento va corriendo tu mirada    (no se hacia qué lugar)
pergeñando los sonidos entre las dunas cafés claras
granos de arena recién alumbradas
en el mapa de tu piel
en el atrio de la estación donde dejaste
                                 mi tuyocardio fragmentado

III

Se acicala el pelo la mañana
                                               con su luz,
alumbra la sonrisa recién nacida entre tus labios
                                                                                   y tú
con la mirada en el horizonte, divisas el rocío que cae
entre las hojas de este valle inundado de tu aroma y baña
al viento que me trae la esencia evaporada de tu piel
murmullo de la madrugada, siroco en el desierto
que aúlla tu ausencia
que grita en silencio por tus labios.

AMO TU OMBLIGO

Amo tu ombligo, oasis en el desierto de la piel
ojo de agua para calmar la sed de mis ansias
timbre vivo de tu pubis, déjame lamerte y abrir la llave
del manantial que tienes entre las caderas
para que viertas en mis labios la miel de tu entrepierna,
sabia dulce y tibia que me da el sabor de tu esencia de mujer.
Déjame abrevar entre las raíces de tu piel
y saciar la sed en la piel 
en el vaivén de tus caderas
en el venir de los días


JOSÉ CHÁIREZ (Torreón, Coahuila, México). Asistió al taller literario de Saúl Rosales en el Teatro Isauro Martínez. Ha publicado en la revista Estepa del Nazas, en el fanzine del grupo Nit y en el periódico Sin Censura. Poemas suyos aparecieron en el libro colectivo Las lenguas dementes. También publicó poemas en el libro Tesgüino, editado por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. Es autor del libro de poemas Restos áridos (2013). Publica en la página de Voces buitres y otros graznidos algunos poemas traducidos a la lengua Tseltal y en español. Algunos de sus textos fueron compilados en el libro Palabras vivas, voces y cuentos indígenas en la Laguna (2015) por el Ing. Fabián García Espinoza, edición bilingüe Español y lengua Indígena, editado por la UAAAN.

Imagen | Google

Leer más

CULTURA DIGITAL Proyecto Humo sólido, cuando ya todo esté prohibido


Humo Sólido es un singular proyecto encabezado por los poetas Mario Guzmán Pérez y Daniel Olivares Viniegra y un creciente grupo de colaboradores (Cristian Galicia, Jesús Garrido Gatica, Roberto López Moreno, David H. Rambo, Ulises Zamora, Uriel Reyes, Carlos Yusti, Mónica Martz/ // Yuri Valecillo, Beatriz González Lezama, Chay Martínez, Érick Marváz, Rogelio Cruz, Ana Karen Jiménez, Bruno Bresani).
         Se caracteriza por combinar una propuesta visual (fotográfica) de algún modo sugerente o impactante y por divulgar poesía propositiva que encaje con el lema “cuando ya todo esté prohibido”, todo ello con un tiraje “masivo” de 5 mil ejemplares de distribución gratuita.


Se presenta en todo tipo de foros lo mismo alternativos que arrabaleros o bien en escuelas, recintos, espacios o foros culturales de gran calado, donde los integrantes del colectivo con toda formalidad (o no) critican-comentan el contenido de cada número.
         La incesante labor de distribución, principalmente por parte de cada poeta, que igualmente la lleva a todo tipo de lecturas, encuentros y festivales nacionales o internacionales, se ve complementada con la publicación de notas periodísticas, crónicas o ensayos en diferentes medios periodísticos tradicionales o virtuales donde incluso se concede la replicación del número (dada su naturaleza pródiga y divulgativa). Asimismo adquieren creciente presencia en medios como televisión y radio.
         Aunque tiene su sede en la ciudad de México, su presencia física ha alcanzado geografías remotas entre las que podemos citar los estados de Hidalgo, Tlaxcala, Estado de México, Michoacán, Guerrero, Jalisco, Monterrey, Sinaloa, Veracruz, Tamaulipas… e inclusive en rinconcitos de Venezuela, Estados Unidos, Colombia, Guatemala, Perú, Colombia, Argentina, España… Si bien su maleable e infinito nicho de distribución mundial se concentra, a la vez que se dispara, mediante sus páginas de Facebook (Humo Sólido Sólido Humo) y asimismo en la plataforma ISSUU.
         Como publicación llega ya a su número 10. Se ha propuesto como meta de su primera época alcanzar 12 ediciones, y replantear al término de ello su futuro, luego de una magna exposición en la que se exhiba el recuento del trabajo textual y fotográfico que es su corazón y sustento. No obstante, pase lo que pase, se editará además una antología con más trabajos de los participantes.

Información proporcionada por Daniel Olivares Viniegra 

Leer más

CUENTO Un jam session con Louis Armstrong | Gerardo Ugalde


A los momentos antes de morir

Reunidos alrededor del abuelo, contemplaban cómo agonizaba sin dolor, sonriéndoles a los hijos, a los nietos, a las nueras. Desde hace tres meses que la cordura había huido de él. Ya no hablaba, comía poco; parecía que deseaba morir. Lo que su familia desconocía era que el abuelo, un virtuoso pianista, logró contemplar la locura de frente. En ese preciso momento, una fuerza inaudita poseía su cuerpo. No era un débil anciano, se encontraba en sus ya lejanos veinte años, tocando el piano en una taberna; el ambiente era alegre y el abuelo obligaba a los parroquianos a mover las piernas y las cabezas con aquellas notas que les aseguro, no eran de este mundo.
         Además de risas y  gritos, podía escucharse el sonido del francés flotando en el aire. El abuelo jamás estuvo en Francia, sin embargo, los hombres bebían vino tinto acompañándose con baguettes.
Y las mujeres olían a mujer. Todos se calentaban con el sonido del piano, lo que le agradaba al hombre que lo manipulaba. Era la felicidad de la gente lo que impulsaba a sus dedos, apareciendo melodías sin ningún orden construyendo ritmos a partir de una carcajada; si se le ocurría una balada, había quien improvisara una hermosa canción de amor. Ahí estaba Dios.
         Cuando la noche, transformándose pacientemente en día, obligó a la gente a huir del lugar, el pianista disfrutaba de un vaso de leche. Sin duda el cansancio reinaba en su cuerpo, pero la promesa de reposa acompañado por una francesita menudita de cabello negro y ojos de estrella, mantenía su alma despierta. Esperaba saboreando el cuerpo de la mujer, ella en quince minutos terminaría sus quehaceres. Aguantando el deseo, el viejo regresó al piano. Contempló las teclas, tan sólo al verlas escuchaba música. De sus entrañas un tarareo emergía con la fuerza de diez mil bombas. Otra vez la taberna brillaba: felicidad, excitación, alegría, suspenso y emoción; el abuelo gozaba el sonido en él.
Sin darse cuenta, tres hombres lo observaban, sonriendo; porque para ellos erar raro ver a un hombre como el abuelo, sentir la música con tal euforia. Negros estos hombres, bromeaban sin mal intención. De entre ellos un cuarto apareció divinamente:
         —Chico ¿Te gustaría tocar con nosotros?
         El abuelo, rojo de la vergüenza, no distinguía que la voz que le hablaba era el gran Satchmo. El trío sacaba sus instrumentos, preparándose a recibir órdenes de su líder.
         —Siéntate al piano hombre blanco, enséñanos el estilo de Paris -aquella voz, única en la historia de la humanidad, coloreó más las mejillas del abuelo. Comprendió de inmediato de quien se trataba.
         —Soy de Estados Unidos -respondió casi ahogándose.
         —Mejor viejo ¿Conoces Moon River? —dijo el contrabajista.
         —¡Claro que sí!
         Picaban las notas del piano, la guitarra soltaba su ligero susurro, la batería uniéndose con alegría invitaba al bajo a danzar sin afectar el compás de la pintura. Louis cantaba con esa belleza que sólo pocos logran comprender. Por todo Paris la música podía ser escuchada. Los franceses comenzaron hacer el amor, pero no a realizar el acto físico, si no a traer felicidad unos a los otros. De repente la trompeta estalló, liberando el tormento de la vida hacia el viento. La fuerza de los pulmones de Armstrong dirigía la melodía directamente al corazón del abuelo. Ésta lo mataba suavemente. Recostado en su cama, sus hijos, sus nietos y sus nueras, observaban las lágrimas del abuelo; ellos lloraron con tristeza, sin comprender que ese hombre ahí tendido estaba viviendo por última vez la humanidad misma.


GERARDO UGALDE (Zapopan, Jalisco, 1989).

Imagen | Google

Leer más

POESÍA Antipoemas | Daniel Olivares Viniegra


MATACHINCHES

Ay, los críticólogos.
Ay, los académicos engolados.
Ay, lo poetas yámbicos y sus espondeos.
Yo, mero clown, sólo en resguardar me regodeo
cada día más pulgas salvas en mi petate.


(IN)GENIOS TRABAJANDO

Pronto se anunciará el Santo Oficio Poético…


HASTA LA PREGUNTA ES NECIA

¿Seré el primero en arder en leña verde?


METEORÓLOGOS RENEGADOS

Aquí sólo sabemos ver:
el hado oscuro de la luna.


PALÁBRARAS

Paseriformes
por doquier
en génera parlotean:
instituta, dicen,
o mi hombra;
me compré una vestida
y unas zapatas.

Acéptanlas juezas,
jefas, estudiantas,
subcomandantas.
De manera oblicua reniegan
a la par que languidecen
lingüistos, artistos;
y, por supuesta, los poetos.


DANIEL OLIVARES VINIEGRA (Hidalgo, México, 1961). Normalista y universitario. Ha publicado, entre otros libros, Poeta en flor..., Sartal del tiempo, Arenas y Atar(de)sol. Colabora además en diversas revistas formales o virtuales. Premio Interamericano de Poesía, Navachiste 1995. Pertenece al Comité Editorial de la revista electrónica El Comité 1973 y es coeditor del proyecto Humo Sólido.

Imagen | Google

Leer más

POESÍA Designios de la niebla (fragmento) | Gabriel Cruz Mayorga


CONTRA LA INTERPRETACIÓN

I

Como que llega un momento que la ciencia pierde su control
y reduce a cenizas los vestigios del alma
y qué hacer sino mirar a través de las palabras
y esta agua en las manos con sed
y este río de la nostalgia
atravesando el futuro
y qué hacer
mirar y mirar las ciudades que se levantan de los libros
la plaga de antihéroes que atraviesa la historia
y el sí sí sí que reafirma la vida a un ladito de la muerte.

II

Antes de llegar a un lugar
todo está ahí sin nombre
y las palabras a cuestas
que pueden nombrar
no los ladrillos de la realidad
sino el vacío que existe
de una maceta a otra
mientras más allá puede
el ruido existir
de cualquier manera
aunque el deseo sea eso
una voluntad de la forma
que más que concreta
llena la mirada
de lo que podría ser.



GABRIEL CRUZ MAYORGA. (San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 1972). Autor de los libros de poemas: En el corazón del hombre (Producciones editoriales Jech, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 2003) y De espejos rotos y otros ruidos (Colección La ultima piedra, revista Tabique, Cuernavaca, Morelos, 2004). Es egresado de la SOGEM-México, D.F. 1994-96 y pasante de la licenciatura de Lingüística por la ENAH. Ha sido incluido en varias antologías de Chiapas. Ha colaborado como corrector, consejero, distribuidor, colaborador, editor de varias revistas independientes. Es fundador de la revista Incuicatl, enfocada en lingüística y poesía.

Imagen | Google 

Leer más

CUENTO El cuentista | Yobany García Medina


Llegué a su casa lo más temprano que pude, creí que la encontraría dormida. Toqué como desesperado, abrió y el rechinido de la puerta le dibujó una mueca; estaba asquerosa, pero su sonrisa resaltaba en medio del maquillaje corrido. Me invitó a pasar, me aplané en el sofá atascado de ropa interior, la quitó y la arrojó dentro de una cajonera de madera. Caminó hacia la cocina, regresó con una par de cervezas, me dio una y se sentó en la silla que estaba frente a mí. ¿Recuerdas que te llamé anoche y te dije que me dolía la cabeza? Sí, me acuerdo. Ah, pues estaba hasta la madre porque el negocio andaba flojo. Sin embargo, al fondo de la calle se veía un hombre grandísimo, se iba acercando poco a poco, paso a paso, hasta donde estaba, y ya parado frente a mí en realidad estaba chaparro: su frente apenas alcanzaba mi boca, creo que por la distancia, la luz o mi dolor de cabeza lo vi así, alto. Levantó el rostro para preguntarme el precio: era horrible. Decidí abusar y cobrarle de más para que se sintiera estafado; no tenía ganas de complacer quién sabe cuántas chingaderas. Pero aceptó. La verdad era un gran negocio, cuánto podría tardarme.
         Entramos a la habitación, me sentía nerviosa, inquieta. Comencé a desnudarme, pero él no me dejó. Se deshizo de su abrigo y de un sombrero bastante feo, entonces descubrí sus ojos: negros, profundos, hipnotizantes, hermosos, era lo único sobresaliente que tenía.
         Se acercó a mí. Despacio empecé a desabrocharme la blusa, botón a botón. Por primera vez me sentí avergonzada, nunca, ni con hombres mucho más atractivos me había sentido así. Me recostó sobre la cama, se encimó, me observó de arriba a abajo e intentó besarme. Me daba demasiado asco: preferí evitarlo. Enseguida bajó sobre mi cuerpo para quedar frente a mis tetas. Clavó sus ojos en mis pezones, me provocó un poco de lástima, imaginé que jamás había visto tan de cerca los senos de alguna mujer. Se quedó tieso. ¡Vamos!, mis tetas ya no están en su mejor momento, aun así él seguía mirando. Sus ojos parecían los de un perro muerto de hambre, pero su mirada tenía algo divino.
         Luego de un rato me sentí tan incómoda que tomé su mano y la acerqué a mis pechos. No quiso, jaló su mano con fuerza y se apartó. Miró de lejos. Después, sin yo esperarlo, se lanzó a lamerlos: ya con la lengua de fuera lo vi acercarse. Era un niño, era todos los niños. Me lamía con las ganas con las que disfrutan un helado en verano. Arrastraba su saliva desde la mitad de la lengua hasta la punta: una y otra vez.
         Dejé de sentir lástima y de pronto me vino a la cabeza una frase de esos programas seudoculturales que salen en la tele: “El gemido es la onomatopeya del alma”, no entendí nada en ese entonces, ni lo entiendo ahora, pero gemí con todas las fuerzas de ese recuerdo. Era un sonido que hacía mucho tiempo controlaba. Los clientes llegan, cogen y se largan; mi placer está en segundo o tercer plano, parecido a esas fotos donde se difuminan los objetos del fondo.
         Regresó a mis labios sin despegar su lengua de mi cuerpo. Su respiración iba secando la baba para no dejar rastro. Intentó  besarme, no quise, en serio me daba asco: el contorno de sus labios estaba lleno de barros, algunos a punto de estallar. Giré la cabeza para esquivarlo y prefirió no insistir. Se levantó, creí que se había molestado, él tenía todo el derecho de hacer conmigo lo que su morbosa cabeza pudiera maginar. No fue así, me levantó, y se arrodilló frente a mi ombligo, buscó el botón de mi pequeña falda: color negro, de piel, pegada a mi figura, hacía resaltar mis nalgas. La bajó junto con mi tanga, era la roja que tanto te gusta, la que tiene un pequeño moño en medio: arribita de mi pucha. Me acarició las nalgas, sus manos eran pequeñas, callosas y calientes, como la textura que tiene el concreto cualquier día soleado.
         Apretó mi culo con sus manos y pegó su nariz a mis pelos. Algo les murmuraba. Me excité tanto que mordí mi labio mientras lo miraba. Le calaron mis ojos y alzó la cara: me atrapó, al parecer se había dado cuenta del poder que ejercían sus ojos sobre mí. En realidad sus ojos no significaban nada, eran sólo dos siluetas arremangadas a su cara. Su mirada en cambio combinaba con todo, con el cuarto huérfano de silencios, con mi mirada rota e incluso con mis ojos sin dueño.
         Me tendió sobre la cama. Caminó hacia la cabecera. Arrebató una almohada y se acercó al lado derecho. Agarró mi cintura para levantarla y acomodó la almohada bajo mis nalgas. Avanzó, remojándose los labios y sobando las yemas de su mano derecha con ansia,  hasta quedar frente a mis pies. Se arrodilló, flexionó mis piernas para formar una “M”. Amasaba mis muslos, llegó a mis labios y los abrió, humedeció su dedo gordo para después meterlo hasta el fondo. Lo movía en círculos dentro de mí, sentía la aspereza de su pulgar y lo caliente de su yema. Lo sacó después de un rato y se lo llevó a la boca.
         Se quedó quieto con el dedo en la boca, mirando mi culo humedecido. Yo estaba tan caliente que bajé mi mano para masturbarme; apenas alcancé a tocar mis pelos cuando empujó mi mano con fuerza. No lo volví a intentar. Continuó viéndome largo tiempo de la misma forma, de pronto inclinó su cuerpo y comenzó a besar mis pies, despacio, como tratando de atrapar el sabor; lo persiguió hasta llegar a mis muslos, se detuvo, los exploró besándolos, oliéndolos, mordiéndolos; sus dientes se enterraban en mi carne, se sentía tan rico. Apreté las sábanas, me remojé la boca y pasé mis dedos por encima de mis labios. Llegó a mi clítoris y lo succionó con la delicadeza de un fumador.
         Se acercó a mi vagina, ahora con su enorme nariz aguileña: sentí cómo intentó penetrarme. La punta de su nariz rozaba mi clítoris, subía y bajaba la cabeza para acariciarlo. El vaho caía despacio en mi culo. Respiraba hondo, empujando con sus pulmones el aire, imitando el movimiento que hace cualquier verga. Después, recargó sus manos en mis rodillas, las empujó hacia mí para que se abriera mi culo. Entonces dejó caer toda su cara, lamía, mordía, restregaba la boca en mis jugos y de vez en cuando tomaba mi clítoris entre sus dientes y terminaba chupándolo con suavidad. Entre los gemidos que  salían de mí, alcancé a escuchar su bramido: un breve sonido que retumbaba en las paredes de mi vagina y se rendía en mi clítoris.
         Apartó mis labios con los pulgares, sosteniéndolos con delicadeza. Otra vez buscó mi clítoris, estaba erecto, lleno con toda mi sangre, y empezó con un movimiento sin forma pero continuó, alternado con pequeñas pausas. Reconocía esas secuencias: escribía.
         Se frenó, tomó aire y chupó  la humedad de todo mi culo, se apartó un poco y pasó su lengua por toda su boca. Con el brazo se limpió los labios y de nuevo acercó su lengua a mi clítoris, lo succión y lo contuvo entre los dientes, presionó un poco y fue aumentando la mordida, con las mismas ganas con que se comprime un mal escrito.
         Se detuvo, comenzó a lamer, pero sus trazos eran más marcados. Sentí su saliva remarcando una extendida Z. Sé que lo hizo a propósito para terminar de manera inusual lo que había empezado; siguió con la Y, la X, W, V, U. Se detuvo, alzó la cabeza para mirarme pero yo sólo veía una pesada neblida que rodeaba al cuarto.
         Agitó la lengua pesdacito y continuó: T, S, R, Q P, O, N, M, L, tomó un respiro, estiré las piernas y las recargué en sus hombros: sentí el filo de su barba mal cortada. Tomé la punta de la almohada que estaba debajo de mi cabeza, la mastiqué: mis gemidos se ahogaban en la tela. La cara me picaba, como cuando se duerme alguna parte del cuerpo. Grité, gemí sin remordimiento. Fue tan estruendoso, tan liberador, tan natural.
         Tomó aire, seguía lamiéndose los labios cada que se apartaba, al parecer le encantaba el lubricante de mi culo. Siguió: K, J, I, H, G, F.  Me temblaban las piernas, sin querer se contraían mis nalgas, los dedos de mis pies se encogía. Tomé su cabello y traté de llevar su boca a la mía: moría por besarlo. Sólo apretó la uñas sobre mis muslos y dejé de intentarlo. Bajé mis piernas y las abrí lo más que pude: E, D, C, B, cuando terminó de trazarla el eco de sus dientes se había enterrado en mi clítoris. Antes de terminar, llevó su lengua a mi ano y lo lamió: una, dos, tres veces.... Lento, caliente, siempre avanzando un poco más arriba para alcanzar mi clítoris, como si sacara la distancia entre ellos.
         Jalé una de sus manos y me llevé su dedo gordo a la boca, lo chupé como lo habría hecho con su verga. Seguía mamando todo mi culo y yo casi le arrancaba la piel del dedo con el hervor de mi lengua. Mi visión enmudecía, ya no podía oler más que el orgasmo inmediato. Los muslos se me partían y por fin se dibujó una, ¡aahhh!


YOBANY GARCÍA MEDINA (Estado de México, 5 de diciembre de 1988). Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, FES-Acatlán (UNAM). Miembro fundador del Seminario Permanente de Metaficción e Intertextualidad (FES-Acatlán). Ha publicado en diversas revistas y antologías, entre ellas: Monolito, Revista Bistró, El Humo, Penumbria, Nocturnario, Monolito, Palabrijes, Bitácora de Vuelos, Rojo Siena, Página Salmón, Revista Minificción, Revista a Buen Puerto, Antología Virtual de Minificción Mexicana, La Rabia del Axólotl, Primera Página, La otra Voz, Moria  y Destiempos n. 43, 44 y 45.

Imagen | Google

Leer más

ESCAFANDRA Si me matan | Blanca Vázquez


No hay barrera ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.
Virginia Woolf
Se revientan las redes, se levantan voces, se marcha, se exige, se expone, se comparte #SiMeMatan, se habla, se comenta, se busca que haya entendimiento por parte de la sociedad y nada. El feminicidio tiene (desafortunadamente) una diversidad de variantes, a través de él es que se puede observar la violencia exacerbada con la que mujeres convivimos todos los días; no importando ni la edad, el origen o la clase social. El patriarcado en el que las sociedades se han desarrollado marca relaciones sociales que mantienen como eje rector la dominación del hombre hacia la mujer.
         Marta Lamas ha mencionado en muchas ocasiones que una mujer es más que un cuerpo condenado por su biología, pero la falta de perspectiva de género en el sistema educativo –por ende en todas las instituciones-, orienta la dominación a un elemento de control sobre el cuerpo y la libertad de las mujeres. Las mujeres que han sido asesinadas no solo en México sino en diversos países ven estos hechos como consecuencias de un “deber ser” quebrantado por la mujeres porque rompemos el mandato que la sociedad nos ha impuesto y entonces se culpabiliza a la víctima y el Estado y los medios de comunicación vuelven irrelevante los hechos convirtiéndolos en mercadotecnia; no hay un interés por desistematizar este constante forma de injusticia hacia las mujeres.
         Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Mary Wollstonecraft, Kate Millet, Gioconda Belli, Doris Lessing, Sara Sefchovich, Bárbara Jacobs, Silvia Molina, Herta Muller, Graciela Hierro, Margaret Atwood, Marguerite Yourcenar, Marcela Serrano, Rosa Montero, Rosa Nissán, Dolores Castro, Enriqueta Ochoa, Sir Hustvedt, Nélida Piñón, Anais Nin, Almudena Grandes, Andrea Jeftanóvic, Silvia Plath, Wislawa Szymborska, Cristina Peri Rossi…tantas escritoras, mis amigas escritoras, mi editora, mis compañeras académicas, mis amigas, mis familiares mujeres… tantas mujeres que tienen una historia, que tienen una vida. Una vida que es en algunos casos mutilada por una injusta realidad en la que nos ha tocado vivir. Llevamos varias olas del Feminismo y pareciera que avanzamos un paso y retrocedemos dos.
         Terry Eagleton[1] mencionaba que la esencia de la política feminista es donde las imágenes y la experiencia escrita y dramatizada deberían adquirir especial significación. Sé que un hashtag no cambiará el estado de las cosas pero visibiliza a las mujeres que sí tenemos miedo de ser asesinadas; tenemos valentía para seguir denunciando y exigiendo paridad y equidad, no como una prebenda, sino como un derecho humano.

Para leer:

1. Feminicidio 
2. Feminicidio: Una perspectiva global 
3. Feminicidio en México 

Correo electrónico: itasavi1@hotmail.com
Facebook: Blanca Vázquez
Instagram: itasavi68
Twitter: @Blancartume

_________
[1] Eagleton, Terry. Una introducción a la Teoría Literaria. México, FCE, 1998.

Leer más

POESÍA Justificar mi efusivo comportamiento | Julio Espíritu


Me estremezco en la nube sagrada
                          en el verde oscuro
que acaricia la nieve
                                  y hace del valle
                                     un templo inalterable

me estremezco
      miro con las manos abiertas
      voy ojos adentro
                                 y nace de la calma
                                 un cielo indiferente

me estremezco
como un niño libero el llanto
                                las risas
                                el pecho

                                 y el corazón es un árbol
                                                           una hoja
                                                           una caricia dentro de la tarde                                                        

Estrujar tus huesitos en mi pecho
y sentir tu cuerpo sano
                            terso
como una fruta recién cortada
                            fresca
día
y noche
                            dulce
como un coñac servido
justo en medio de la mesa

estrujar tus huesitos
y colmarte de caricias
                 con un movimiento
                 de cuerpos
y sombras
                 girando en la sala
                 girando
como la tierra de Este a Oeste
                                sin recato al sol
y al cosmos

estrujar tus huesitos
y poblarte
                 con brusquedad inesperada
   poblarte
                 con inocencia
                 con cariño repetir el acto
                 con toda la pasión del mundo
repetirlo
y poblarte nuevamente
                 con mis dedos en cada costilla
                 con mi boca en tu oreja
y la oportunidad exacta
para justificar mi efusivo comportamiento

qué seríamos tú y yo sin el cosquilleo
                                sin la provocación
qué seríamos mujer
                               sin estas ganas
                                sin esta rebeldía para desafiar a la muerte
y prolongarnos     enteros
   prolongarnos
                 bien servidos
                     mujer
justo en medio de la mesa


Sofía mira
        ríe
        abraza con ternura
        anda por el mundo solitaria
y silenciosamente amada
                            amada
Sofía
        descalza
       juega
       habita
       crece en mi pecho que te nombra
                                              te escribe
                        mi pecho
Sofía
        inquieta
        vuelve
       vuelve a casa
       muy de madrugada
       vuelve
       cálida
Sofía
       anda por mis sueños que
                                             te nacen
constelaciones
países
                                             te nacen
mientras
        duermes
        vagas
Sofía         por el mundo


JULIO ESPÍRITU (San Sebastián del Sur, Jal. 1986). Estudió letras hispánicas en el Centro Universitario del sur. Sus textos han sido publicados en la antología “El viento y las palabras” (Renovación poética de Jalisco); en el libro colectivo “La tierra en que andamos” (Letras en resistencia); y en la Antología Auditiva LAVA. En 2015 ganó los Tradicionales Juegos Florales de Zapotlán el Grande. Actualmente es miembro del colectivo cultural Náufragos de la palabra y es voz de la banda de rock LUNDRA, con quien publicó “Cosmonautas” en septiembre de 2016.

Imagen | Google

Leer más

POESÍA La húmeda boca que habita tu entrepierna (fragmento) | Yabel René Guadarrama Rivera


LA HÚMEDA BOCA

Me desnudo
tus muslos
envuelven
mi cintura.

La húmeda boca
que habita
tu entrepierna
saliva fantasías.

Entra mi cuerpo
en tu cuerpo.

En medio
de la noche
gime el deseo.

LLUVIA

Sin ropa,
temor,
pudor
o ataduras
te observo.

La desnudez
de tu cuerpo
me atrae.

Es difícil contenerse
                  un espasmo
sacude mis sentidos.

Tiemblo, te siento.
Vienes a lo lejos
convertida en lluvia.

NOCTURNO

La noche
y el silencio
dan paso
al oficio del amor.

Aquel
en  que el recato
se disuelve.

Ese que recita
frases voluptuosas
y se adorna
con senos ondulantes
caderas taciturnas
y muslos en exilio.

¿Ah, sí tu cuerpo
y el mío se fundieran
en este instante?

SECRETOS

Desnuda
tan cerca / tan lejos.

Mis ojos
se detienen
en el centro
de tu cuerpo.

Observo
la redondez
de tu ombligo
y pienso
que existe
el círculo perfecto.

Vacilo
me estremezco
en mi surge una duda:

¿Qué húmedo secreto
esconde tu entrepierna?


YABEL RENÉ [GUADARRAMA RIVERA] (Capulhuac de Mirafuentes, México. 25 de agosto de 1968). Poeta, docente, promotor cultural y danzante tradicional. Becario del FOCAEM 2012 en su XVI Convocatoria. Autor de: Vértice del abismo, La frágil pena que se llora, Josué Mirlo, Arcillas de mi tierra, Marinas y El efímero instante, Diáspora de sueños, De la habilidad de acurrucarse y pensar en silencio. Antologador del poemario Manos que deslizan todo ─Capulhuac y la poesía femenina-. Su obra aparece en antologías editadas en México, Chile y Estados Unidos de Norteamérica. Ha participado en los eventos literarios Miércoles Itinerantes de Poesía de la Editorial Verso destierrO, en el primer y segundo Encuentro de Escritores Literalia y en el Festival Quimera de Metepec. Conduce el programa de radio "La voz de mi tierra" en Xtrema Radio Comunitaria Capulhuac.


Leer más