ACERCAMIENTOS Inventario de las cenizas (Primer capítulo) | Josué Ramírez



Ahora que aparentemente todo va hacia los territorios ilusorios del exceso, al reino del simulacro, la adulación y el espectáculo insaciable, me declaro como siempre a contracorriente. Voy contra los encantos del porvenir, los efectos especiales, las insólitas hazañas de los héroes fantásticos, su ancha y blanca catarata de desperdicios y sospechosa abundancia, porque detesto la glorificación de las armas, la explotación y el enajenamiento obtuso convertidos en una irrealidad que disocia de aquello que es imperativo. Porque de alguna forma u otra los 43 normalistas desaparecidos vienen a diario a la memoria, como una urgencia, una tripulación emergente de la historia de estos días.
     Veo las fotos de sus rostros en la superficie de un río sin corriente.
     Decir esto en un poema es hacer del poema un texto, del contexto una poética emancipada y crítica. Sin embargo, no pretendo despertar las conciencias de nuestra era hedonista, porque sé muy bien que las masas están dispuestas a la eternidad efímera, lo artificial ―esa es la medida del cuerpo y el alma de quienes prefieren no pensar, ni quién es uno mismo ni quiénes son ellos, mucho menos los otros. No. No soy un ingenuo con buena voluntad ni un poeta que maldice y nombra ríos de sangre o miles de rostros devorados por las pirañas del poder. No soy de los que creen que cambian el mundo ―ese espacio que le pertenece apenas a ellos en su diminuta impaciencia―. No creo en la poética que expía, sino en la verdad que nombra el poema. No creo en los visionarios de oropel, los adivinos, los pronosticadores ridículos y facinerosos, que son como los economistas: no asumen sus falacias, se justifican, se ríen entre ellos, bromean cuando dicen que se conocen a sí mismos, hablan de otros, claro, unos que se les parecen en su dimensión estúpida. No. Yo no soy de esos que les falta realidad y buscan en el lenguaje figurado un orden distinto al que siguen sus pasos.
     Inicié a escribir poemas hace 37 años, desde entonces las circunstancias son el filo de las horas, de las conversaciones dentro del marco de los días que me llevan a escribir poemas fechados, lugares precisos, metáforas de una realidad convertida en imágenes de un diario de construcción ciudadana, de desasosiego y esperanza. He soñado también con los ojos abiertos y he encontrado en el surrealismo esto y lo otro, la imagen de la ciudad que miro por la ventana como una sintaxis de palabras entre las hojas de los árboles en mitad del ruido. Camino sin lámpara en mitad de la noche.
     Amanece.
     El peso de la densa neblina de la realidad se instala frente al ahora precario, a nuestro comenzar sin saber por dónde comenzar los cambios.
     Muchos ignoran que Ayotzinapa significa río de calabacitas o tortuguitas.
     Muchos ignoran lo que somos: árboles inestables en un bosque umbrío.
     Pero también somos un gran río, un enorme y caudaloso río, no de sangre ni de ánimas, sino un río de padres de niños quemados, de compas desaparecidos, gente de a pie que sabemos resistir los embates de la barbarie hegemónica ―que sabemos interactuar y crear comunidades más allá del crimen.
     Cada uno de nosotros trae consigo su responsabilidad a cuestas, somos una especie que no se niega a sí misma, que no solo hace la guerra, que transforma su entorno, que nacemos en todas partes iguales y somos distintos ―bajo un cielo con sus nubes nos vamos recorriendo nuestras vidas, o las perdemos.
     Ayotzinapa no es un imaginario en el inconsciente colectivo sino una colectividad consciente del dolor de aquellos que han sufrido el dolor de las víctimas, sienten la necesidad de la venganza y el odio ―son esos a los que nosotros no podemos sino dar el abrazo del consuelo, y atesorar la defensa pacífica de no colmar sus copas con una gota más de sangre.
     El inventario de las cenizas no nos convoca al olvido, sino a la memoria.

Detalles del evento y libro de regalo AQUÍ

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Colección Pulsaciones (Ensayo). No. 1
Ediciones Bitácora de vuelos, agosto de 2015
Inventario de las cenizas © 2015 Josué Ramírez
D. R. © 2015, Bitácora de vuelosrevista electrónica de literatura

Portada: Imagen de dominio público
Registro de la propiedad intelectual: 1508094845471
Para la portada: 1508094845488

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