POESÍA La casa de los escarabajos blancos | Enna Osorio


Palabra centelleo
Hay cosas que no puedo decir como decir un relámpago,
pero las llevo dentro.
Su alboroto en mi tórax cava el fin del universo.

I

No recuerdo cuándo
mi cabeza consumió alfileres de miedo.

Cavo túneles en la hora que no sucede
mientras anidan balas de angustia.

Cerca de la cama, la silla o la escalera,
amanece mi cuerpo
pétreo.

Esto es peor que matar a mil personas
porque nadie pasa tanto tiempo en la cárcel.


II

Lo malo es despertar como residuo,
darse cuenta que
                           basta un segundo para volar.

El fruto de la nada echa raíces.

Un día
miro desde la azotea al mundo,
pasa una anciana lenta
y sólo anhelo estar en sus zapatos.


III

Aquí están las eminencias del cuerpo y el alma:

Psiquiatras democráticos anestesian la tristeza,
a los furiosos los amarran
y, aunque el terror ciña gargantas,
procuran antidepresivos en forma masiva.

Aquí cualquiera muere.


IV

Los electrochoques son el tiempo para el amor de mi vida. Cuatro sesiones por semana más que suficientes.

-Buenas noches, pequeña.
-Buenas noches, doctor.

Le entrego flores que recolecto del jardín a lo largo del día y me recuesto. Veo al hombre de blanco; sus ojos atentos a los míos.
Tiemblo para alcanzar la calma.

Al regresar, no tengo que recordar.


V

Ésta es la casa de los escarabajos blancos donde la razón flirtea con su límite y se enamora. Una mezcla temprana de anhelos e inercia estruja cualquier naturaleza. El preámbulo es la condición: cúmulo de encantos.

Con el tiempo los insectos aletargados y algo confundidos reciclamos expedientes en busca de la nueva idea. Insistimos en las evidencias que resecan nuestros cuerpos viscosos. Es un acto de supervivencia escapar para hallarnos, aunque sea dilatando la impasible soledad. Sin embargo, de tanto volver sobre el mismo goce, endurecemos por completo. Descubrimos que no hay novedad. Impulsados por este hilo de cordura y con la determinación de la tierra que debe romperse para ser montaña, algunos emprenden el vuelo desde el tercer piso por la única ventana sin protección.


VI

Los ojos
son espacio muerto.


No hay un sentimiento amoroso en este lugar.


ENNA OSORIO. Licenciada en Humanidades por la Universidad de las Américas, Puebla. Parte de su trabajo ha sido publicado en diversas revistas literarias como Cantera Verde, La Avispa (Argentina), Ciclo literario, Albedrío (UNAM), Luvina. Revista Literaria, Anomalia, revista cultural y Avispero, publicación donde pertenece también al consejo editorial. Ha participado en las antologías: Poemas para un poeta que dejó la poesía, bajo el sello editorial de El Financiero; Desde el fondo de la tierra, poetas jóvenes de Oaxaca, Editorial Praxis; Antología de Letras, Jóvenes Creadores 2011/2012, Coedición de Tierra Adentro y CONACULTA; Cartografìa de la Literatura Oaxaqueña Actual II, Editorial Almadía; Asamblea de Cantera, 25 años, Editorial Cantera Verde; Mezcalito City. Registro de poesía en Oaxaca, El Volador Ediciones, y Formas de ver el mundo, Centro de las Artes de San Agustín Etla. Becada por el FONCA en el Programa Jóvenes Creadores 2011-2012.

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