POESÍA El cadáver exquisito de un pez (Fragmento) | Raúl Renán


I

En la playa la noche
      en la noche la playa
voces de hombres suaves procaces
                        vaan y vieenen.
También el hedor pútrido de un pez arrojado
muy cerca de la quilla que habla de plash en plash.

II

La pestilente llamarada del pez muerto
me atrapa las narices y me precipita
a mi condición lunar disuelta en la arena.
Con cuánta prudencia el mar acerca su olfato
al límite de la putrefacción.
Espumas adelante adornan su orilla
invasora con joyas perentorias.
Juegan a burlar a la muerte con mentirijillas de coral:
la falda de una ola, pára la oreja al mal olor
de una carroña de plata y cristal.
Se desgrana el túmulo extendido
que multiplica la ofensa del olvido al pez
en su rango de cadáver exquisito.

VI

Hiede, apesta…
una joya de plata se pudre en la arena.
¿La arrojó el mar?
¿Puede despreciar con tanto fervor un gigante?
Él presume estas joyas vivas de sal y yodo
colmando una rama bíblica de espinas.
Fueron versos ágiles
y ahora uno está pudriendo su horror en la playa.
Conversan hombres vacuidades
como si nada apestara.
Suelen dar la espalda indiferente
a lo que trasmina la verdad.
La otra atenta espalda
con los omóplatos desplegados
huye con la verdad.

VII

Pasos adentro en el cobertizo de los certámenes
los versos saltan como peces vivos;
nadan en el viento y regresan al mar
que abraza la bahía,
como lame otras playas allende la vida.
También hay versos que se pudren
y arenas que revuelven sus letras
contagiadas con la descomposición.
Aquí las barcas de dos hombres,
ahí las grandes naves rompen volando
las ráfagas de las pestilencias de una joya muerta.

X

La multiplicación de las especies
sucede en el valle de la sal.
Se procrean las burbujas del oxígeno
y las plantaciones de peces
que tienen en los ojos los abismos.
La procesión hace el cardumen
donde cada quien continúa al otro
y todos siguen lo que hace la mano.
Surcando el laberinto,
hundiendo lo oscuro será el fin.
La danza submarina, las figuras
en formación a + b + c = dios
se dan en corredera persiguiendo su hedor…
el de atrás se quedará
podrida su belleza en la playa.

XII

Puedo decir que en esta última cansada lengua reposa la tempestad. Y en esta arenilla que me pide ocupar mi ojo derecho estuvo su poder. En esta ala quebrada del barco fantasma voló la tempestad. El viento envuelto con el capote de una voluntad furiosa, arrojó las pestilencias del templo. Desde los confines de abajo, la casa de las tempestades envió a su mensajero con un tridente clavado en la Atlántida lista para ser engullida. Enloquecidas las palmeras dieron el adiós de bienvenida a ese mal carácter y emergió la ballena de piedra con sus ruinas y las semillas de las futuras ruinas. Los vientos de cuatro pies descolgaron su ira de los tendederos y apareció en escena despejado lo que no se puede tapar con un dedo. Un bledo le importa a la humedad que el portador del horno que trata como un caramelo al oro, trabaje las 24 horas del día, sábados y domingos. Dormidos los niños traviesos pesadillan horrores “bajo la tibia incubación de la tormenta”.

(2006)

Poemas tomados de Como fue el presagio. Antología personal de Raúl Renán. 
México : FCE,. 2012. 205 p. 


RAÚL RENÁN (Mérida, Yucatán, 1928 - Ciudad de México, 14 de junio de 2017). Poeta, narrador, editor y catedrático. Estudió Letras Hispánicas y Arte Dramático en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado libros de poesía, cuento, novela y ensayo: Lámparas oscuras (1976), Catulinarias y Sáficas (1981), Gramática fantástica (1983), Pan de tribulaciones (1984), Viajero en sí mismo  (1991), Los silencios de Homero (1998), La sagrada familia Sabines (1999), El río de los años (2005), Rostros de ese reino (2007), entre otros. Fue fundador y director de la editorial La Máquina Eléctrica, además de que un reconocimiento en su ciudad natal, Mérida, lleva su nombre: Premio Nacional de Poesía Experimental “Raúl Renán”.

Imagen | Diario de Yucatán

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